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El Retorno del Espanto

By Miguel Santos on Lunes, 8 de Marzo del 2010

La Generación del Atardecer Presenta: El Retorno del Espanto, fragmento final del relato, Tras la Huella del Innombrable Apego. En los recónditos espacios de la polis y la psique transitan y se deslizan manifestaciones etéreas que de sobre manera neutralizamos para el sano funcionamiento de nuestra ilusoria compostura.

- Maten al mensajero -

(Teatro Magnolia; Midtown, Calih) Ilustración por Esteban Mercado.

“And forget all about, pressure of days
Do what I say and I’ll make you okay
Drive them away, the images stuck in your head.
People you’ve been before,
That you don’t want around anymore
That push and shove and won’t bend to your will,
I’ll keep them still.”

- Madeleine Peyroux, Between the Bars

Andaba por Paleo Square, durante la noche, inquiriendo de mendigos en el área, pero esa línea narrativa se probó no trabajable. Mediante mis informantes de lengua fina, un grupo seguía resurgiendo, me decían que un grupo llamado los Fantasmas de Its Est tenían un centro de operaciones en algún paraje de la vasta ciudadela, que potencialmente contaban con la cooperación de otros conjuntos delictivos, entre mi libreta circule al escabroso Chia Express. Mas tarde día ingerí cuantiosas onzas de honesto alcaloide, pocillos del cafetín Don Tulips localizado en la antigua plaza comunal de Chia Express, por eso de remontarme, establecerme como una terrible caja parlanchina y acechar por horas a los demonios que se mueven sin ser detectados en la carretera, en los espacios recónditos de la misma urbe. Entrevisté a decenas de interlocutores chocarreros, yo con inminencia y sin identificación, solo una negociadora de culpa y castigo divino. Por lo tanto la hyper-actividad en estas condiciones me cultiva, me deja similarcita. Los momentos de ocio y soledad no me los permito. El ocio debe estar acompañado y la soledad borracha. Pero que nunca se te ocurra tal travesía hacia adentro. Te volverías consciente de demasiado. Por lo tanto soy hyper-activa para no reflexionar. El mundo semántico, el que importa, está constituido de tal manera que las palabras se confunden con la realidad; claro, cuando estas se dan cuenta que son la misma. Las palabras de lo que era y lo continuamente es constituyen todo y nada al ser tratadas como calcomanías,  como perros fervientes que persiguen hasta el fin. Y recuerdos sabotean la eficiencia del día, el caso del Sujeto explosivo, y pierdo concentración. Ya mi cráneo pesa, mis cansados dedos, mi torso estricto, mis tetas maltrechas, si es que puedo llamar todo eso mío, ya que a veces no puedo dar cuenta de las delimitaciones del mundo concreto y me pregunto ¿hasta que punto las circunstancias y sus aparatos no fueron forjadas por etnologías y metodologías a-fuera de mi poder, de mi visión?  Por cubículos modus operandi, de cómo sentirme y como comportarme para capturar. Siento presiones en mis intuiciones, fugas de un horizonte alejado pero que baila en cada movimiento. Me tomo otro café, en alerta. Mi equipo y yo hemos allanado varios rincones del sector. Pero no encontraba nada, siempre un paso atrás. Evaporaban los contenidos de las habitaciones, como cultos fantasmas incuantificables sin nombres.

(Teatro Magnolia; Midtown, Calih) Ilustración por Esteban Mercado.

“She told me not to step on the cracks
I told her not to fuss and relax.
Well, her pretty little face stopped me in my tracks
And now she sleeps with one eye open
That’s the price she paid.”

- Florence and The Machine, Girl With One Eye

Como por interposición omnipotente se cumple la premonición. La avisté entre los leviatanes y el cielo nublado de Midtown, Sandra, con su piel blanca y pelo rojo más corto que antes, estaba haciendo fila frente al teatro Magnolia, andaba acompañada de un hombre con un traje gris. Ella reía y charlaba con su caballero mientras observaban los letreros, quizás escogiendo que obra vislumbrar. Hace aparición aquel quebrantamiento sistémico, comienza el latido estremeciéndome primero en el pecho, como un túnel a otra dimensión del Ser que abruptamente ahoga. Succionando todo, como voraz vértice, hacia el terror. Cuando ya casi salía de tal aquella terrible zona, expiación de mi pasado, me encomendé al cruzar la calle y desvanecerme. Pero justo entonces ella advirtió mi presencia, nos observamos por cuatrocientas cincuenta y siete existencias, aunque solo pasaron unos segundos. Volteamos la cara violentamente. No recuerdo quien volteo primero. La respiración se acelera. ¿Lucho o escapo? Mi método pone a función las protecciones necesarias, en el interior y el exterior. Mi potencial cognitivo se vertía sobre mis fallas anímicas para pastorar, sintetizar y oponer las verdades que mi cuerpo exhibe bajo la tutela… sudo como perra, me digo a mi misma, pero prontamente recuerdo que estas no tienen glándulas sudoríparas. Sudo más bien como una cerveza, intentando custodiar y conservar su frialdad sutilmente ante un contexto calurosamente hostil. Camine al otro lado de la calle, ocultada por un kiosco de periódicos y refrescos y algunos coches de la central. Camine  y camine, olvidando al Sujeto explosivo que logró permanecer innombrado, olvidando a los fantasmas del Ist Est que siempre germinan en su anonimato, olvidando las investigaciones, olvidándome de ella, hasta olvidándome a mi misma pero siempre disimulando eficiencia mientras alcanzaba aquella esquina, por donde acelere a todo vapor hasta el próximo bloque. Allá ella con su teatro y yo con mi acecho de apariciones espectrales a través de todo matadero moderno me dije prontamente, mientras gotas salpicaban el advenimiento de un aguacero. Entre el cemento y la sed de cerveza, que me trajo a este chinchorro para refugio y cierta reconstitución del yo mediante la reminiscencia.

(Teatro Magnolia; Midtown, Calih) Ilustración por Esteban Mercado.

“Terroristas activan cinturón bomba al ser rodeados por la policía en el barrio de Chia Express. Los radicales están vinculados con el coche bomba que cobro la vida de 5 personas en las cercanías de la comisaría de la Corporación de Electricidad Utilitaria en Calih. Dos de los insurgentes fueron abatidos a tiros por la policía, el tercero logro huir para horas más tarde quitarse la vida. El tercer miembro de la célula fue el objetivo  de una persecución que acabó unas 7 horas más tarde. Los agentes le buscaban por todos los edificios hasta lograr acorralarlo. Finalmente el sospechoso simuló entregarse a las autoridades, pero quién sabe si por miedo o por convicción, al final activó el explosivo y saltó por los aires, matando a dos policías e hiriendo 15 personas.”

- Periódico El Desvelado

Tras la huella del innombrable apego

By Miguel Santos on Lunes, 1 de Marzo del 2010

En esta entrada de la Generación del Atardecer Presenta:, Miguel Santos explora los señuelos afectivos del vivir cotidiano y las violentas apariciones de lo in-visible que delata y revienta nuestro orden racional.

- Soñando con esa fisonomía de nuevo, de nuevo -

(Centro mercantil de la ciudad Nermalense de Calih) Ilustración por Esteban Mercado.

Siempre se disuelve la espuma de la cerveza, sea en el paladar, en los labios o como residuo en las paredes del vaso. Espuma nostálgicamente atrapada en el clamor de aquella estructura que la moldeaba antes de ser consumida por algún apetito voraz. Memorias de labios y risas con ese otro ser que deseé. Pero en definitiva, este vaso será uno de los muchos bretes en agobiarse, esta cerveza unas onzas entre océanos de maltosa fermentada que me he tendido que beber y beber para deslizarme y para sobrevivir. Y como se licuan los espíritus de la condená ciudad, esa cuestión de cuestionar el contenedor, sea aluminio, sea concreto, sea el cristal, o mi vejiga, porque cada baba de cerveza le sigue las pistas a alguna esencia sub-natural. Acechando los suburbios, las aldeas y uno que otro sospechoso usual. Que entre encerronas de espejos, entre recipiente con destellos o silencios de las muchedumbres. O quizá como todo cuerpo derretido pero contenido, yo solamente hostigo, hago mi parte en algún teatro de nadie, en búsqueda abierta de alguna fuerza no nombrada, una fibra que une y destruye, que lanza a un infinito goce embriagante, que por ciertas conjeturas micro-físicas se nos hace imposible de sobar con todos mis miembros. Acorralaré a estos monstruos en todos los cuartos, pasadizos y cloacas, o entre mis neuronas, memorias y descomunales afectos compactos, sofisticados y en definitiva artificiales. No he dormido en 15 horas y tengo demasiado en que pensar como para largarme al sueño, enfrentando dolores y ansias en muchos escenarios de mi subsistencia violenta y mercantil. Ya se tejían trucos entre mis encías y lóbulos a las largas horas de esta noche, solo esperaban a que mi percepción las explicara. Hace una hora un informante me envío coordenadas y fotografías solicitadas. Ordene una redada en 10 bloques adyacentes. Estuve tan cerca. Esto solo consigue controlar los daños del circuito cardinal.

“Cinder and smoke,
the snake in the basement found the juniper shade,
the farmhouse is burning down.
Give me your hand and take what you will tonight,
I’ll give it as fast and high as the flame will rise,
Cinder and smoke.”

- Iron and Wine, Cinder And Smoke

Mi día comenzó de madrugada, huyéndole a espectros en mi cama y enseguida me largué a procurar a los fantasmas pertinentes a este plano, el caso del Sujeto explosivo. Un individuo se exploto hace 8 días a las horas de la madrugada, en la Avenida Pendular en Lomas Perenne, adicional al peón portador de la bomba, nadie mas resulto herido, solo se desmoronó la fachada de unos edificios. Encontramos trozos de carne, hueso y ropa a grandes distancias del lugar de la detonación. No quedó nada del artefacto explosivo ni de alguna pista que nos permitiera establecer la identidad de la persona que se reventó como confeti. El estallido de una bomba, sea del origen que sea, deja un rastro que revela algo escondido, difícil de divisar. El equipo de Forense de explosivos analizó y peino el perímetro alrededor del lugar de la zona cero, y por suerte encontraron residuos de los químicos que alcanzaron reventar. Asimismo lograron recuperar, aislar e identificar ese coctel bombástico para recrear la situación en modelos. Pero no me sirven muchos este tipo de modelos si no sé con quien estábamos lidiando. Encontramos lo que creemos es la billetera del susodicho,  a más de 150 pies de la explosión, repleta de restantes químicos en el piso de la plazoleta junto a la solemne fuente de Libertalia. Estaba algo achicharrada, pero en buenas condiciones. Lo que prometía revelar todos los enigmas. Un nombre un apellido termino brindándome frutos inconclusos. En el interior de la billetera no había ninguna identificación, solo tarjetas de presentación de negocios, templos, hospitales, bibliotecas, laboratorios. Una de las tarjetas, de la Corporación de Electricidad Utilitaria, tenía un nombre en la parte de atrás escrito en bolígrafo negro, Mauricio Delavre. Unas 13 horas después de eso, estalló un coche bomba en el centro mercantil de la ciudad Nermalense de Calih. Me confirmaron que la explosión, causo 5 muertes, 20 heridos y considerables daños materiales. El vehículo, había sido admitido como robado unas horas antes, era un taxi repleto de explosivos, según cámaras de seguridad fue puesto a la medianoche en pleno corazón de ciudadela Calih. Entre los muertos estaba el Sr. Delavre, empresario, y su hija de 7 años.

(Investigadora especial en Bombas) Ilustración por Esteban Mercado.

“…La gran Cédula, expone la metodología del exegesis, el orador deriva su poder de significado de estas cuatro Fuentes: Aquel que habla, la forma de lo que se habla, al que se le quiere hablar, y el propósito del discurso […] Por ejemplo si el discurso es en la forma de de un comando o una prohibición, necesitara del orador y su autoridad, del mismo modo con su posición. Consideremos el comandante que grita frenéticamente ‘Marchemos hacia delante’. Estas palabras representan cohesión, solo si los destinatarios del ordenamiento están sujetos a la disciplina y domesticación del gran orador, a la plasticina que se les inyecta para programar su respuesta. Es una relación lo que entendemos y buscamos; o más abarcador aún, una inmersión total que viabiliza los contextos de la programación semántica.”

- Biblia de lo In-nombrable

Llevo casi una semana escaneando los cuartos, objetos, rostros y sujetos para entablar una narrativa, crear una comunidad de hechos y no-hechos, de líneas que recreen el crimen una y otra vez en mi cabeza. Solo son asunciones eficientes pero quiero la Verdad. Estuve tres horas encontrándome con los usuales infiltrados que tenemos através de organizaciones y rincones fructíferos de nebulosidades. Chia Express fue el denominador común, además del buen Mauricio. El Chia Express es una casona de casonas en la boca del barrio de Tetuan, en esta edificación abandonada, de alrededor de siete millas, residen decenas de miles de personas de diferentes comunidades de los de abajo, agrupaciones de sapientes humanos y no-humanos. Armónicas rotas y alucinantes verborreaban desde numerosas tuberías y artefactos una neblina de  toxinas justas y necesarias. Una dinámica de lenguas aborda el tramo, risas, necesidades y encojonamientos. Fósforos y cigarrillos; peste y sazón. Y la lluvia siempre manteniendo el pavimento y mi frente fresca. El trabajo;  el corazón de las bestias de piedra. El caso se complica como buena enredadera, fiel al sinsabor del sinsabor. Necesito un rastro que seguir, un nombre que no consigo, porque las apariciones son cautelosas, no solo ocultándose, sino ofreciendo todo espécimen de señuelos que tu mente racional no puede aguantarse de correlacionar convincentemente al infinito. Como relámpago, un aroma detiene en seco todo proceso de pensamiento. Una fragancia juguetona y maravillosa hurgaba mi agarre con el tiempo y el espacio en estas calles húmedas y opacas. Ella solía usar esos olores sintéticos, aceites con cenizas en sus brazos, rodillas, batatas, abdomen; confecciones que traían consigo mensajes de ultratumba. Busque en mis alrededores pero no pude detectar el origen del estimulo, la fuente de donde emanaba tan familiar memoria olfativa. Su nombre era Sandra, ella solía ser mi clavo, arraigándome a estas coordenadas de conciencia, mi deliciosa amada. Nuestros cuerpos se acoplaban casi instantáneamente casi por providencia y así yo me recomponía olfateándola. La sombra, mi selección de signos me delata como siempre, ¿la sombra por qué?… ahora no nos aguantamos ni a distancia, solo apatía activa y crujiente. Del símbolo originario apátheia, la supuesta falta de sentimiento, que velozmente cubre aquello que no es pertinente, aquello que da gozo con la actuación, el performance de lo que reconozco y de lo que excluyo del yo. Alguna fuerza entre los cuerpos nos ataba, alguna valentía. Y que me sirve esto sin confidencias y sin esposa. Bajo este estado en el que me encuentro, solamente el trabajo frío ofrece su piedad para mantenerme eficiente. Sola desfilo y rindo mis fallas a las dinámicas invisibles del gran Logo de las Ciudades. Líneas, cuadrados y círculos donde el orden de las palabras es externo en todo caminar.

Continuara…

En esta entrada de La Generación del Atardecer Presenta:, Daniel Pommers nos trae la segunda parte de esta historia.

Ilustración por Marcos Pechio

Historia continuada: Parte segunda y final

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“La vida impasible y argumentativa de la Gata Raparrigga”

Cuando la gata raparrigga llegó a casa la encontramos a un lado de la puerta. Inmediatamente la tomé en los brazos y me percaté que del pelaje y de las patitas se impartía una deliciosa y peculiar fragancia. Olía rico. Este felino bastardo encandiló con su dulzura nuestra familia. Mi padre al verle quedó encantado, mi abuela hasta llegó a testificar que, “un angelito había llegado a nuestro hogar”; inclusive, mi madre convocó una reunión-cena con familiares y particulares para mostrar al último miembro de la familia. Le recibimos y aceptamos majestuosamente y era claro que la gata mostraba genuinos signos de gratitud hacia nosotros. En infinitas ocasiones solía acurrucarse en nuestro cuerpo: en el cuerpo de todos.
Mi madre, al tener la vocación por sangre y por cultura de trapecista, además de haber viajado por gran parte del globo –emigró desde el sur de Italia hacía Pekin y luego hasta llegar a Francia- gran parte de su niñez se la pasó transitando de un lugar a otro. Encausó sus esfuerzos pedagógicos y de encantamiento para administrarle una estupenda dosis de malabarismos a la gatita. Por lo que, desde muy temprana edad, la gata aprendió a caminar por la cuerda floja y a balancearse en un trapecio que, desde tiempos inmemorables, pertenecía a la familia.
Cuando mis padres se iban a la granja –dos veces en semana- la gatita los acompañaba en su pasadía. Esas peregrinaciones hacia los confines de la ciudad, provocaban en mí, más angustia que regocijo. El por qué es sencillo: La poca estabilidad política para esos tiempos –tiempos aquí narrados- tiempos de mi temprana adolescencia, eran sumamente ambiguos; y, sin caer en rectificaciones o enredos narrativos, el hecho que ahora entiendo (en mi adultez) era que, Francia, estaba desenfundando lentamente dos malabarismos acciónales y de partidos de vida: Resistencia y Resignación. En este caso, ambas, aunque contrarias, transmitían un maleficio salvaje que resquebrajaba –cada vez con mayor intensidad- provocando mayores estragos: estragos en mí.

El firmamento como bastión de trances ilícitos

Cuando niña, entendía que mis padres se aventuraban dos veces en semana hacía los arboles y hacia un maravilloso mundo lejos de la ciudad. Durante mi infancia y adolescencia entendía que en nuestro hogar, se congregaban amistades en la oficina de mi padre para disfrutar de la música y de la tertulia parisina – con volúmenes melodiosos de discos, con tonos hermosos pero altísimos y siempre –sin falta- el trajín de papeleos y de botellas chocándose en brindis de dulzura y de amistad. La niñez fue entrañable.
Cuando comprendí la adultez, comprendí la realidad. No tardé mucho en hostigarme hacía la madurez. Así que sacudida ya esa alfombra de la fantasía, olvidé la majadería y con ella, la tranquilidad.
Mi madre era la conexión más importante para los grupos clandestinos de resistencia parisina. Tenía la encomienda de suministrar el equipo de armamento (bombas primordialmente) a los sujetos pertinentes, en los momentos pertinentes. La lucha era por la libertad y en contra de las fuerzas de ocupación alemana en el país. Entonces, en vez de convertirme en una agarrotada más –así como nuestro París- seguí la tradición familiar y tomé postura: ¡Y fue colosal la postura que tomé!
- Me conocen en los círculos clandestinos nada más y nada menos como “el cuco”, “el pájaro”, “el nido del cuco”.
- Pero ¿es posible? (jadeando gravemente y preocupado) Usted es…
- Correcto. –le muestra al soldado una xerocopia, el soldado se niega a mirar. Queda restringido a sus pensamientos. No pestañea. No duda un segundo en permanecer tranquilo. El cuco prosigue- No crees que sería sencillo y (pausa para sentarse y mirar los muslos del soldado)…conveniente para usted que, echara un vistazo a la imagen.
Le sirve un poco de agua y el soldado la bebe rápidamente. Al terminar de beberla el cuco dice lo siguiente:
Te acabas de tragar una pócima que improvisa calculadamente con tu lengua y con tu garganta. Te bebiste entre la efervescencia de la pócima una condena de mordaza. Ya no puedes ni podrás hacer voz hasta que los efectos cesen su condición implacable: Y eso no sucederá al menos que yo lo permita. Sin habla. Ahora toma asiento y deja que tus membranas se duerman. Sin poder balbucear palabra o gemido alguno te ves mucho mejor, retraído como estas –con los ojos por explotar de la rabia- exhibes una increíble locuacidad facial, tan sincera como nunca puedes haber mostrado. Es por eso que no es nuestra la facultad de invertir la pena en la que te encuentras. Callados podremos escuchar.
Es probable que sientas nauseas –te aseguro que los retorcijones estomacales pronto comenzarán- y tal vez tus órganos más débiles terminen por explotar, pues a la retaguardia de la pócima es que se hacen tangibles los dolores de pecho y los mareos. Por eso estás en completa reclusión. (El soldado observa que ahora estaba atado a la silla con una soga) No caerás al suelo para reventarte la boca pero, indudablemente, te ahogarás en la miseria más grande, en la misma que has tenido el compromiso de engendrar. (El cuco se retira de la habitación pero antes, colgado de la puerta, deja un papel con la xerocopia pegada en el medio a la vista del recluso. Al verla, el soldado comienza a llorar.)

Xerocopia de la verdad: “Dispárele que todavía tiene vida.”

El remate no puede ser un simple ricochet. No puede por nada en el mundo ser un rebote. “¡Dale otro disparo en la frente!” –escuchabas mientras escondida te bebías las lagrimas. Para entonces solo podía limitarme a un hipo mudo, de nerviosismo, de hipoteca de dolores que, siendo frente a mis ojos, desgarraban mis costillas por la voluntad esa maldita de retener el vomito; por asco, por tanto sufrir. Aun así permanecí inmóvil. Allí, mientras abofeteaban y estrujaban fríamente en disparos a mi madre. Una y otra vez.
Para cuando los soldados se marcharon, no quedaba más que el cuerpo estropeado de mi madre y la silueta cariñosa de la gata, lamiéndose las patitas, sentada en la puerta de entrada, observando, como tatuándose en la memoria el rostro de los asesinos. Yo esperé unos minutos y luego llamé a mi padre que se encontraba laborando en la Biblioteca de la municipalidad. En segundos arribó para encontrarse con la escena que cambiaría el venir de nuestros días.

Malabarismo final

Una tarde de octubre, regresaba yo de un paseo por los alrededores del vecindario cuando me percaté que no era la única en haber salido del hogar. Obscurecida en principio para luego revelar un color aparatoso y pálido, la gata de la familia se dirigía lentamente hacía mi dirección. Se aproximaba y yo le observaba con toda la emoción que usted o cualquiera puede imaginar. Ese día atardeció precipitadamente, diría que eran las seis en punto. Cuando me vi dispuesta a cruzar la calle para enredarme en el pelaje de la gata, pude notar que de sus dientes goteaba una cascada de sangre:
Puedo jurar que la gata llevaba la mirada más fría. Puedo jurar que su sonrisa era fría, sus colmillos ensangrentados y en sus garras tenía pelos grises. Al verme, sus ojos se revelaron como indiferentes para luego, sin el menor titubeo, seguir caminando en dirección contraria. Nunca más se le volvería a ver.

Fin

Adolfo Hitler en Paris (1940)

La verbena en el pabellón de las épocas

By Daniel Pommers on Domingo, 14 de Febrero del 2010

Daniel Pommers nos trae la más reciente entrega de La Generación del Atardecer Presenta:

“Kings and sons of god
Travel all the way to earth
Coming restless mile
Easing all of them, all of them for you.
Strange Times, Here”  -The Black Keys-

Las machinas que trajeron a las fiestas este año son diferentes a las machinas que usualmente estábamos acostumbrábamos a disfrutar. Esta ocasión no hay montañas rusas o mongolas o de donde sea; tampoco barcos pirata, cajas de muerto, carruseles, martillos. Este año no hay personal operando la Verbena: por ninguna parte veremos a los trotamundos, mucho menos los recortes playeros ni gentes enclenques ni a los oprobios perpetuos. Si tienen paciencia podrán observar que la cuerda del salto al vacío no es cuerda elástica o irrompible. La cuerda no es cuerda si no helechos y espinas enrolladas. Mejores fiestas no podrían presentarse en ninguna parte del mundo.
Si acaso dudan de mi palabra, adelante, la entrada es gratuita.

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Para cuando el jovencito terminaba su invitación y nos señalaba con una rama la entrada hacía la Feria, dos de los escuadrones ya se habían adentrado sin consentimiento alguno en los terrenos:

Los soldados corrían intoxicados por el misterio que les convertía en disidentes, hacían caso omiso a los gritos y órdenes de nuestros líderes. Ninguno se inmutó en regresar, ni si quiera en voltearse para mostrar respeto hacia la cadena de mando. Nuestro jefe dio la orden de caducamiento. En solo segundos sometimos a la mayoría. Un disparo tras otro, haciendo su labor de contención, entrando por sus espaldas, a veces por sus nucas a veces por sus nalgas. Pudimos visualizar que seis soldados lograron escabullirse entre las carpas y la noche.

Mi escuadra se administró en el lugar rápidamente. Al entrar en la primera carpa que fue encontrada, fue encontrada también la siguiente escena:
El interior de la carpa no tenia decoraciones, solamente un letrero que leía, Pabellón de los sucios. Habían –sin mentirles- una docena de cerdos comiéndose unos a los otros; apestaba a basura y a cemento fresco porque, en el centro de la carpa, cubriendo algunos 30 metros cuadrados, se erguía una extraña estructura en miniatura. La construcción limitaba el paso de los cerdos: cerdos anómalos con pesuñas disparatadas, con barrigas a punto de reventar. “Que asqueroso” pensaba, exhibiendo ligeramente gestos de pudor. Fijándose uno en la arquitectura de concreto, la maqueta confundía los espacios y el mismísimo esquema de su organización.

-Era el pedazo de una ciudad-

En el interior se apreciaban los uniformes de los disidentes convertidos en aceras y parques y –burlescamente- los penes y testículos que una vez funcionaron simultáneamente para el daño y para el goce, ahora servían como faroles y como monumentos que irradiaban, minúsculamente, su belleza. Los callejones fueron segmentados con las partes inservibles de las metralletas y de las granadas que al parecer, juzgando por el estado tan precario en el que se encontraban, acabaron con la vida de sus propietarios: las paredes que clausuraban las esquinas estaban manchadas con sangre, pieles…carne.
Aquella noche nuestros líderes se reunieron a puertas cerradas. Se cuenta que los llantos de los sargentos y de los líderes de escuadra podían conmover hasta al esqueleto más recóndito de los infiernos. Las ferias desde entonces son fuertemente custodiadas, nadie ha podido disfrutar paseos o trillitas nuevamente. Y el miedo de ver realizada la geografía de la maldad –esa conformidad al trauma de todos- terminó por encausar guerras y exterminios…pero busque usted, en cualquier lugar del terreno, a ver si puede hallar nuestras cabezas porque pienso, me viene una vaga idea de vez en cuando: Y creo que indica que nosotros, los cartografiados, hace siglos nos venimos extraviando.

Esta casa no es una atadura

By Daniel Pommers on Martes, 2 de Febrero del 2010

En esta entrada de Daniel Pommers para La Generación del Atardecer Presenta: se exploran, mediante recuerdos, la vida del violinista Julius Schulman, y,  su inescrupulosa pero gratificante miseria de compositor de mundos.  La memoria en este relato funciona como armadura y aparato de persuasión del misterio de pasar cada segundo en detención, cada manifestación en eterna pérdida: el violín yace muerto…usted tiene la misión de revivirle.

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La casa parece ser desfavorable.  Con solo escuchar el timbre de entrada se hace evidente, el sonido no rinde gratitud a visita alguna.  Cuando entras no hay recompensa, solo multitudes descoloradas de columnas y pasillos.  Al subir las escaleras que llevan a las habitaciones de reposo, sientes la repugnancia de cada escalón para contigo y, las decoraciones son incomodas – son extrañas y no son de usted, ni para usted ni para nadie.  Antes de la mudanza usted solamente estaba supuesto a las ulceras que todo buen músico ha de tener por ser buen músico.  Ahora noto variaciones en su conducta, parece un muerto, realmente, esta casa es un atadura.  Usted debe zafarse lo antes posible por favor.  Quisiera verlo intoxicado con su música nuevamente.  Quisiera que se enamorara de la madera y del hilo, como siempre fue.

-          Yo le agradezco mucho que muestre tanta preocupación, sé muy bien que no es su menester perjudicarme o verme caducar en este lugar.  Puedo entender que he colgado mi violín en la pared como un almanaque de los tiempos sin perseverancia y sin eventos. (Coloca sus manos en los bolsillos del chaleco, luego continua) Sería una pena… (acercándose lentamente hasta los oídos de su hermana)…que toda esta tristeza y perplejidad te convierta en otra persona.

-          (Retrocede unos pasos para acomodar su espalda en un armario) Por mí no se preocupe.  Soy demasiado joven para permitir que cualquier daño se involucre seriamente conmigo. (Sonríe)  Solo quiero que seas libre nuevamente.

-          Gracias pequeña.  (Se despide con un apretón de manos.  Su hermana le da un beso en la mejilla para luego pedalear su camino lejos de la propiedad)

No pienso ser insociable toda la vida.  Si es que toda la vida fui algo insólito pero no despreciable como ahora.  Tengo todavía muchas ansias de tocar y crear hasta perderme en las matemáticas de mis dedos y de los compases; aun así para matricular mis facultades a nuevas situaciones, era necesario enterrarles y enterrarme.  Como he sido dañado quiero perfumar cada segundo de mis melodías con tonos permutables y cortos y distantes entre cada uno de sus sonidos.  Pienso todo el día en el día en que mi violín peregrine hacia otra dimensión que me atrape y embruje como antes: ¡mejor que antes!  De todas formas, mi hermana se equivoca al sentenciar a la desquicie todas las columnas y ventanas y paredes de la casa.  Esta casa es como tan fría como tan pura.  No deja espacios discordantes, porque imagínese, la sala principal conecta hacia los recovecos menos pensados de la propiedad.  Hasta su jardín –nefasto como ninguno- se me figura como un anexo del sótano y sus ventanas, cuando amanece, parece hacer sinfonías con los reflejos de las hojas y los insectos que circundan este lugar.

Esta casa ha sido la paliza más bochornosa.  No tenía idea de que mi rigidez condenaba al purgatorio cada acorde, cada pieza y pensándolo bien, esta casa le dio un disparo de muerte a la mentira que creía por integridad.  Antes de la casa solamente jugaba con ser  violinista.

Una de esas tardes que me sumergía en onzas incontables de licor, ocurrieron los hechos.

Me disponía como era lo usual, cuando la borrachera terminaba por nublar mi visión, a levantarme del  sillón que miraba hacia la parte posterior de la residencia.  En múltiples ocasiones fui víctima de la torpeza y, puedo decir –con toda honestidad- que he sabido estar largas horas entre el laberinto que son los sueños y entre los pliegues de la alfombra desgastada que servía de suelo en la habitación.  A mi entender no pasaron diez minutos tratando de ponerme de pie cuando pude darme cuenta de lo que sucedía.  Desde el patio trasero se podían escuchar voces.  Miré por la ventana y observe cómo mi hermana discutía fuertemente con quien desde hace algunos meses había decido casarse y sentar cabeza.  No podía escuchar las palabras o el argumento de la discusión, tan solo reconocía la voz agitada de mi hermana.  Observé cuando una tercera persona entró en la discusión.  Se posicionó al lado de mi hermana.  Callado.  Inmóvil.  Sentencioso.  Mientras la pareja parecía incomodarse con cada segundo que transcurría, aquel hombre desconocido solo mostraba un estado de animosidad hacia el esposo de mi hermana.  Mirándole fijamente.  Cuando me dirigía hacia la puerta que me abría camino hacia la escena que, sinceramente, molestaba no solo por los gritos sino por el hecho de que mi hogar, siendo este mi aposento y lugar de escape, no debería ser -en ningún momento- asilo de tertulias malogradas o de problemas que no conciernen a este costal de huesos o a la casa en sí, escuché una fuerte detonación.  Abrí la puerta y observé a mi hermana y al desconocido con los ojos bien abiertos, encolerizados y embrujados por alguna extraña facultad abismal.  En las manos del hombre un revolver.  En el rostro del esposo de Margot una herida.  Su cachete sangraba.  Inmediatamente comenzó a gritar.  Lloraba mientras le reclamaba razones a Margot.  El desconocido tomó de la mano a mi hermana y con un empujón violento me tumbaron al suelo para salir corriendo.  Esa fue la última vez que vi a Margot.  El esposo, gracias a la mala puntería o inexperiencia o quizás intenciones vagas del tirador sobrevivió a la contienda.

No dolió el disparo.  No importó nunca volver a ver a mi hermana.  Mucho menos ver la cara cicatrizada de Elliot en los años venideros.  Lo que me causó una herida fatal fue que a los días, pasada la conmoción, pude notar un hueco de bala en la ventana.  Al seguir el trazo del disparo me di cuenta de lo que realmente había sucedido.  Colgado de la pared como un almanaque inservible yacía mi eterno cónyuge de las melodías.  Y yacía muerto.  Un disparo atravesó su madera rompiéndole las cuerdas y truncando completamente su composición.  Traté de revivirle pero fue en vano.  Nunca más volví a tocarlo.

Algoritmos Subyacentes

By Miguel Santos on Domingo, 24 de Enero del 2010

Para esta entrada de la Generacion del Atardecer Presenta:, Miguel Santos relata las crónicas de curiosos seres autómatas, sujetados perennemente en axiomas y signos.

-Genoma binario-

Ilustración por Esteban Mercado.

Una cucaracha va rápidamente avanzando por una tubería, en la plena oscuridad pasando obstáculos, esqueletos de lagartitos, ratones y suciedades. Surge por un orificio del caño y continúa transitando la estructura de metal hasta llegar a un piso de cerámica que sin titubeos transita en la noche. El pasillo sin problemas lo cruza y fielmente sale de la estructura desertada en el medio de una especie de poblado. El animalito comienza a subir por un tronco que se revela como parte de una torre de vigilia. Va pujando su camino hacia las barandas cuando de repente unos dedos de silicón, ámbar y alambres atrapan a la cucaracha, esta mueve sus antenas y trata de escapar. Pero es fútil, una cabeza no quita sus luces de encima del diminuto organismo. Unos instantes después aquella extremidad libera la fuerza y el insecto arranca por ese largo brazo, doblado y malgastado. Lo que parece ser un cráneo que aguanta los aparatos oculares le sigue la pista a la cucarachita intrépida mientras esta atraviesa la topografía de ese esqueleto. De repente una explosión sacude la vecindad, se escucha la perforación de metales, ese inconfundible eco. Aquella forma agarra un fusil, se asoma desde su torre de vigilia y su pecho estalla. Cae al piso, futilmente intentado recobrarse y continuar. Metralletas y gritos se perciben, otra de las tribus esta embistiendo. El trozo se arrastra hasta la sirena general y oprime el botón. Permanece inmóvil en el piso de su torre, gira su cara y da cuenta que justo a su lado yace la juguetona cucaracha, picada por la mitad. Endereza su pescuezo y esa luz violeta que florece dentro del aparato ocular del centinela se apaga y no se mueve más.

“¿Qué somos queridos hijos e hijas de Aragón? ¿Algo más allá del lenguaje o quizás más acá del lenguaje? La barriga estirada y revolcada; los comelones. Ese des-balance colosal en nuestras tripas, donde las entelequias sólo (se) devoran. Una individualización a la reversa, de la cual sobrevive la competencia solo uno; El verdadero y único Dios en su ciudadela. Pobres de nosotros las sabandijas dentro de este monstruo mecánico que confunde molinos con gigantes y gigantes con molinos.”

- Fragmento del Libro de la Perdición

Como el equipo alfa de antropólogos de la patria de la Meca, estamos documentando la dinámica cultural de varias especies en este planeta, bueno, al menos las que se nos hacen más seductoras con nuestro preciado y chico presupuesto. Sabemos que hubo un gran éxodo fallido, cuando intentaban escapar del laboratorio Leviatán subterráneo, cuna de estos seres. Los sobrevivientes cargaban a los que podían con sus manos o en camillas hechas de hojalata y verjas de la instalación. Alrededor de quince mil prototipos que lograron extraerse de su fábrica, poco a poco se estaban desactivando por falta de energía. Las autoridades de la corporación los lograron arrinconar en la represa Connais, mientras intentaban usurpar uno de los generadores eléctricos de la localidad. Cuando vieron a los agentes de la corporación unos intentaron volver a la oscuridad del bosque, otros arrancaron a las alcantarillas, pero ya era demasiado tarde, una detonación se percibió y una inmensa pared electromagnética se les vino encima, sin piedad entre los gritos sintéticos.

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“And we grow fat on the charms of our idle dreary days,
seen the shadows grow, see an ominous display.
With no alarm, could we say we’d have expected this way
under stars have died, give incent to play.”

- Beirut, Mount Wrocai

En algunos poblados del sureste de Birmingham se decía que se escuchaban gruñidos irreconocibles desde la profundidad de las inmensas oscuridades de la caverna de Nevada y entre los fuliginosos bosques de Bridelwud. Rugidos de un calibre sintónico, como el grito binario de un horror que no sabe que más hacer con la llegada, ese influjo de experiencias, un torrente de señales sensoriales, unas estructuras de cierta logística y memoria apegadas a un vacío en el código. Un vacío que posibilitaba llenar el empuje de supervivencia a cualquier calcomanía semántica que se encontrara. Monstruitos altamente adaptables. Lo que no sabemos a ciencia cierta es como llegaron a reanimarse, es poco probable que alguno sobreviviera la exterminación de su modelo. Su actividad basada en delicados y minuciosos algoritmos heurísticos era como una tela, un riachuelo de diligencia binaria que los hacia acomodarse a diversos contextos. Por más de trecientos sesenta años estos vivieron entre la fauna y la flora que los vio re-nacer. Poco a poco sufrieron cambios en su manera de organizar su sociedad. Por ciclos enteros fueron desenvolviéndose afuera de las estrictas leyes del programador, fueron libres para probar la cultura. Comenzaron a dividirse en distintos grupos, diferenciándose unos de los otros. Se dividían en lo que pensaban debía ser la sociedad, lo que pensaban que era Santo Default, que tanto añoraban pero ya no recordaban fielmente. Su aldea era dinámica, movimiento y muchedumbres por dondequiera, en el mercado, en las iglesias, en los centros de manufactura y reciclaje de piezas.  Pero definitivamente estaban en busca de algo. En una irrupción del gran pánico, del magno logos de la identidad en sus membranas de silicón, sus conductas se polarizaron en mil y un antagonismos posibles; rayaron, pintaron, doblaron, perforaron, cortaron sus cuerpos buscando identificarse a si mismos con el Logo y sus dicciones. Se hicieron perforaciones para similar orificios que otros prontamente penetraban con extremidades erigidas al momento. Unos se ponían maquillaje de tierra y hojas mientras otros se bañaban en los lagos con los brazos en el aire. Otros se ponían sombreros de copa y eran paseados alrededor de la aldea en carruajes tirados por los que no poseían tales sombreros. Buscando ese signo, indagando ese algo, marcaron sus huesos de pinturas, tierra, sangre y órganos de animales.  Se pintaban de colores distintos y luchaban entre si, mientras unos corrían otros se detenían, mientras algunos se arrancaban extremidades, otros creaban leyes contra rituales de automortificación, buscando optimizar y sujetar los cuerpos industriosos. Finalmente, tantos conflictos los llevaron a la primera gran desactivación.  Después de años de guerras entre sus diversos sectores desaparecieron de los bosques y se tornaron en ficciones, en murmullos que se le cuentan a los chiquitines para que se laven sus dientes y se acuesten a una hora justa y razonable.

“Decían que los taka eran esqueletos que volvieron al a vida por alguna maquinación supra natural. Algo los trajo de vuelta. El rumor oficial es que no existen, solo historias que los forasteros traen a nuestros pueblos desde diversas localidades con detalles similares. Pero pistas de ellos estaban por todas partes, en blogs misteriosos, en grafitos, en callejones y en la diarrea verbal de los pordioseros. Los taka bordean las cunetas, y en tribus mecánicas te rodean y te atrapan. Y eres suyo. Nadie sabe que hacen con ellos. Dicen que recorren los sistemas de reciclaje de aire en los guetos y los globos de agricultura.”

- Diario Del Emisario Jeremías Baker

Ars Erotica

By Miguel Santos on Domingo, 17 de Enero del 2010

La Generación del Atardecer Presenta: Ars Erotica, desenlace de Corpora Commiscere. Este texto escrito por Miguel Santos sugiere vertientes de comunión con el/la otr@ más allá y acá de los limites que nos impone ese cosmos y esa psique.

-Fugitivos en dinámica-

Ilustración por Adrian.

Doce horas después de haberse iniciado este coito, respiro una permutación en la polis poliforme, ya a estas horas sus manifestaciones comienzan un paloteo distinto, más explayado, estirado, cruel y utilitario, pero lo ignoro y continúo mi deleite en esta habitación tan económica.  Con mi empuje de percibir, de obtener gnosis, inmaculada experiencia de sentir y aplicar calor, caldo y fuerzas micro cognitivas en una serie de carnes, ligamentos, huesos y glándulas artificiales. Secretan hormonas por donde quier, adornando los cuartos que nos prometemos, la cocina con la estufa y el micro-hondas que tiene uno de los caracteres descompuestos; en el baño que se le fundió la luz hace como dos semanas y siempre olvidamos comprar la bombilla nueva; en una cerradura que se abre y se cierra, segmentando; ese gozo que se hincha con plenitud bajo los cañones crecientes del piano y el bajo. ¿Será una infección de teoría musical en todo mí ser? ¿Será una incurable entrega?

"To infinity and beyond!"

“Let me see your beauty when the witnesses are gone. Let me feel you moving like they do in Babylon. Show me slowly what I only know the limits of.”

- Madeleine Peyroux, Dance me to the end of Love

Adentrándome a la materia mediante esta transformación de saberes. Donde el gusano, aquella identidad que produce el cuerpo estalla. El A-M-O-R. Esa secuencia de letresitas desata un horror, un totalitarismo, un dato lleno de prejuicios… y ala vez nuestra única y más útil herramienta para desenfrenarnos, adecuándonos a los agujeros, a los troncos, una geometría que se inventa mientras la elaboramos con infinitos significados. En ese momento un manantial de emancipación baja por mis tuberías. Agarro tus antenas para balancearme, las froto y le paso los bembes húmedos.  Tus gemidos  hacían levitar objetos en la residencia, varias veces fui golpeado por el abanico y una lámpara violeta neon, que dibujaban espirales sobre nosotros. Tantas capas de ricura, de células danzando, fusionando las pieles de lo que somos, de lo que éramos. Mis músculos se moldean y se hunden en su corporeidad, el gusto de frotar los exoesqueletos, “Usted…” balbucié entripado en sudor, “mágica cucubana!” en eso me dedique a frotar mis alas delanteras una contra la otra, y contra tu pelvis, produciendo música con el traqueteo, como un violín suministrando su conveniente emisión luminosa, desde el abdomen, que late y oscila entre resonancias de delectación. Una y otra vez propagándose hasta el perenne agujero hambriento y luego enchapándose hasta el sempiterno pirata que no reconoce la falta. Tonalidades verdecitas en el atardecer, según la hora terrestre. Aquí hay una comunión orgánica. Somos una bestia transmutadora de soles y riachuelos micro atómicos de reabastecimiento integral; te desembucha, ya sin tiempo.

...

“Todos los cuerpos están rodeados por otros, y determinados los unos por los otros a existir y a obrar de forma precisa y determinada, y siempre al servicio de una misma relación entre movimiento y reposo en todos ellos a la vez, es decir, en todo el universo. Se sigue de aquí que todo cuerpo, en tanto que existe modificado según un cierto modo, debe considerarse como parte del universo entero, convenir con el todo y estar en cohesión con el resto de los cuerpos…”

- B. Spinoza, Carta a H. Oldenburg

Corpora Commiscere

By Miguel Santos on Lunes, 11 de Enero del 2010

En esta entrada para la Generación Del Atardecer Presenta,  Miguel Santos nos cuenta los intercambios sociales, culturales y de fluidos que se hacen posibles entre sapientes cuando los espacios son propicios, aun sean estos en el mismo vació del cosmos.

- Scientia Sexualis-

Ilustración por Adrian.

Ilustración por Adrian

Mimo los estirados maléolos, las batatas fibrosas, las rodillas capaces de dislocarse a voluntad. Entre sus muslos se revelan varios tentáculos que se hinchan mientras se excita esta criatura, una de las brujas de los yemaya, especie que ascendió a otro nivel de existencia, según está codificado en la enciclopedia taxonómica de organismos sapientes. Toma mi mano y las coloca en sus vulnerabilidades, señal de confianza entre su gente, el calor que emerge de su cuerpo me transporta a unas horas antes. Cuando llegué a esta pocilga polimorfa escapando de unas circunstancias letales, comercio de artículos impresionables para las autoridades. Esta estación astral contiene millares de grafías, callejones y tecnologías disímiles,  incrustadas unas sobre las otras, creando zonas, plazas y espacios en el espacio del cosmos. Desde hace más de setecientos años, navíos, buques, estaciones, terminales, bases y hasta cometas se han emplegostado en capas, amontonándose encima de toneladas de materia constituyente. Como todo organismo que crece y se reproduce, esta super-estructura va aumentando su masa en plena orbita. Sus domicilios están conectados por pasillos, túneles y elevadores, todos con sus especificaciones y culturas. Allí me perdí entre tantas millas oscuramente eufóricas de túneles y satélites relegados, buscando un sitio donde apagar mi sed; centros sociales en el vacío helado. En esta ciudadela de chatarra espacial y terrenal, quien diría que me toparía con una manifestación del alfa y el omega, la quimera de mi llanto?

“Why can’t you please understand what kind of Man I’ve got to be? You’re saying, I’m such a fool hiding my thoughts away from you; I know it’s driving you wild!”

- The Seatbelts, You make me cool

En la taberna de Yowi, me contaron que se consigue un aceite de cualidades extra sensoriales, segura sobrecarga sistémica para un mero homo sapien como yo.  Se trata de una mezcla de té azabache que me sirvió el hábil fontanero, con aderezos y salsas que fueron cultivadas y fermentadas en los huertos del aparato colosal. Sus principales componentes son el anís, fantochea de reh, canela, huevo de jiltinas, clavos, aceite de piña, pimientos, saliva de okjai, jengibre y azúcar morena. Por ahí se cuenta, que en algunas tribus del sector 78, en la parcela incrustada, los chamanes utilizaban el chai azabache para remontar la moral de la población en épocas difíciles. Al ingerirlo mis ojos se dispararon alrededor de mi cráneo, y pude ver mi cerebro; monstruosidades internas, gusarapos y sirenas gritándome. Y advino en mí una conexión de signos y emociones con ella. Sin avistarla, la aprehendí, sin haberla percibido con mis órganos, la saborie en mi paladar. La bruja se encontraba en una encendida conversación de teoría de meta-cognición con seres visibles e invisibles de toda la vecindad nebulosa. Algo acerca de la posibilidad de desintegrar la identidad, el chiste de los moradores de Yoes. No comprendí muy bien lo que decían, ya que todo mi cuerpo estaba paralizado y regocijándose en el dolor y el placer. En la empatía y la apatía que nos lanza a chocar unos con los otros o a clausurarnos en la materia negra, aquellas conexiones nerviosas de algún guapo leviatán indudablemente.

Ulterior a descubrirnos me invitó a su aposento. Era una entidad multidimencional, aventándose de percepción en percepción, trayendo consigo una hamaca con mantequilla de pomarrosas, directo al gusto. Todo debe ser catado me dije prontamente, entripado en babas moldeables, hormonas amplificantes, humores fermentados y con mi lengua yonky y expedicionaria. Codicio succionar, mamar, lamer dar cuenta de esas tetas, de la textura de su suspiro deslizándose, empotrándose en mi hocico sofisticado. En mis cachetes siento los confetis, saboreo la superficie aceitosa, que iba narrándome historias entre la diferencia de plumas rojas y amarillas, bellos negros y pelirrojos que suben por su vientre que persigo hasta la ultima consecuencia de su labia menora. La sazón, huella de sus hermosas y deleitosas mucosidades. Las ingiero con ímpetu, fluyen por mi esófago, chorrera habilitada para estirarse hasta unos dos pies de serlo necesario, para poder tragar continuamente los torrenciales que emanan. Me afecta sorbo a sorbo, con esos tejidos resbaladizos y aptos, hinchados con lo que gusta y permitimos. Me encubres en tus ostentaciones, en tus ritmos, que chocan con mi esqueleto y se multiplican, confundiéndose entre letras. Jarabes de sábila y plácelos nos hacían jugar con la fricción, utilizando la empiria; física, anatomía, geografía, confeccionando paraísos y monumentos  de fuerzas entre los cuerpos.

Continuara…

“Del Pantano nacen mariposas II”

By Daniel Pommers on Miércoles, 30 de Diciembre del 2009

Esta entrada de Daniel Pommers para La Generación del Atardecer complementa y completa el calamacazo distópico en donde el retumbe y el ritmo del polvo se abrió camino desde la maleza para, a vuelo de mariposa, poder asfixiarnos de una vez y por todas  en el pantano que fue, en aquellos tiempos…tiempos estos que nos engullen.

Historia Continuada. Parte Final.


-La caja era una Recompensa-

En su interior encontré dos discos en pasta: Ninguno tenía rotulación. Ambos ecuménicos impartieron en mí una extraña curiosidad.
Pasé un mes entero conviviendo con los discos. Observándoles. Limpiándoles. Arrojándoles. Nunca los escuché. Nunca los escuché hasta que un día –un día glorioso- de borrachera, corrí a recogerlos, y, luego de desempolvar el toca discos, me apresuré (casi cayéndome por los estragos del licor) a colocar uno de los discos en la reproductora.

Y esto fue lo que escuche:

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Mi cuerpo se encrespó. Sentí como fuertes ondas transformaban mis pieles callosas y adormecidas en electricidad. Una presión violenta que hundía mi pecho provocó vomitos que todavía, al sol de hoy, no podría explicar. Aún así, fue mínimo el dolor. Toda la maquinaria se llenó de colores: Anaranjados y cálidos. Cuando miré hacia el espejo, el reflejo de mis huesos danzaba y se hacían concretos. Se convertían en cuerpo. Bailando pude sentir los pies nuevamente. Es imposible suponer que romper con el monstruo ese monolingüe de la vagancia sería tarea fácil. Por lo que decidí –debido al hallazgo musicalezco y polícramo que movilizó mis sentidos- escuchar el otro disco.
Y desde que comenzó a sonar, más alla de las letras y de las melodías, entendí:

Entendí que no somos simples hipérboles de roña moribunda.  Que engullir las horas en barbarie nos hacía alguien: Cualquiera.  Nos convertía al cualquiera que se lo lleva el viento, el sucio, las tormentas o los matorrales.  Y que ese extraviarse no era siquiera la libertad de una existencia del anonimato que nos hace, precisamente, libres:  Sino que ante la rifa y la mazmorra de los días (con cada segundo transcurrido), funcionaríamos como penumbras, jamás como mechas, ni de la muerte ni de la nada ni de lo que realmente quisiéramos.  Comprendí que debía ser uno soberano de sí primero, para luego –cuando la reproducción de uno mismo no fuera puro sacapuntas de la arbitrariedad- poder implorar cosas hermosas.  Poder ser nuestra herramienta. Poder convocar avalanchas cargadas con vivencias para nuestro bienestar, no para la otra cosa: Para nosotros.
Así hasta el presente momento.  Me marcho de aquel lugar.  Mientras camine en dirección contraria a ese Pueblo, sabré que cada paso lo doy hacia el porvenir.  Nada de remordimientos. Me largo pero en mi despedida he dejado una sorpresa monumental. Pasó largo tiempo pero luego de haber despojado mi vida de las garras del pueblo, decidí que sudaría todo mi esfuerzo para elaborar una solución. Mi partida, más allá de huidas (si así lo quiere ver usted), es más compulsoria que un capricho de puras tramas del escape.
Los cimientos de nuestro Pueblo se irguieron sobre terreno pantanoso. La maleza tan asfixiante como era, detuvo durante largos años el hundimiento del pueblo. Ahora y, gracias a la invención de un reproductor de ondas que provocaría una inmensa dispariedad en las placas tectónicas; el pantano se convertiría en arena movediza. Por eso esta mañana, mientras todos dormían, coloqué altavoces en todo el pueblo. Hice sonar una vieja alarma de emergencia por algunos minutos. Nadie se mostró preocupado. Luego encendí el toca discos para que retumbara todo lugar, toda partícula, todos los insectos del lugar. Cuando volteé aq echar un último vistazo a lo que algún día llamé hogar, logré observar cómo el pueblo entero se hundía. Y finalmente se escucharon gritos de desesperación, llantos de auxilio y voces que procuraban otras voces. Y escuché cómo se rompían las viejas edificaciones, una por una, truncándose y sometiendo al fango a sus habitantes. Y como lo que habitó una vez en aquel lugar había perecido hace mucho, nadie nunca –excepto este servidor exiliado por obligación- se percató de que más allá de la podredumbre, de la miseria y de la suciedad de nuestro lugar, miles de mariposas habitaban desde tiempos inmemorables las casas y los alrededores. Desde aquí se siente el aleteo libertador de sus alas arropándolo todo. Al cielo no se le veían nubes aquella mañana, las mariposas en su teatro terminaron por asfixiar a los pocos que permanecían en la superficie.
Y no piense usted nunca en indagar más sobre aquél lugar. No vaya usted a fantasear con una taxidermia de aquél lugar. Después de todo, no creo que sobreviva ni el mínimo residuo de lo que fue. No obstante, si desea usted tener un romance con la nostalgia del pueblito de Jamespring, puede, si quiere apaciguar su inquietud tarareando noche y día aquellas melodías hacerlo. Pues es mejor oxigenarse en resplandores que someterse a la casería ciega de tumbas desheredadas de sí. De tumbas ausentadas de inscripciones o membretes.

Merri crismah tuh ohl

By Daniel Pommers on Domingo, 27 de Diciembre del 2009

En esta entrada Daniel Pommers le envia una felicitación muy peculiar a las fiestas navideñas.  ¡Salud y buen viaje!

“Dreamed I was a tidal wave.
I ravaged your coast,
There were no survivors.”

-Jawbreaker-

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Cuando desperté me esparramaba encima de toda la costa sanjuanera y, en segundos pude sentir entre mis dedos a las cuarenta familias más emperifolladas de Condado, ahogándose en mí -al menos intentando salir a flote. Pero el hecho de ser su muerte, de ser su día final: no provocó ni el mínimo sentimiento de vergüenza. Saltando y dándose contra la espuma. Llevándose mis aguas y lo que son mis aguas vivas a la boca y entrándole por el cogote y atascándoseles en el vientre. Entonces el llanto. Entonces el remordimiento: Solo suyo.
Luego de unos meses del evento inicial –del ahogamiento- me había asentado en una casita en la costa sur de la Isla. Y como los compas de La Parguera son así como yo, así como ermitaños (tan solo en apariencias), podía entonces ajustar mi desquicie al planeamiento de alguna que otra travesura bien efectuada…no a la sin razón antes evidenciada. Para entenderme entre los amigos del pueblo solía enredarme en las discusiones sobre la temporada pesquera, solo de esta manera pasaba como un simple viejo cascarrabias con manías de viejo cascarrabias que solo habla sus delicadas pero inútiles versiones del buen vivir. Y no solo narraba mi buen vivir a los amigos, también me presentaba en las reuniones de la comunidad con el Alcalde para discutir las buenas o malas nuevas que se avecinaban para Lajas.
Pero un día una de las asambleístas de la alcaldía me hizo un cruento desaire.


Me dijo con la voz más excitada del mundo lo siguiente: “vamos a hacer el ovnipuerto porque ahora que ganó el negrito ese podemos darnos el lujo de capturar a todos los neohippies de la isla y traérnoslos para Lajas y hacer campings y fiestas alocadas y quién sabe si hasta legalizamos la marihuana en nuestro pueblo… ¿qué le parece?” –al terminar esas palabras, suspiré gravemente por eso de no darle una bofetada abismal a la criatura que balbuceaba erráticamente sus pensamientos en mí y, di la media vuelta para respirar y respirar, solo eso.
Seguido a la nota tan peculiar de la damisela de la ordenación municipal, decidí organizarles a nuestros políticos una cena navideña. En la misma tendríamos la usual bebelata puertorriqueña de pitorro, comedia, parrandas y por supuesto: una suculenta cena del país. Arrocito con gandules, lechón y pavochon pa’ la dieta, ensalada de papa, y los pasteles de la Sra. Ginebra. Ay esos pastelitos de masa cerdo con sabores ocultos y celestiales. Era como meterse un fufú rico a la boca. Era como meterse a la boca un tremendo y suculento despojo de todos los males. Pero personalmente le agregué una deliciosa y peculiar especia adicional. A cada uno de los pasteles se le administró una hermosa dosis de gargajo, dosis que fue meticulosamente escogida y recogida en una cubeta desde la boca de todos los veteranos del pueblo. Dejé que se marinara bien entre las hojas de plátano, la carne y la masa y, ¡chan chan chan! Ahí fue a parar la bilis de Vietnam y de Corea: en la panza de la municipalidad. Al final de la noche, para concretar los actos protocolares, estuve a cargo de la despedida. Y como solo yo sabía que sería mi propia despedida de aquel lugar, tuve la gracia de la sinceridad para darles a todos los asistentes una muy cordial palmadita en la espalda, claro, para luego proporcionarles una ¡senda bofetá de cachete a cachete! Y así lee el comunicado de fin de fiesta:

Espero que haya sido del total agrado para ustedes esta estupenda cena misericordiosa. Espero con el alma que entre las risas y las panderetas hayamos podido mejorar nuestra calidad de humanos para lograr mejores bríos para nuestro pueblo. Y les dejo en sus pancitas una sorpresita, claro que sí. Les dejo una huella de majestuosidad y del jarabe de nuestros compueblanos. ¡QUE VIVA! Esta noche, cuando se hayan cepillado los dientes…cuando estén dispuestos a dar los últimos bostezos antes de la cama, piensen en lo siguiente: Un día como hoy nuestros hijos e hijas celebran la navidad en un desierto que es probeta de enfermedades y locuras y problemas de la espalda y de veneno en su sangre y en sus pieles y en su cabeza que hueca como fue para luego ser llenada de metralletas y de gusarapos de cadenas de mando y de ligeros remordimientos en principio pero que luego se hacen eternos disgustos con la vida y con el mundo y con la vida de todos. Que eso de planes para el entretenimiento no es malo pero no es suficiente para darle la mano a la hecatombe de generación que luego de su exilio volverán a su patria del Ovnipuerto. ¡Váyanse todos y todas a la mierda!

“Maybe I’m obsessive to think like this.
Probably not impressing you with my cheap tricks.
Honey, it’s depressing what depression does to some.
I’ll play the part for hours
But I know you’ll never come.”

-Jawbreaker-


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