Archivo del Autor

En esta entrada de La Generación del Atardecer Presenta:, Daniel Pommers nos trae la segunda parte de esta historia.

Ilustración por Marcos Pechio

Historia continuada: Parte segunda y final

Imagen de previsualización de YouTube

“La vida impasible y argumentativa de la Gata Raparrigga”

Cuando la gata raparrigga llegó a casa la encontramos a un lado de la puerta. Inmediatamente la tomé en los brazos y me percaté que del pelaje y de las patitas se impartía una deliciosa y peculiar fragancia. Olía rico. Este felino bastardo encandiló con su dulzura nuestra familia. Mi padre al verle quedó encantado, mi abuela hasta llegó a testificar que, “un angelito había llegado a nuestro hogar”; inclusive, mi madre convocó una reunión-cena con familiares y particulares para mostrar al último miembro de la familia. Le recibimos y aceptamos majestuosamente y era claro que la gata mostraba genuinos signos de gratitud hacia nosotros. En infinitas ocasiones solía acurrucarse en nuestro cuerpo: en el cuerpo de todos.
Mi madre, al tener la vocación por sangre y por cultura de trapecista, además de haber viajado por gran parte del globo –emigró desde el sur de Italia hacía Pekin y luego hasta llegar a Francia- gran parte de su niñez se la pasó transitando de un lugar a otro. Encausó sus esfuerzos pedagógicos y de encantamiento para administrarle una estupenda dosis de malabarismos a la gatita. Por lo que, desde muy temprana edad, la gata aprendió a caminar por la cuerda floja y a balancearse en un trapecio que, desde tiempos inmemorables, pertenecía a la familia.
Cuando mis padres se iban a la granja –dos veces en semana- la gatita los acompañaba en su pasadía. Esas peregrinaciones hacia los confines de la ciudad, provocaban en mí, más angustia que regocijo. El por qué es sencillo: La poca estabilidad política para esos tiempos –tiempos aquí narrados- tiempos de mi temprana adolescencia, eran sumamente ambiguos; y, sin caer en rectificaciones o enredos narrativos, el hecho que ahora entiendo (en mi adultez) era que, Francia, estaba desenfundando lentamente dos malabarismos acciónales y de partidos de vida: Resistencia y Resignación. En este caso, ambas, aunque contrarias, transmitían un maleficio salvaje que resquebrajaba –cada vez con mayor intensidad- provocando mayores estragos: estragos en mí.

El firmamento como bastión de trances ilícitos

Cuando niña, entendía que mis padres se aventuraban dos veces en semana hacía los arboles y hacia un maravilloso mundo lejos de la ciudad. Durante mi infancia y adolescencia entendía que en nuestro hogar, se congregaban amistades en la oficina de mi padre para disfrutar de la música y de la tertulia parisina – con volúmenes melodiosos de discos, con tonos hermosos pero altísimos y siempre –sin falta- el trajín de papeleos y de botellas chocándose en brindis de dulzura y de amistad. La niñez fue entrañable.
Cuando comprendí la adultez, comprendí la realidad. No tardé mucho en hostigarme hacía la madurez. Así que sacudida ya esa alfombra de la fantasía, olvidé la majadería y con ella, la tranquilidad.
Mi madre era la conexión más importante para los grupos clandestinos de resistencia parisina. Tenía la encomienda de suministrar el equipo de armamento (bombas primordialmente) a los sujetos pertinentes, en los momentos pertinentes. La lucha era por la libertad y en contra de las fuerzas de ocupación alemana en el país. Entonces, en vez de convertirme en una agarrotada más –así como nuestro París- seguí la tradición familiar y tomé postura: ¡Y fue colosal la postura que tomé!
- Me conocen en los círculos clandestinos nada más y nada menos como “el cuco”, “el pájaro”, “el nido del cuco”.
- Pero ¿es posible? (jadeando gravemente y preocupado) Usted es…
- Correcto. –le muestra al soldado una xerocopia, el soldado se niega a mirar. Queda restringido a sus pensamientos. No pestañea. No duda un segundo en permanecer tranquilo. El cuco prosigue- No crees que sería sencillo y (pausa para sentarse y mirar los muslos del soldado)…conveniente para usted que, echara un vistazo a la imagen.
Le sirve un poco de agua y el soldado la bebe rápidamente. Al terminar de beberla el cuco dice lo siguiente:
Te acabas de tragar una pócima que improvisa calculadamente con tu lengua y con tu garganta. Te bebiste entre la efervescencia de la pócima una condena de mordaza. Ya no puedes ni podrás hacer voz hasta que los efectos cesen su condición implacable: Y eso no sucederá al menos que yo lo permita. Sin habla. Ahora toma asiento y deja que tus membranas se duerman. Sin poder balbucear palabra o gemido alguno te ves mucho mejor, retraído como estas –con los ojos por explotar de la rabia- exhibes una increíble locuacidad facial, tan sincera como nunca puedes haber mostrado. Es por eso que no es nuestra la facultad de invertir la pena en la que te encuentras. Callados podremos escuchar.
Es probable que sientas nauseas –te aseguro que los retorcijones estomacales pronto comenzarán- y tal vez tus órganos más débiles terminen por explotar, pues a la retaguardia de la pócima es que se hacen tangibles los dolores de pecho y los mareos. Por eso estás en completa reclusión. (El soldado observa que ahora estaba atado a la silla con una soga) No caerás al suelo para reventarte la boca pero, indudablemente, te ahogarás en la miseria más grande, en la misma que has tenido el compromiso de engendrar. (El cuco se retira de la habitación pero antes, colgado de la puerta, deja un papel con la xerocopia pegada en el medio a la vista del recluso. Al verla, el soldado comienza a llorar.)

Xerocopia de la verdad: “Dispárele que todavía tiene vida.”

El remate no puede ser un simple ricochet. No puede por nada en el mundo ser un rebote. “¡Dale otro disparo en la frente!” –escuchabas mientras escondida te bebías las lagrimas. Para entonces solo podía limitarme a un hipo mudo, de nerviosismo, de hipoteca de dolores que, siendo frente a mis ojos, desgarraban mis costillas por la voluntad esa maldita de retener el vomito; por asco, por tanto sufrir. Aun así permanecí inmóvil. Allí, mientras abofeteaban y estrujaban fríamente en disparos a mi madre. Una y otra vez.
Para cuando los soldados se marcharon, no quedaba más que el cuerpo estropeado de mi madre y la silueta cariñosa de la gata, lamiéndose las patitas, sentada en la puerta de entrada, observando, como tatuándose en la memoria el rostro de los asesinos. Yo esperé unos minutos y luego llamé a mi padre que se encontraba laborando en la Biblioteca de la municipalidad. En segundos arribó para encontrarse con la escena que cambiaría el venir de nuestros días.

Malabarismo final

Una tarde de octubre, regresaba yo de un paseo por los alrededores del vecindario cuando me percaté que no era la única en haber salido del hogar. Obscurecida en principio para luego revelar un color aparatoso y pálido, la gata de la familia se dirigía lentamente hacía mi dirección. Se aproximaba y yo le observaba con toda la emoción que usted o cualquiera puede imaginar. Ese día atardeció precipitadamente, diría que eran las seis en punto. Cuando me vi dispuesta a cruzar la calle para enredarme en el pelaje de la gata, pude notar que de sus dientes goteaba una cascada de sangre:
Puedo jurar que la gata llevaba la mirada más fría. Puedo jurar que su sonrisa era fría, sus colmillos ensangrentados y en sus garras tenía pelos grises. Al verme, sus ojos se revelaron como indiferentes para luego, sin el menor titubeo, seguir caminando en dirección contraria. Nunca más se le volvería a ver.

Fin

Adolfo Hitler en Paris (1940)

Daniel Pommers nos trae la más reciente entrega de La Generación del Atardecer Presenta:

“Kings and sons of god
Travel all the way to earth
Coming restless mile
Easing all of them, all of them for you.
Strange Times, Here”  -The Black Keys-

Las machinas que trajeron a las fiestas este año son diferentes a las machinas que usualmente estábamos acostumbrábamos a disfrutar. Esta ocasión no hay montañas rusas o mongolas o de donde sea; tampoco barcos pirata, cajas de muerto, carruseles, martillos. Este año no hay personal operando la Verbena: por ninguna parte veremos a los trotamundos, mucho menos los recortes playeros ni gentes enclenques ni a los oprobios perpetuos. Si tienen paciencia podrán observar que la cuerda del salto al vacío no es cuerda elástica o irrompible. La cuerda no es cuerda si no helechos y espinas enrolladas. Mejores fiestas no podrían presentarse en ninguna parte del mundo.
Si acaso dudan de mi palabra, adelante, la entrada es gratuita.

Imagen de previsualización de YouTube

Para cuando el jovencito terminaba su invitación y nos señalaba con una rama la entrada hacía la Feria, dos de los escuadrones ya se habían adentrado sin consentimiento alguno en los terrenos:

Los soldados corrían intoxicados por el misterio que les convertía en disidentes, hacían caso omiso a los gritos y órdenes de nuestros líderes. Ninguno se inmutó en regresar, ni si quiera en voltearse para mostrar respeto hacia la cadena de mando. Nuestro jefe dio la orden de caducamiento. En solo segundos sometimos a la mayoría. Un disparo tras otro, haciendo su labor de contención, entrando por sus espaldas, a veces por sus nucas a veces por sus nalgas. Pudimos visualizar que seis soldados lograron escabullirse entre las carpas y la noche.

Mi escuadra se administró en el lugar rápidamente. Al entrar en la primera carpa que fue encontrada, fue encontrada también la siguiente escena:
El interior de la carpa no tenia decoraciones, solamente un letrero que leía, Pabellón de los sucios. Habían –sin mentirles- una docena de cerdos comiéndose unos a los otros; apestaba a basura y a cemento fresco porque, en el centro de la carpa, cubriendo algunos 30 metros cuadrados, se erguía una extraña estructura en miniatura. La construcción limitaba el paso de los cerdos: cerdos anómalos con pesuñas disparatadas, con barrigas a punto de reventar. “Que asqueroso” pensaba, exhibiendo ligeramente gestos de pudor. Fijándose uno en la arquitectura de concreto, la maqueta confundía los espacios y el mismísimo esquema de su organización.

-Era el pedazo de una ciudad-

En el interior se apreciaban los uniformes de los disidentes convertidos en aceras y parques y –burlescamente- los penes y testículos que una vez funcionaron simultáneamente para el daño y para el goce, ahora servían como faroles y como monumentos que irradiaban, minúsculamente, su belleza. Los callejones fueron segmentados con las partes inservibles de las metralletas y de las granadas que al parecer, juzgando por el estado tan precario en el que se encontraban, acabaron con la vida de sus propietarios: las paredes que clausuraban las esquinas estaban manchadas con sangre, pieles…carne.
Aquella noche nuestros líderes se reunieron a puertas cerradas. Se cuenta que los llantos de los sargentos y de los líderes de escuadra podían conmover hasta al esqueleto más recóndito de los infiernos. Las ferias desde entonces son fuertemente custodiadas, nadie ha podido disfrutar paseos o trillitas nuevamente. Y el miedo de ver realizada la geografía de la maldad –esa conformidad al trauma de todos- terminó por encausar guerras y exterminios…pero busque usted, en cualquier lugar del terreno, a ver si puede hallar nuestras cabezas porque pienso, me viene una vaga idea de vez en cuando: Y creo que indica que nosotros, los cartografiados, hace siglos nos venimos extraviando.

En esta entrada de Daniel Pommers para La Generación del Atardecer Presenta: se exploran, mediante recuerdos, la vida del violinista Julius Schulman, y,  su inescrupulosa pero gratificante miseria de compositor de mundos.  La memoria en este relato funciona como armadura y aparato de persuasión del misterio de pasar cada segundo en detención, cada manifestación en eterna pérdida: el violín yace muerto…usted tiene la misión de revivirle.

Imagen de previsualización de YouTube

La casa parece ser desfavorable.  Con solo escuchar el timbre de entrada se hace evidente, el sonido no rinde gratitud a visita alguna.  Cuando entras no hay recompensa, solo multitudes descoloradas de columnas y pasillos.  Al subir las escaleras que llevan a las habitaciones de reposo, sientes la repugnancia de cada escalón para contigo y, las decoraciones son incomodas – son extrañas y no son de usted, ni para usted ni para nadie.  Antes de la mudanza usted solamente estaba supuesto a las ulceras que todo buen músico ha de tener por ser buen músico.  Ahora noto variaciones en su conducta, parece un muerto, realmente, esta casa es un atadura.  Usted debe zafarse lo antes posible por favor.  Quisiera verlo intoxicado con su música nuevamente.  Quisiera que se enamorara de la madera y del hilo, como siempre fue.

-          Yo le agradezco mucho que muestre tanta preocupación, sé muy bien que no es su menester perjudicarme o verme caducar en este lugar.  Puedo entender que he colgado mi violín en la pared como un almanaque de los tiempos sin perseverancia y sin eventos. (Coloca sus manos en los bolsillos del chaleco, luego continua) Sería una pena… (acercándose lentamente hasta los oídos de su hermana)…que toda esta tristeza y perplejidad te convierta en otra persona.

-          (Retrocede unos pasos para acomodar su espalda en un armario) Por mí no se preocupe.  Soy demasiado joven para permitir que cualquier daño se involucre seriamente conmigo. (Sonríe)  Solo quiero que seas libre nuevamente.

-          Gracias pequeña.  (Se despide con un apretón de manos.  Su hermana le da un beso en la mejilla para luego pedalear su camino lejos de la propiedad)

No pienso ser insociable toda la vida.  Si es que toda la vida fui algo insólito pero no despreciable como ahora.  Tengo todavía muchas ansias de tocar y crear hasta perderme en las matemáticas de mis dedos y de los compases; aun así para matricular mis facultades a nuevas situaciones, era necesario enterrarles y enterrarme.  Como he sido dañado quiero perfumar cada segundo de mis melodías con tonos permutables y cortos y distantes entre cada uno de sus sonidos.  Pienso todo el día en el día en que mi violín peregrine hacia otra dimensión que me atrape y embruje como antes: ¡mejor que antes!  De todas formas, mi hermana se equivoca al sentenciar a la desquicie todas las columnas y ventanas y paredes de la casa.  Esta casa es como tan fría como tan pura.  No deja espacios discordantes, porque imagínese, la sala principal conecta hacia los recovecos menos pensados de la propiedad.  Hasta su jardín –nefasto como ninguno- se me figura como un anexo del sótano y sus ventanas, cuando amanece, parece hacer sinfonías con los reflejos de las hojas y los insectos que circundan este lugar.

Esta casa ha sido la paliza más bochornosa.  No tenía idea de que mi rigidez condenaba al purgatorio cada acorde, cada pieza y pensándolo bien, esta casa le dio un disparo de muerte a la mentira que creía por integridad.  Antes de la casa solamente jugaba con ser  violinista.

Una de esas tardes que me sumergía en onzas incontables de licor, ocurrieron los hechos.

Me disponía como era lo usual, cuando la borrachera terminaba por nublar mi visión, a levantarme del  sillón que miraba hacia la parte posterior de la residencia.  En múltiples ocasiones fui víctima de la torpeza y, puedo decir –con toda honestidad- que he sabido estar largas horas entre el laberinto que son los sueños y entre los pliegues de la alfombra desgastada que servía de suelo en la habitación.  A mi entender no pasaron diez minutos tratando de ponerme de pie cuando pude darme cuenta de lo que sucedía.  Desde el patio trasero se podían escuchar voces.  Miré por la ventana y observe cómo mi hermana discutía fuertemente con quien desde hace algunos meses había decido casarse y sentar cabeza.  No podía escuchar las palabras o el argumento de la discusión, tan solo reconocía la voz agitada de mi hermana.  Observé cuando una tercera persona entró en la discusión.  Se posicionó al lado de mi hermana.  Callado.  Inmóvil.  Sentencioso.  Mientras la pareja parecía incomodarse con cada segundo que transcurría, aquel hombre desconocido solo mostraba un estado de animosidad hacia el esposo de mi hermana.  Mirándole fijamente.  Cuando me dirigía hacia la puerta que me abría camino hacia la escena que, sinceramente, molestaba no solo por los gritos sino por el hecho de que mi hogar, siendo este mi aposento y lugar de escape, no debería ser -en ningún momento- asilo de tertulias malogradas o de problemas que no conciernen a este costal de huesos o a la casa en sí, escuché una fuerte detonación.  Abrí la puerta y observé a mi hermana y al desconocido con los ojos bien abiertos, encolerizados y embrujados por alguna extraña facultad abismal.  En las manos del hombre un revolver.  En el rostro del esposo de Margot una herida.  Su cachete sangraba.  Inmediatamente comenzó a gritar.  Lloraba mientras le reclamaba razones a Margot.  El desconocido tomó de la mano a mi hermana y con un empujón violento me tumbaron al suelo para salir corriendo.  Esa fue la última vez que vi a Margot.  El esposo, gracias a la mala puntería o inexperiencia o quizás intenciones vagas del tirador sobrevivió a la contienda.

No dolió el disparo.  No importó nunca volver a ver a mi hermana.  Mucho menos ver la cara cicatrizada de Elliot en los años venideros.  Lo que me causó una herida fatal fue que a los días, pasada la conmoción, pude notar un hueco de bala en la ventana.  Al seguir el trazo del disparo me di cuenta de lo que realmente había sucedido.  Colgado de la pared como un almanaque inservible yacía mi eterno cónyuge de las melodías.  Y yacía muerto.  Un disparo atravesó su madera rompiéndole las cuerdas y truncando completamente su composición.  Traté de revivirle pero fue en vano.  Nunca más volví a tocarlo.

Esta entrada de Daniel Pommers para La Generación del Atardecer complementa y completa el calamacazo distópico en donde el retumbe y el ritmo del polvo se abrió camino desde la maleza para, a vuelo de mariposa, poder asfixiarnos de una vez y por todas  en el pantano que fue, en aquellos tiempos…tiempos estos que nos engullen.

Historia Continuada. Parte Final.


-La caja era una Recompensa-

En su interior encontré dos discos en pasta: Ninguno tenía rotulación. Ambos ecuménicos impartieron en mí una extraña curiosidad.
Pasé un mes entero conviviendo con los discos. Observándoles. Limpiándoles. Arrojándoles. Nunca los escuché. Nunca los escuché hasta que un día –un día glorioso- de borrachera, corrí a recogerlos, y, luego de desempolvar el toca discos, me apresuré (casi cayéndome por los estragos del licor) a colocar uno de los discos en la reproductora.

Y esto fue lo que escuche:

Imagen de previsualización de YouTube

Mi cuerpo se encrespó. Sentí como fuertes ondas transformaban mis pieles callosas y adormecidas en electricidad. Una presión violenta que hundía mi pecho provocó vomitos que todavía, al sol de hoy, no podría explicar. Aún así, fue mínimo el dolor. Toda la maquinaria se llenó de colores: Anaranjados y cálidos. Cuando miré hacia el espejo, el reflejo de mis huesos danzaba y se hacían concretos. Se convertían en cuerpo. Bailando pude sentir los pies nuevamente. Es imposible suponer que romper con el monstruo ese monolingüe de la vagancia sería tarea fácil. Por lo que decidí –debido al hallazgo musicalezco y polícramo que movilizó mis sentidos- escuchar el otro disco.
Y desde que comenzó a sonar, más alla de las letras y de las melodías, entendí:

Entendí que no somos simples hipérboles de roña moribunda.  Que engullir las horas en barbarie nos hacía alguien: Cualquiera.  Nos convertía al cualquiera que se lo lleva el viento, el sucio, las tormentas o los matorrales.  Y que ese extraviarse no era siquiera la libertad de una existencia del anonimato que nos hace, precisamente, libres:  Sino que ante la rifa y la mazmorra de los días (con cada segundo transcurrido), funcionaríamos como penumbras, jamás como mechas, ni de la muerte ni de la nada ni de lo que realmente quisiéramos.  Comprendí que debía ser uno soberano de sí primero, para luego –cuando la reproducción de uno mismo no fuera puro sacapuntas de la arbitrariedad- poder implorar cosas hermosas.  Poder ser nuestra herramienta. Poder convocar avalanchas cargadas con vivencias para nuestro bienestar, no para la otra cosa: Para nosotros.
Así hasta el presente momento.  Me marcho de aquel lugar.  Mientras camine en dirección contraria a ese Pueblo, sabré que cada paso lo doy hacia el porvenir.  Nada de remordimientos. Me largo pero en mi despedida he dejado una sorpresa monumental. Pasó largo tiempo pero luego de haber despojado mi vida de las garras del pueblo, decidí que sudaría todo mi esfuerzo para elaborar una solución. Mi partida, más allá de huidas (si así lo quiere ver usted), es más compulsoria que un capricho de puras tramas del escape.
Los cimientos de nuestro Pueblo se irguieron sobre terreno pantanoso. La maleza tan asfixiante como era, detuvo durante largos años el hundimiento del pueblo. Ahora y, gracias a la invención de un reproductor de ondas que provocaría una inmensa dispariedad en las placas tectónicas; el pantano se convertiría en arena movediza. Por eso esta mañana, mientras todos dormían, coloqué altavoces en todo el pueblo. Hice sonar una vieja alarma de emergencia por algunos minutos. Nadie se mostró preocupado. Luego encendí el toca discos para que retumbara todo lugar, toda partícula, todos los insectos del lugar. Cuando volteé aq echar un último vistazo a lo que algún día llamé hogar, logré observar cómo el pueblo entero se hundía. Y finalmente se escucharon gritos de desesperación, llantos de auxilio y voces que procuraban otras voces. Y escuché cómo se rompían las viejas edificaciones, una por una, truncándose y sometiendo al fango a sus habitantes. Y como lo que habitó una vez en aquel lugar había perecido hace mucho, nadie nunca –excepto este servidor exiliado por obligación- se percató de que más allá de la podredumbre, de la miseria y de la suciedad de nuestro lugar, miles de mariposas habitaban desde tiempos inmemorables las casas y los alrededores. Desde aquí se siente el aleteo libertador de sus alas arropándolo todo. Al cielo no se le veían nubes aquella mañana, las mariposas en su teatro terminaron por asfixiar a los pocos que permanecían en la superficie.
Y no piense usted nunca en indagar más sobre aquél lugar. No vaya usted a fantasear con una taxidermia de aquél lugar. Después de todo, no creo que sobreviva ni el mínimo residuo de lo que fue. No obstante, si desea usted tener un romance con la nostalgia del pueblito de Jamespring, puede, si quiere apaciguar su inquietud tarareando noche y día aquellas melodías hacerlo. Pues es mejor oxigenarse en resplandores que someterse a la casería ciega de tumbas desheredadas de sí. De tumbas ausentadas de inscripciones o membretes.

Merri crismah tuh ohl

By Daniel Pommers on Diciembre 27, 2009

En esta entrada Daniel Pommers le envia una felicitación muy peculiar a las fiestas navideñas.  ¡Salud y buen viaje!

“Dreamed I was a tidal wave.
I ravaged your coast,
There were no survivors.”

-Jawbreaker-

Imagen de previsualización de YouTube

Cuando desperté me esparramaba encima de toda la costa sanjuanera y, en segundos pude sentir entre mis dedos a las cuarenta familias más emperifolladas de Condado, ahogándose en mí -al menos intentando salir a flote. Pero el hecho de ser su muerte, de ser su día final: no provocó ni el mínimo sentimiento de vergüenza. Saltando y dándose contra la espuma. Llevándose mis aguas y lo que son mis aguas vivas a la boca y entrándole por el cogote y atascándoseles en el vientre. Entonces el llanto. Entonces el remordimiento: Solo suyo.
Luego de unos meses del evento inicial –del ahogamiento- me había asentado en una casita en la costa sur de la Isla. Y como los compas de La Parguera son así como yo, así como ermitaños (tan solo en apariencias), podía entonces ajustar mi desquicie al planeamiento de alguna que otra travesura bien efectuada…no a la sin razón antes evidenciada. Para entenderme entre los amigos del pueblo solía enredarme en las discusiones sobre la temporada pesquera, solo de esta manera pasaba como un simple viejo cascarrabias con manías de viejo cascarrabias que solo habla sus delicadas pero inútiles versiones del buen vivir. Y no solo narraba mi buen vivir a los amigos, también me presentaba en las reuniones de la comunidad con el Alcalde para discutir las buenas o malas nuevas que se avecinaban para Lajas.
Pero un día una de las asambleístas de la alcaldía me hizo un cruento desaire.


Me dijo con la voz más excitada del mundo lo siguiente: “vamos a hacer el ovnipuerto porque ahora que ganó el negrito ese podemos darnos el lujo de capturar a todos los neohippies de la isla y traérnoslos para Lajas y hacer campings y fiestas alocadas y quién sabe si hasta legalizamos la marihuana en nuestro pueblo… ¿qué le parece?” –al terminar esas palabras, suspiré gravemente por eso de no darle una bofetada abismal a la criatura que balbuceaba erráticamente sus pensamientos en mí y, di la media vuelta para respirar y respirar, solo eso.
Seguido a la nota tan peculiar de la damisela de la ordenación municipal, decidí organizarles a nuestros políticos una cena navideña. En la misma tendríamos la usual bebelata puertorriqueña de pitorro, comedia, parrandas y por supuesto: una suculenta cena del país. Arrocito con gandules, lechón y pavochon pa’ la dieta, ensalada de papa, y los pasteles de la Sra. Ginebra. Ay esos pastelitos de masa cerdo con sabores ocultos y celestiales. Era como meterse un fufú rico a la boca. Era como meterse a la boca un tremendo y suculento despojo de todos los males. Pero personalmente le agregué una deliciosa y peculiar especia adicional. A cada uno de los pasteles se le administró una hermosa dosis de gargajo, dosis que fue meticulosamente escogida y recogida en una cubeta desde la boca de todos los veteranos del pueblo. Dejé que se marinara bien entre las hojas de plátano, la carne y la masa y, ¡chan chan chan! Ahí fue a parar la bilis de Vietnam y de Corea: en la panza de la municipalidad. Al final de la noche, para concretar los actos protocolares, estuve a cargo de la despedida. Y como solo yo sabía que sería mi propia despedida de aquel lugar, tuve la gracia de la sinceridad para darles a todos los asistentes una muy cordial palmadita en la espalda, claro, para luego proporcionarles una ¡senda bofetá de cachete a cachete! Y así lee el comunicado de fin de fiesta:

Espero que haya sido del total agrado para ustedes esta estupenda cena misericordiosa. Espero con el alma que entre las risas y las panderetas hayamos podido mejorar nuestra calidad de humanos para lograr mejores bríos para nuestro pueblo. Y les dejo en sus pancitas una sorpresita, claro que sí. Les dejo una huella de majestuosidad y del jarabe de nuestros compueblanos. ¡QUE VIVA! Esta noche, cuando se hayan cepillado los dientes…cuando estén dispuestos a dar los últimos bostezos antes de la cama, piensen en lo siguiente: Un día como hoy nuestros hijos e hijas celebran la navidad en un desierto que es probeta de enfermedades y locuras y problemas de la espalda y de veneno en su sangre y en sus pieles y en su cabeza que hueca como fue para luego ser llenada de metralletas y de gusarapos de cadenas de mando y de ligeros remordimientos en principio pero que luego se hacen eternos disgustos con la vida y con el mundo y con la vida de todos. Que eso de planes para el entretenimiento no es malo pero no es suficiente para darle la mano a la hecatombe de generación que luego de su exilio volverán a su patria del Ovnipuerto. ¡Váyanse todos y todas a la mierda!

“Maybe I’m obsessive to think like this.
Probably not impressing you with my cheap tricks.
Honey, it’s depressing what depression does to some.
I’ll play the part for hours
But I know you’ll never come.”

-Jawbreaker-


Del pantano nacen mariposas

By Daniel Pommers on Diciembre 15, 2009

Del Pantano Nacen Mariposas circúnda nuestro lugar, nuestra psiquis como vertientes gusarapos de lugar cualquiera.  Esta entrada de Daniel Pommers tiene como matasellos la primera parte de una distopía que hurta nuestro lugar para convertirlo en cualquier pasillo, cerradura y ventana.  Estas letras son una invitación.

Parte Primera

pantano

El pueblo en donde dormimos está cubierto por la maleza. Parece una caricatura moribunda. Nuestras tiendas, graneros, hogares, barberías y, toda la desolación que nos hace bastardos de enredaderasa, transmutaron su composición original: Nuestro Pueblo es de cartón. Cuando llueve, la gotera es granizo de cartón. En algún momento -por eso de rotular nuestra historia, por eso de hablar sobre el rapto- los moldes de cordura y sanidad, de reflexión y de respeto en nuestro pueblo, tuvieron su apocalípsis. Se dio paso entonces a una nueva e imperecedera condición comática. Y el coma se administró en todo lugar. La ira. El iletrado. El lirón:
En eso vino a convertirse.
El invierno secó los cultivos de granos. Las reservas dejaron de ser reservas y por el hambre ahora sufríamos de cólicos; ausente la fortaleza para rehabilitarnos y rehabilitar, no fueron necesarios los antiguos estamentos. Adíos al comisarío y al juez -la ley yace colgada de los pies en lo que algún día sirvió como plaza.

Hasta nunca al doctor y a la srta. curandera, para qué servirían los remedios y la medicina…en una cascada voluntaria hacía la mortandad, no es necesario tener curas. El mismo destino sufrieron la familia, los educadores, la amistad, la imaginación, el entendimiento, pues, se puede decir sin caer en generalizaciones ílogicas que, la idiosincrasia de nuestro pueblo más que aniquilada, estaba (así como su arquitectura) segmentada en iglúes que solo sirven como cónyuge de la holgazanería -tristemente, dejándose justificar con, precisamente, más holgazanería.

A nuestros niños les cortamos la lengua. No se quería tener laboratorios vivientes de fantasías o de la felicidad. Todos los niños del pueblo perecieron desauciados de ayuda médica y en completo estado de desnudez. Hoy sus cuerpos yacen a la interperie aleatoria donde su biología dejó de funcionar. Como Dios nunca estuvo en este lugar, nadie se aventuró en su destierro. La inutilidad era el evangelio y eso del sufrimiento y la compasión, tendrían la misma cabida en nuestras sienes que la facultad de amar y de amarse: Ninguna. La religión del pueblo había sido siempre el trabajo pero como se eliminó, el trabajo ahora sería el trabajo por la vagancia el nuevo estandarte. El pueblo se convirtió en una fabrica de lamerse el cuerpo hasta secarse la lengua y borrarse las pieles.

linchamiento-de-dos-jovenes-negros-en-1930

Se preguntarán entonces el por qué de estas líneas.  ¿Por qué la disidencia? ¿Por qué la denuncia? y es que el tramo que me llevó a recuperar mi cordura ha sido uno de cansancio, pero siendo yo un ser inquieto -un anormal por así decirlo- encontré la manera de cancelar el pontífice hipnotizmo que nos arropaba.
Una mañana, mientras dormitaba en el sofá, un pequeño ratonsito revolcó unas cajas que había acomodado a lo alto de mi lacena. Fue tanto el escarcéo que logró derribar una de las cajas. Al caer, justo a mi lado, pude notar la gran cantidad de polvo que, combinando su composición microscópica con la brillantez del sol, redimiendo y haciendo aquel polvo anaranjado tangible. Tangible el sol y tangible mi rostro gracias al polvo.
Limpié mis ojos, sacudí mis ropas y, puedo decir con la sinceridad más certera de todas que, el hecho de limpiarme, de sacudirme, hizo vulnerable en mí esa facultad de ruptura: Me ruborizé al sentirme sucio. Acto seguido investigué lo que se escondía en la caja.

Continuará…

Daniel Pommers nos hace un cuento de como le fue con Polbo y The Killers para La Generación del Atardecer Presenta:

Imagen de previsualización de YouTube

Cuando una multitud se reune con un mismo tempo invariable, destinado,alimentado y desconectado de lo otro -eso que no és- esa multitud del compartir interinamente: La cosa que es la comunidad se convierte en emperatriz, conviertiendo en emperatrices y en emperadores a la mayoría de los peregrinos que se adhieren y que se suministran esa Vacuna del goze para, inocular exquisítamente cada pliegue de sus pieles y sensaciones.
El Choliseo no como mazmorra. El Choliseo como confort politeísta de la maza. Para entonces -luego de escudriñar el bolsillo de tu amigo, la paga quincenal y, conflictivamente, la prisa de que Polbo abrirá el concierto y pues, sería más que una pena, sería una mierda no poder escuchar  Negra, porque Polbo siendo el opening de la presentación es el perfecto espinazo para The Killers. Pero estoy y estamos en la fila de la boletería para recoger el tiquete en la ventanilla de Will Call:  que sinceramente (a lo mejor por no tener conocimiento de la cultura del concierto) no sé qué ni cómo ese letrero puede ser en sí un anuncio informativo, Will Call? pero bueno:  Entramos y al menos los $8.50 gastados en el tempranillo barato de no sé cuál lugar que me bajé solito y rapidíto funcionó para el arranque de la función.  Añadidas sean las cervesitas que !por Dios! aunque costaron $5, sirviéron para ese mantengo implacable y voluntarioso de la tocaéra para el baile. Y pagué felizmente porque, en mi vida había comprado una cervesita en un fast-food -así que ! que viva el Church ése panteón de la fiesta y residuo del capitalismo caribeño de la bebelata y de las frituras!

Imagen de previsualización de YouTube

Lo otro es para lo del baile. ?Pero somos humanos o qué somos? Somos baile. Desde la primera canción hasta que se acabó el concierto, hasta el Denny’s y luego hasta el estacionamiento improvisado y, cuando te despides de tu amigo y, cuando te acuestas a dormir con tu beibi y aunque muertos del cansancio, todavía piensan en las luces:   el evento estuvo muy bien preparado.  Equipado con buen sonido, buena iluminación, un tremendo despliegue de luces – no sé si mejor que otros conciertos, o sea, como no fui al Kiss 3-D, como al último concierto que asistí fue a el de Incubus, como nunca había asistido al Choliseo pues, puedo, totalitariamente gritar el siguiente titular:
Aunque no se llenó a capacidad, miles de personas se zamparon en el Coliseo de Puerto Rico para Bailar y Cantar todos.  Pijos, pijas, tú, yo…en fin, Polbo y The Killers se lucieron esa noche.  Eso muchos lo podemos asegurar.

Volver a la Solidaridad

By Daniel Pommers on Noviembre 8, 2009

Danniel Pommers realiza una reflexión sobre los cesanteos en el sistema público de la Isla

Pancarta del Paro Nacional

Pancarta del Paro Nacional

“La hipocresía y la falsedad
Al fin se descubrirán
Este consejo te voy a dar
Traición trae la soledad” -Ray Barretto

Imagen de previsualización de YouTube

15 de octubre de 2009. El jueves de Paro Nacional en la Isla, más que una manifestación lapidaria de organización sindical, de movilización y de convocatoria civil –según afirmaron portavoces del gobierno de Luis Fortuño acerca del pre-durante y post alegado Paro Utópico de poca convocatoria- dejó por comprobación legendaria y puso al descubierto los referentes para eliminar esa visión de la inactividad colonial del puertorriqueño sin legado: para fiscalizar activa y militantemente, modelos de gobiernos de la mofa contra el país. La barriga, las ulceras y esa supuesta condición hiperbolezca de la eterna enajenación, que en Puerto Rico –por eso de ser territorio esculturado por el Norteamérica de la escisión y del yugo colonialista- condición manipulable y del dormilón de retratar al puertorriqueño-caribeño, como animalito mameluco de brutería: Esa Mentira. Esa concepción local e internacional del prejuicio por elitismos de personas y de países de la impresión pedante. Guaridas del vagar sin comprometerse con nadie. La epígrafe usual de seres anormales de camaradería, pasaron a la historia luego de que miles de manifestantes abarrotaron las calles y las principales avenidas de la zona metropolitana del País.

La Isla se congregó para darle una bofeta extraordinaria al gobierno.
Salimos –en una de las múltiples marchas convocadas- desde la Ave. Muñoz (frente a los portones de la UPRRP a las 9:30am). Y las consignas, el escogido de la música, las pancartas y los manifestantes, purgaban las aceras y la calle con cada paso. Entonces la roña que fue el gobierno de turno durante el Paro y, la pusilamine humildad de los gobernantes de la Isla: Gobierno ilusionista del Copperfield de los 90’s, se hizo, por clara estrategia política de la conservación, más inepto. Entonces declaraciones públicas como “no hay marcha atrás”, de Rodríguez Emma, “esos terroristas”, y un sin número de disparates del miedo, fueron hechas curiosamente desde la lejanía del televisor. Cara allí no dieron.

7828_156458547454_511292454_3284006_3541177_n

“Come, get out of the way, boys. Quick, get out of the way.

You’d better watch what you say, boys. Better watch what you say” – Phil Ochs

La Ratonera

La Ratonera

Un gobierno que cesantea- y no solo es el cesanteo ese guarida y jockey de planes emergénticos de jefaturas que, selectivamente, se ponen en marcha para saturar, vulnerar y (curiosamente) manifestarse dispuestos a: Tutelar -llevándose para llevar, según el comicio de turno, a más de 16,000 empleados públicos -sumados a miles que previamente fueron despedidos- añadidos sean los miles empleados públicos restantes, por Solución Final (así como se dilucidó tras puertas cerradas el destino de millones de judíos, gitanos, homosexuales y, disidentes en general) bajo el alto mando del Partido Nazi y del Third Reich; es todavía más violentado el hecho de que los cesanteos, por gigantismo gubernamental/crisis fiscal y toda la retragida de excusas del gobierno, adjudican el gravamen al ciudadano trabajador puertorriqueño: No al hecho de que el revés del Cesanteo, es en consecuencia -más allá de décadas de pésima administración gubernamental- una redefinición sino la más rampante contradicción que un gobierno (gobierno republicano y conservador fortuñista) puede emplear resonadamente para revalidar una supuesta moral económica, social, gubernamental.  La realidad es que la Contradicción, lo que no cuaja bien con eso de evaporar un sector tan numeroso de empleados es, complementario, con una revalorización negativa de efectivamente: Los mismo valores y creencias en las cuales, tanto Fortuño como la mayoría del aparato legislativo que dirigen el País fueron criados, cultivados; valores que han defendido y hecho una carrera política a instancias de.

F000452

No se trata de que es una Sorpresa el hecho de que esa “línea de supuesto corte duro y conservador de orientar a la población a la hora de hacer política pública” esté, cometiendo atrocidades contrarias a la realidad actual, no solo puertorriqueña, sino que de igual manera con la mayoría de Occidente: Esa no es la Contradicción. Esa no es la Sorpresa. Eso de cometer violaciones contra la comunidad gay-lésbica-transexual y transgénero; eso de que Fortuño es la pura imitación del Republicanismo de Reagan, uno anormal en cuanto a cómo reducir mediante leyes barreras, para intentar aniquilar el capital nacional -entiéndase, pequeños comerciantes y empresarios, como su política confrontativa para con los detallistas; los propietarios puertorriqueños de la Ave. Universidad (Café 103, La Torre China, Nuestro Son y otros), mediante los poderes y agendas disparatadas del Municipio de San Juan; el asinamiento de comunidades enteras, con claras miras a un desarrollo empresarial multinacional y extranjero que beneficiaria, pues es su naturaleza, bolsillos que ya duermen hinchados por la abundancia en otros continentes: Entendemos que todo esto y mucha más, va de la mano con los cinco minutos de reflexión (desviación para dar más palos cargados de prejuicios a nuestros hijos e hijas), pero eso, por más enajenado que esté de la corriente en la que el Mundo (en especial desde que el presidente Obama juramenta) está dirigiéndose, todavía todas estas atrocidades van de la mano con esa moral y política fortuñista. Aun cuando la mayoría de los puertorriqueños avalaron gigantescamente el plan de gobierno del Partido Nuevo Progresista- que es una de las justificaciones más recurrentes del gobierno de turno, sigue en ruta certera, precipicio pero todo esto se venía venir.

reagan

Lo increíble y Lo cortante: La Contradicción es que el Gobierno de Luis Fortuño hace una rotación que revoluciona la base de sistemas tan intrínsecos para su ideología como para matricular, prejuiciadamente, el Poder Económico y los intereses de una minoría de saber que de los sótanos de cada casa hay columnas reforzadas, que a su vez, dan soporte a la estructura en su totalidad; así como de la misma Familia de la que tanto se ha jactado en defender para no ser corrompida, como la propia educación que contraria a servir de trampolín y herramienta, convida más bien al embrutecimiento- y esto debido no solamente a las prohibiciones, el hecho que es el Hecho Sorpresa y Contradicción, es que desde los tiempos de antaño, cosas como la Familia Puertorriqueña (por ejemplo), cuando la Cosa se ponía Mala, cuando el alimento diario, cuando una tragedia empañaba los ánimos, etc…el patriarca en aquel entonces, la madre, padre, herma@s, tutores hoy día, no optaban ni optan, si quiera piensan en exiliar a algún miembro- dejarlo sin comer, botarlo como bolsa para la calle y, se entiende, pues hay excepciones en las que ocurren cosas así y, que efectivamente dejan sin comida, techo y calor a muchos. Ahora bien, como esa conducta no es una de beneficio en última instancia, no es una ni recomendable ni debe ser imitable.

9420_156471577454_511292454_3284105_5801156_n

9420_156471362454_511292454_3284100_6164474_n“what do you mean i have a bad attitude.

don’t get me wrong but my nature is rude.

i know when i’m getting taken advantage of.

people are people i know you make mistakes too.

call my bluff, use your power.” -Voodoo Glow Skulls

Imagen de previsualización de YouTube

Aun así, luego de que el Cuerpo que es el sector dirigente del País tuvo (sin importar las variaciones de procedencia) la dicha de la Comida-Educación-Poder Económico: Además de esa inyección de valores y morales tan fuerte en nuestra Isla, isla caribeña con culturas que se hacen multiples y diversas pero que, tomando en cuenta el background y las propias palabras de nuestros políticos, la mayoría encajaría en un pote de clara, dura y transparente inculcación de, al menos, los referentes armoniosos que dictan nuestra convivencia diaria. Y estoy seguro. Y daría todo por afirmar el Hecho de que en esa línea estrecha del conservadurismo, aunque contraria siempre a los intereses de los grupos minoritarios o desfavorecidos, se ve arreguindada de una cuerda floja si no de un hilillo muy débil cuando, por todos los medios, programa los estamentos que de alguna manera todavía hoy siguen rigiendo tradiciones y valores humanos, hacia una implosión por orden de caudillos hipócritas y fanfarrones que no tienen consideración alguna con ninguno de nosotr@s. Que no saben que la base del edificio que es la sociedad está imposibilitada de ser arreglada de un escopetazo, así como con el Cesanteo: Porque el Cesanteo es tan solo la mecha que nos catapultara hacia una lapidaria condición de detrimento social a grandes escalas, por al menos y como efecto directo de manera aguda, hasta tan lejano como los próximos dos años. Luego: el luego puede resultar tan incoveniete como cualquier predicción. Esperemos que sea uno de mejor envergadura.

9420_156471362454_511292454_3284100_6164474_n

Casi medio siglo atrás era evidente un camino por dónde rastrear expresiones de Solidaridad. Y no que al sol de hoy no existen personas en una continua lucha solidaria por el mejoramiento de la sociedad pero, y aquí radica una importante diferencia, esa Solidaridad está en un bastión segmentado y ajeno al Puerto Rico de hoy. Puerto Rico (isla telescopio) por la obvia condición colonial que se remonta a siglos de aparatos degustadores de metrópolis tan Imperialistas como lo fue España y ahora, Estados Unidos, se inscribe increíblemente, a un doble filo: Uno donde se ve comprometido ante el sometimiento colonial, entiéndase ese filo que deja rezagado una gran parte de la psiquis del puertorriqueño y otro filo, más bien borde desde donde podemos, si el ojo está capacitado para utilizar ese telescopio que puede ser invertido, extraer del Mundo según creamos a conveniencia la mayoría de las reflexiones, informaciones y manifestaciones culturales vía la cercanía de los E.E.U.U. con el mundo entero y de los E.E.U.U. y su territorio colonial puertorriqueño. Debido a esa fragmentación colonial, el mundo-en la cercanía podemos hablar sobre Latino América, Europa y el Caribe por ejemplo, están, la mayor parte de las veces, ajenos a los acontecimientos de nuestra Isla. Y sin información que trascienda el 100×35 no puede haber una vinculación moral y colonial desde bastión alguno. Sin apelar al interés mundial. Sin anexar a Puerto Rico con el Mundo (mediante una continua denuncia y expansión periodística, informativa, mediática sobre las atrocidades que se está viviendo en nuestra Isla hoy día) no hay ni habrá una fiscalización que ejerza presión sobre cosas como la Cosa tan disparatada que el Gobierno de Fortuño está cometiendo en contra de los intereses y de la integridad de los puertorriqueños.

Ahora, no tan solo sería un puertorriqueño desempleado sino que se uniría mediante el Acueducto trans-regional y global de la administración de bienes, facultades y sobre todo, al Juicio del Mundo -si hay en él algún receptor dispuesto a solidarizarse con nuestro Pueblo, debemos ser primero solidarios con cada uno de nosotros. Luego, entendiendo que si soy un ente solidario de mi y de eso/aquello que es mío, podemos transferir claramente un llamado al Solidario, un llamado al brazo siempre dispuesto de la Solidaridad. Un brazo que el puertorriqueño, desde siempre, ha extendido cuando la situación lo amerita.

7828_156457607454_511292454_3283985_790512_n7828_156457252454_511292454_3283978_6690832_n

Ilustración por Marcos Pechio

Ilustración por Marcos Pechio

Historia primera. Ocupada París, ocupada nuestras entrañas.

UnderParis2

Establezcamos de una vez lo siguiente: El ambiente o localización de esta Historia se inscribe al velo deplorador del querer vivir una mejor vida; es entonces la barbarie el imperio que circunda cada una de las escenas que leerán a continuación. Podemos decir que, impugnar ese legado de la crueldad o ese sentimiento policromano de tonos opacos –colores que visten con residuos de humanidad a estas criaturas- son, más que trajines voluntarios que se han convertido al ser humano como clavos, en una condición imperecedera de espíritus chocarreros, que se alimentan, alimentándose de sus propias entrañas. Son en consecuencia, seres portadores de miseria.

El niño rata no es ballena ni ardilla. El niño rata es precisamente un niño: una rata.

Ser niño rata por impedimento

Mis hermanos –nueve, según mi abuela decía- fueron empujados a la miseria desde el día que mamá los parió. Para entonces vivíamos en uno de los barrios más pobres de París. Mamá había hecho el nido de mis hermanos dentro de una de las enciclopedias de la biblioteca municipal, obviamente y en esto soy completamente sincero, mamá, al ser conocedora de las mañas y de la hambruna parisina de la época, escogió una colección enclenque de importancia de una enciclopedia que encapsulaba más polvo y sucio que información para hospedarlos. Desde ahí –cuenta abuela- podían observar las ventanas vecinas alumbrándose por las velas todas las noches, entre los olores a sopas y a panes que el viento permitía colar desde los callejones aledaños a nuestro hogar. Siendo yo un niño rata, siendo “un ratoncito con impedimentos” como decían todos, permanecía la mayor parte del día en una cajita llena de páginas que mi abuela, tan anciana pero tan cariñosa, había arreglado para mí. Había escogido unas exclusivas paginas de una enciclopedia universal, “por eso de que eres mitad niño” –decía que debería yo de cultivar mis saberes, pues de lo contrario, ese mágico esplendor de mi parte humana perecería y junto con ella mis ganas de vivir una mejor vida –una vida fuera de la mugre siempre ratonezca de la rata.

Como fue estipulado en un principio, la miseria del hastío del hombre y del mundo terminó por esconderse en aquel sótano que era nuestro hogar. Escapados de una algarabía de metralletas y de tanques que asaltaron las calles parisinas, una familia ocupó el almacén de la biblioteca. Y no pasaron horas cuando un escuadrón –un escuadrón de hombres grises que vociferaban un acento distinto al nuestro, unos hombres hinchados de rabia que escupían gritos encima de aquella familia, procedió a inspeccionar la biblioteca. La inspección se convirtió en hecatombe: asesinaron y quemaron a la familia y todo lo que era la biblioteca. En esa hemorragia del mundo también se vino abajo nuestro humilde hogar. Y así como tantos fueron empujados a la miseria, así mismo mis nueve hermanos, madre y abuela, fueron empujados a la Miseria. Bajo los gritos y risas de celebración de aquellos soldados, todos fueron catapultados hacia un balde de gasolina: Y allí fueron ahogados. Y allí incendiados todos. Y allí, luego del humo y de los chillidos de auxilio de mi familia, permanecí durante los próximos días escondido en un orificio en la pared. “No salgas de aquí nunca mi querido. Aunque el mismísimo Dios baje de los cielos, no salgas nunca de aquí. Aquí permanecerás seguro.” –dijo mi abuela justo antes de ser traspasada frente a mis ojos por un cuchillo, para luego ser convertida en una ceniza más.

Ilustración por Marcos Pechio

Ilustración por Marcos Pechio

Lo que la lluvia se llevó

Recuerdo que al pasar de algunos días, guarnecido en aquel orificio, el aguacero más grueso que se había suscitado durante mi corta vida se sintió en todo París. El lavado de las calles y esa coraza gregaria que poco a poco se venia gestando a mi alrededor, provocó un extraño sentimiento. Entonces el miedo de mover mi cuerpo se diluyó aquella mañana. Sentí ganas de corretear por los callejones, de coquetear con la muchedumbre que, ya no solo lloraba a sus muertos (pues se entiende que ese llanto es uno que perdura) sino que ahora se abrazaba a la corpulencia de la lluvia que limpiaba las calles de la ciudad. Cuando entré en razón, me había sumido entre las cientos de personas que corrían descalzas y, entre los insectos que cargaban nuevamente suministros exentos de piel y de sangre humana. Entonces sollozos todos nos dimos caricias solidarias: carcajadas nerviosas, gritamos groserías sobre la desquicie de aquel ejercito de la muerte, jugamos nuevamente a ser péndulos de la gracia. Aquella mañana en las calles y en los callejones de la ciudad– aunque solamente por aquella lluviosa mañana -nos amamos como nunca antes se había amado ser viviente. Sin miedo. Sin penitencias. Sin ser ilícitos.

El próximo mes transcurrió fugazmente. Todo en aparente calma: Pero como todo, también fue fugaz ese éxodo de la locura. La retaguardia siempre guardó más resignación que compromiso. Y eso, eso que se hospedó como imperceptible para todos, fue un golpe perturbador, más peligroso y efectivo en eso de sumergirnos en la mediocridad que los sucesos antes vividos.

La destreza del coordenado fue hecha para insistentes como yo. Porque no hay de otra cuando son las tres y media de la madrugada, más aún, cuando no se ha dormido ni una problemática hora. Para ser exacto, llevo trece sudorosos días con un anímico e intranquilo estado mental de menguar las horas para el descanso. Iracundo y situado en el sobrante que el insomnio dejó para tener la fuerza necesaria para levantarme a comer algo. He permanecido quieto en una esquina arrugada de las sobras que inventé como hogar. Sucede que ya se mudaron de aquí mis amigos o mejor dicho, los risueños personajes esos que dejaban entrar luz a mi orificio. Me he puesto a pensar en los posibles por qué de su partida y entiendo. Solo eso puedo hacer, entender. Por lo que embriagado y ajustado por los sonidos de la soledad, tuve mucho tiempo para pensar en todo y en todos. Con horas y horas para mitigar entre las verdades a mitad y las posibles acciones a ser llevadas a la realidad. Terminé por entender que el duelo, esa nausea de dolores, la inactividad voluntaria por vocación, eso de dejarnos morir todos: Implica ser desleal con ese dolor de todos, más que el hecho de custodiar esa facultad de graduar todo suceso que, cruelmente, que injustamente, nos convertía en granitos inválidos de control.

Invertir la muletilla de la mortaja por la Afirmación Negadora de frecuencias fraudulentas

UnderParis1
En un podio. En un callejón. Una pequeña congregación. Habla el niño rata:

-Quiero saber si mi corazón y sus corazones aguantan la presión de la que tanto hablan por ahí. Quiero endurecer el pecho y romper con mis manos el por qué de todas las injusticias a las cuales somos sometidos (pausa para beber un poco de agua) para preguntar…preguntar para igualar las derrotas, entonces sudar las cosas que nos impiden ver salida segura al final del camino. Y quiero decirle al tirano que estoy cansado de esperar. Estoy cansado de observar como se pierden en esquemas y en sufrimientos mis hermanos de la ciudad. Mis hermanos y hermanas de Paris y del mundo entero. Que aunque la lengua de todos se las a manejado para desafinarse y desafinarnos, no podemos rendirnos nunca. Que los bocetos de nuestras vidas, aunque nos engavetan, son exactamente eso, borradores por trazadores impostores de nuestras emociones, no obras terminadas. Que por más sencillo que se figure abandonarse a la muerte (mirando firmemente a los presentes) colegiarse hacia esencialismos malevolentes y malolientes del mundo, puede faltarle el respeto a ésa (señalando con las manos su cuerpo), esa voluntad inquebrantable de nuestro organismo. Que aunque gravite y se administre como una eterna descomposición del todo, aun así, se niega fuertemente al caducamiento. Que graduarse de una vida plena es en consecuencia empolvarnos de una muerte plena…

Entonces, cuando el niño rata se veía dispuesto a pronunciar las ultimas palabras –palabras que terminarían por encausar al pequeño grupo de oyentes que se había conglomerado aquella tarde- palabras trampolín de una serie de eventos venideros que enaltecerían la solidaridad y el entendimiento mutuo sobre todas las cosas: En ese pestañeo y respiro final, la audiencia esperaba con ansias el diligenciamiento de vivir plenamente, sin miedos a luchar hasta el infinito…

…como una ráfaga. Sin haber sido descubierta en ningún momento. Con la furia y el ímpetu de una depredadora, la gata Raparrigga saltó desde unas paginas que colocadas por la audiencia decoraban las espaldas del niño rata. Allí, sin diseñó alguno, sin haber visto batalla alguna, la cazadora se arrojó encima de la presa.

Ilusrtación por Marcos Pechio

Ilusrtación por Marcos Pechio

Para cuando la audiencia reaccionó del asombro, la gata Raparrigga había masticado el cuerpo del niño rata. Y por su condición de gata que nunca fue alimentada con carnes, no lo tragó. Con un violento golpe estrelló el cuerpo muerto del niño rata frente los pies –ahora convertidos en cerrojos- de los oyentes. Nadie pudo ayudarle. Para cuando se presentaron los conocedores de la salud para administrar los primeros auxilios y para tratar de revivirle, una hemorragia interminable había inundado aquél callejón. Y finalmente esa mancha: mancha intachable de futuros alientos, quedó nobiliariamente incustrada en el pecho de todos los presentes. Se habló sobre conspiraciones. Se pensó en vengar el asesinato del niño rata. A fin de cuentas, con el pasar de los días, la irregularidad que concernía a la Mancha: a la mancha y a los seguidores de la mancha, se disipó. Disipada como todo.

Todavía hoy pienso que no hubo trama más allá del hecho de que la gata Raparrigga, en su condición natural de gata cazadora, como lo son la mayoría de los felinos hembras, atacó, a su juicio, lo que se le presentó como una presa más. Una presa cualquiera. Si el niño rata fue victima de depredación alguna o si la gata Raparrigga fue victima de su naturaleza, eso nunca lo sabremos en realidad. ¿No le parece?

Daniel Pommers tiene a cargo esta edición de La Generación del Atardecer Presenta:, una instantánea del inicio del rock n’ roll en los años 50 en relación a la política, las drogas y la sociedad.

buddy-holly

La droga favorita del hombre y de la mujer común de Norteamérica hizo su agosto en los pueblitos menos poblados de los Estados Unidos para principios de los 50’s.  La droga favorita del hombre y la mujer común de Norteamérica  arropó una comunidad entera de los Estados Unidos.  La droga favorita del Norteamérica común y corriente era la benzedrina, o las bennies; vertiente que hoy día se traduce mediante una variación muy poderosa y peligrosa conocida como el meth.

El triqui y la maña de elaborar este narcótico (meth), mutado para volarle la cabeza al usuario, se compromete  con el bajo costo y con el estilo de vida vulgar y pueblerino de porqueriza  y del shoplifting a la farmacia o tienda por departamento local más cercana.  El norte de todo usuario de meth ha sido siempre la obtención de cubos, fármacos y materiales rezagados por la comisión reguladora de fármacos para producir grandes cantidades de la droga.  Para los años 50’s la cosa era otra.  Más allá de examinar el impacto contraproducente de la anfetamina (cuidadora y herramienta del American Dream) en las comunidades, llama mi atención los siguientes hechos que se desarrollan para la época:

Pueblo natal De Buddy Holly

Pueblo natal De Buddy Holly

Cuando Buddy Holly tocó junto a sus compañeros en la pista de patinaje del pequeño poblado de Lubbock en el estado de Texas, nadie – incluyendo a sus parientes más cercanos – imaginaron el revuelo que causaría esa música en la escena nacional.  Puedo evidenciar las últimas líneas con mi fiel y  estricto testimonio, ¿por qué? Claro, mi nombre es Almiro Jenkings Riviera y fui el manejador interino de la banda, o mejor dicho, fui el que guiaba por todos los lugares a donde tenían que hacer alguna presentación los Crickets y Buddy. Obviamente, me convierto al Hollysim luego de aquella noche en la pista de patinaje sobre hielo.  Luego departiríamos hacia un exquisito y desquiciado viaje por el Norteamérica del drive-in y de los sombreros.

"Deadman" de Jim Jarmusch

"Deadman" de Jim Jarmusch

Me pregunto si han tenido la oportunidad de ver un filme de Jim Jarmusch titulado Deadman.  Al inicio de la travesía –travesía por obligación, no por ocio – William Blake, personaje sumiso y pulcro, se encuentra viajando en un tren hasta un poblado muy lejano de vaqueros para ocupar una plaza vacante de contador en una empresa local, la cual se le había ofrecido de antemano mediante correo.  Siendo Blake un neo-vaquero, ya educado, ya con manerismos, y sobre todo cargado de una ética discordante –y era discordante, no por esencia, si no por el lugar hacia donde se dirigía; lugar que chocaba una y otra vez con un pueblo empobrecido socialmente, que era sometido bajo la influencia y el control de unos pocos, creando entonces una maquinaria pueblerina que respondía y funcionaba para sí, para ningún adelanto que no figurase como una ganancia económica y de prestigio para los líderes del mismo.  Ocurre que esta película puede ser ejemplo para entender el Norteamérica de Buddy Holly.  No tan sólo por el condicionamiento tan rampante y conservador de la época, sino por el hecho de que la sociedad se encausa en una ambigua cacería de fantasmas que aparentan ser perjudiciales para la integridad local.  Así como esos líderes déspotas, la Industria de la Música, y lo que es la industria de la música en conjunto con aquella  moral semi-religiosa-semi-sepulcral, era la orden.

1950s lysolSe debía acatar la orden, o la orden acataba los mecanismos más salvajes para sacar del medio toda aberración en suelo estadounidense.  Hablamos entonces de la política bizarra de los presidentes de la época y del director del FBI, Edgar Hoover.  Hablamos entonces de las casas productoras dictando sonido, composición y producción artística.  Hablamos entonces del suero todo reinante y mal aventurado de la sociedad luego de la depresión económica de los 30’s, los 40’s y de las Guerras de siempre.

Entonces se asienta usted, como buen ciudadano, en un banquito de una calle cualquiera.  Se acomoda, limita su vista hasta la esquina menos lejana y toma un poco de agua/cervesa/guiski/bennies o lo que usted prefiera.  Por costumbre saluda a los transeúntes, piensa, pues se piensa que aquél que se acomoda en asiento cualquiera es porque se dispersa entre calamidades yoístas que nadie entiende, y entre pensamientos que velan sólo por el bienestar personal.

Edgar Hoover

Edgar Hoover

Entonces la lavadora y el olor a cocina y a cafecito se convierte en las damiselas, esposas del hogar que es perfecto según el gobierno, y trasciende montañas esa idea de que el esposo es sólo hombre y se convierte en trabajador de 8am a 5pm, pues los dos nenes y dos nenas y la esposa estarán bajo el manto infortunador ése de sus espaldas.  Entonces cosas como las luces de Lubbock entran a matizar el caos apocalíptico del gobierno contra los comunistas, esos soviets que dicen van a rompernos la cabeza con un martillo y que eso de la hoz es una amenaza a la virginidad de nuestras hijas y familiares.  Entonces cuando menos se lo esperaba el Estado que son los Estados Unidos, una cortante y relampagueante onda eléctrica reventó los márgenes esos tan compinches de la miseria, para abrirle paso al baile y al calor húmedo de los cuerpos.  Se trató de repeler el rockabilly, se trató de joder con el Rock & Roll, pero anormales como Buddy y otros tantos, que aunque rezagados y digeridos hasta los huesos por la glotonería de Norteamérica, que aunque fueran tiznados de extraterrestres o de comunistas, fueron – quién sabe por qué realmente – socavando con colores una cultura divergente que socavó a su vez ese sueño lapidario y gusarapiento del Orden -de ese único y preservador Orden jodedor de vidas.AP657-everly-brothers-rock-n-roll-concert-poster-1950s

BuddyHollyCricket

/