REGRESO A CALÓ CALÓ “III”

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    En esta entrada para La Generación del Atardecer Presenta, Daniel Pommers narra el tercer fragmento dedicado a conocer los misterios de Caló Caló.

    Claude-Joseph Vernet, A Storm with a Shipwreck (1754)

    Claude-Joseph Vernet, A Storm with a Shipwreck (1754)

     

    El bar y los colores de la tormenta

    El Fabri se excusó de la mesa para ir al baño. Lo miramos ponerse de pie, tambaleándose, pero encendió un cigarrillo y de inmediato se compuso; lo observé alejarse por el pasillo del bar por si acaso la borrachera lo vencía en el tramo.

    Disculpe, ¿puedo hacerle una pregunta señor Tzara?, se escucha la voz de Sesis, de nuevo pongo mi atención en la mesa, Por supuesto, le respondo, Pregúntame lo que quieras muchacho. Y así lo hizo:

    ¿Usted dedicó toda su vida a la milicia o alguna vez tuvo familia señor Tzara?

    Al terminar la pregunta pude notar que Márena parpadeó tres veces corridas, esta sutileza era parte de un código que algunos en la aldea habíamos preparado con el fin de mantener cierto orden a la hora de tratar a los viajeros. Márena estaba alertándome sobre el peligro de hablar de nuestras relaciones íntimas antes de haber llegado a Caló Caló. Teníamos la costumbre de narrar historias de guerra abiertamente pero cuando alguien intentaba conocer más allá de eso, debíamos emplear tácticas de evasión, esto debido a que, durante años, muchos enemigos llegaron a la aldea con el objetivo de vengarse por lo que había sucedido; y, aunque había pasado más de una década desde la visita del último cazador, la actitud correcta era protegerse siempre, tener precaución, estoy seguro de que Márena no estaba acusando al muchacho, sino que solamente quiso recordarme el modo estipulado para reaccionar en estos casos.

    En respuesta a la advertencia, golpeé suavemente la mesa una vez con mi dedo, de esta manera le dejé saber a mi compañera que había visto su movimiento. A la misma vez miré a Sesis y respondí: Pues, qué puedo decir sobre eso muchacho, estuve en varias relaciones, con varias mujeres, amé a algunas más que a otras, la verdad es que los marineros somos bastante enamorados, eso sí, no miento, siempre hay una mujer que se le queda metida en la cien a uno pero, cuando era joven, más o menos con tu edad, la vida militar no me facilitó la estabilidad necesaria ni las ganas para hacerme de buena casa o para vivir con alguien. No me arrepiento de las decisiones que hice, ni para aquel entonces ni ahora, soy demasiado testarudo para eso del amor.

    Paul Thiriat, "1918 Cantigny, the castle, 1st American division"

    Paul Thiriat, “1918 Cantigny, the castle, 1st American division”

     

    Márena continuó la discusión de forma natural: Ese es el pie forzado en la vida de la mayoría que sobrevivió a la guerra muchacho, pero estoy segura que en tu caso la historia es diferente, cuéntanos, ¿qué aventuras vive un joven como tú, hay alguna persona o señora Roffner esperando por ti?

    No, por el momento estoy dedicado a viajar por las zonas libres, y en todo caso, habría un señor Roffner no una señora pero, no he tenido el placer de enamorarme a tal grado de abandonarlo todo. . . Creo que la soledad es algo normal para alguien joven como yo, tengo veintitrés años de edad, me falta mucho por vivir.

    Eso es verdad, le dije alzando mi vaso para brindar nuevamente, Salud por las aventuras muchacho, salud, que conozcas todo lo bello que espera por nosotros. Que los misterios de la humanidad se descubran para ti.

    El desquite de los olvidados

    Fui al baño. Al abrir la puerta vi el cuerpo de El Fabri desmoronado encima del urinal. Me acerqué y pude notar que no respiraba. Tenía la nariz y la boca cubiertas de sangre. Lo cargué en mis hombros con la intención de alertar a Márena sobre lo sucedido. Al salir del baño me detuvo Sesis. El muchacho apuntaba un revolver hacia mi cabeza: Deténgase, me ordenó, Escuche, ponga al muerto en el suelo y siéntese, con calma, no se atreva a hacer nada porque disparo.

    Lo miré y siguiendo sus instrucciones coloqué el cadáver a mi lado. Cuando iba a sentarme aproveché para ojear el salón principal del bar pero no hallé a Márena, tampoco pude ver rastros de sangre. “¿Quién será este muchacho? Es demasiado joven, no sé qué tiene planeado hacer conmigo.”, pensaba sin distraer mi mirada del muchacho, levanté las manos mientras le hice la pregunta: ¿Cómo te llamas realmente? ¿Qué es lo quieres de mí?

    Mi nombre es Sesis Roffner ya se lo dije. Y no se preocupe por Márena. Se fue a dar una ronda en el hospedaje para verificar a los otros clientes. Dijo que tardaría media hora como mínimo.

    Muchacho, si necesitas dinero la caja fuerte abre sin códigos, tómalo y lárgate.

    Voy a llevarme el dinero pero primero quiero que me escuche. Llevo más de una semana estudiando la dinámica de esta aldea, sé a las horas en que se despiertan todos, sé cuántas personas se hospedan ahora mismo con Márena, sé que usted y ella son pareja o que por lo menos disfrutan de sus encuentros secretos, los he visto teniendo sexo de madrugada.

    Entiendo. ¿Qué buscas conmigo? Estoy dispuesto a cooperar.

    Aquí tiene, esta carta es para usted, léala, dijo entregándome la hoja suelta.

    Bien, leeré la carta pero, por favor, no me apuntes más.

    Cállese y lea.

    Así lo hice:

    Teste,

                Lamento las circunstancias en que mis palabras han llegado a ti. Me disculpo pero, para mí, el sentimiento es de alegría. Si me estás leyendo es porque la misión de Sesis ha terminado, finalmente podrá regresar a la tranquilidad del hogar que juntos hemos construido. Quién soy yo, poco importa. En cambio, la identidad del joven que tienes en frente sí amerita tu atención. Él es tu hijo Teste. Nunca pude darte conocimiento de esto porque desapareciste. Como la mayoría de los marineros eres un hombre de mundo, no estás hecho para los amarres, eso lo entendí siempre. Sesis no sabe que eres su padre. No sabe leer. La única explicación que le di fue que debía encontrarte y asegurarse de que leyeras esta carta. Probablemente piensa que eres una amenaza, no dudo que haya recurrido a la fuerza para completar dicha petición. Te recomiendo permanecer tranquilo, si en algo Sesis se distingue es por su carácter, es un joven violento, desde niño fue entrenado para la guerra por uno de los grupos mercenarios en Satélite Uno. Nuestro hijo nació con la misma sed de venganza que tú, pero a diferencia de nosotros, la época de su lucha ha sido reducida al estipendio.

                En ti queda la responsabilidad de explicarle a nuestro hijo quién eres. Espero que puedas absorber el contenido de esta carta con compasión. Espero que hagas lo correcto.

                                                                                      Un beso desde la nevada.

    Continuará. . .

    barco de guerra

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      Autor de la entrada

      Esta entrada fue escrita por quien ha escrito 39 entradas en Frecuencias Alternas.

      Daniel Pommers (Ceiba, 1985). Estudió bachillerato en Sociología en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras y en el Programa de Maestría en Creación Literaria de la Universidad del Sagrado Corazón en Santurce. Es autor del libro El esqueleto presenta (Ríos Piedras. Editorial Bacanal, 2009) y Que así sea: Poemas 2005-2011 (Trujillo Alto. Gato Malo Editores, 2013); asimismo, ha colaborado en revistas y periódicos nacionales como la Revista Bacanal (varios volúmenes), La Polis, Hotel Abismo (volumen #6), Periódico El Rehén, TeknoKultura, Letras Salvajes, Revista Digital Voces Subversivas a la vez que continúa su labor cultural en chocarreras.blogspot.com publicando relatos, poemas, crónicas y ensayos. Actualmente forma parte de Generación del Atardecer Presenta y es presidente de la editorial puertorriqueña e independiente Gato Malo Editores.