REGRESO A CALÓ CALÓ

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    En esta entrada para La Generación del Atardecer Presenta, Daniel Pommers narra el primer fragmento dedicado a conocer la vida de Teste Tzara después la Última Guerra.

    Nuestro principal problema, incluso ahora, es que nos resulta más sencillo imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo.

    Slavoj Zizek

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    Ivan Aivazovsky (1817-1900)

     

    La aldea en Caló Caló

    Las guerras en las playas de Berutz habían terminado. Algunas milicias juraron nunca volver a disparar sus rifles, y así lo hicieron. Durante la década de paz, las familias, los comités de ayuda y la gente que había venido buscando refugio permanecieron en la zona de combate, todos trabajaron juntamente construyendo un puerto a orillas del océano rojo. El mercado de bienes se reestableció con nuestros vecinos, los calocalonienses.

    Caló Caló es una región secreta donde veteranos o cualquiera con conocimiento en navegación puede visitar y hospedarse, la ordenanza del gobierno calocaloniense les asegura a los viajeros un pedazo de tierra y la oportunidad de olvidar los desastres que vivieron en la guerra. La bonanza no vino por voluntad del azar; Generales como Yusto San Puerco controlaron las fronteras entre ambos lugares hasta que, cansados de la oficialidad y sus injusticias, los habitantes se organizaron para combatir; entonces el poder quedó en nuestras manos y no en regímenes de la muerte (Para obtener más información sobre las batallas durante la Última Guerra, refiera su lectura a las crónicas de los soldados Bokof y Sesis Escamora o  léase el libro titulado De Cahnaps y otros mundos) pero no se preocupe, luego de varios tragos le hablaré sobre mi experiencia en la guerra.

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    Ahora navegamos los mares libremente pero lo hacemos con cautela, hay criaturas habitando el frío de las profundidades, con el pasar de los años estos engendros marinos han asesinado a centenares de personas; la ferocidad de su naturaleza se debe a que aprendieron a sobrevivir comiendo de nosotros, son el único peligro en el trayecto entre Berutz y Caló Caló. Según lo narran los viajeros y los borrachos de la aldea, la maniobra para escapar de los monstruos es navegar con ligereza, la misión es navegar evadiendo la tentación de descansar pues, cuando una nave está inmersa en el profundo tramo, no hay tiempo para perezas, menos para experimentar serenidad. La flota calocaloniense vigila el comportamiento de las criaturas con tal de ofrecer vías alternas que sean seguras, asimismo, los marineros han preparado manuales de cacería para aniquilar a las especies agresoras de menor tonelaje. Si alguien es lo suficientemente astuto y consigue atrapar a uno de estos monstruos, a su regreso tiene la encomienda de preparar una fiesta en donde la carne de la criatura se ofrenda a los integrantes de la aldea; tan pronto llegan a tierra, la tripulación se reúne con sus seres queridos y cocinan un banquete para todas las familias; celebran durante tres días, embriagados en licor y abasteciéndose de comida hasta que la captura termina repartida en porciones iguales.

    Mi plan de regresar a Caló Caló y comenzar de nuevo funcionó como lo había pensado, en cuestión de meses me hice propietario de este bar. Desde entonces he vivido a las afueras de la ciudad, sin mayor preocupación que no sea ofrecer buen licor a quienes llegan a mi puerta. Los años, la intuición militar y la disciplina han hecho de mí un hombre diligente, maduro, responsable. Por ese motivo es que siento una gran responsabilidad de velar por los demás, el simple hecho de intentarlo me agrada, ¿entiende lo que digo?

    Lo entiendo perfectamente, me responde el viajero.

    Muy bien, le digo señalando hacia fuera del bar, Mire por la ventana, fíjese en el color de las nubes. Una tormenta se aproxima. Si lo desea puedo comunicarme con Márena, es la encargada del hospedaje, así le reserva una habitación para que usted pueda pasar la noche en un lugar seguro, limpio, y lo más importante es que el hospedaje queda a pasos del bar. Ese es el hospedaje de Márena. Mire su fachada, es una casa hermosa de dos pisos, con habitaciones cómodas, incluso las amapolas de las terrazas son escogidas por Márena, ¿qué le parece?

    Sí, estoy de acuerdo con usted, dice el muchacho, Me gustaría reservar una habitación, la verdad es que me hace falta descansar, debo recobrar fuerzas antes de seguir mi viaje.

    No se preocupe, ahora mismo llamo a Márena. . . Si no puede dormir, sepa que el bar estará abierto. Durante las tormentas es costumbre que los clientes vengan a comer y a pasar el temporal aquí. Usted está invitado.

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    El bar y los fantasmas de Teste Tzara

    El muchacho se retiró. A las dos horas lo vi entrar de nuevo en el bar. Para entonces, El Fabri, un doctor berutziano y retirado que se mudó a la aldea hace dos décadas, ya estaba borracho y nostálgico. Mientras comíamos, los clientes y yo lo escuchábamos hablar:

    Noches así hacen que uno recuerde los tiempos cuando algo tan hermoso como agarrarse de las manos o abrazarse era una respuesta contra los trastornos de la guerra. La memoria puede herirnos. Piénsenlo. Los cuerpos que sufren demasiado se congelan, no saben cómo amar de nuevo. La serenidad que alcanza a ocupar su cerebro se tropieza con los recuerdos y regresan a la miseria. Alguna gente se emborracha y piensa en sus dolores pero, cuando el licor abre la boca, a veces podemos mirar una sinceridad hermosa en el rostro de la borrachera. Es cierto, “Respirar es una labor obligatoria que la humanidad no se cuestiona”, eso me dijo un marinero borracho hace años, yo nunca había pensado en algo tan específico. Creo en buscar la comodidad para entablar conversaciones y pienso que la hermandad es posible, aun cuando la vida instamatik sea lo que mueva el tren de las relaciones humanas. Me pregunto si a ustedes les parece correcto hablar sobre lo ocurrido durante la guerra, para mí, sí, lo sé porque conversar es lo que hago, y escuchar pues tengo confianza en que uno puede hallar felicidad en el instante menos pensado. Creo en la estrategia de relacionarme con personas que me hagan sentir en buen lugar, en la seguridad de que compartimos emociones, que a veces somos análogos, me agrada pensar que tengo una especie de membresía invisible que me invita al progreso y no a los conflictos traga humanos, hablo de las atrocidades que ya vivimos, antes, cuando perdimos la cualidad de reconocer nuestras diferencias y terminamos denigrándonos en nombre de la libertad pues, durante la Última Guerra, los combatientes de toda latitud olvidamos la importancia de amar la sorpresa de los mundos. Supongo que por eso me encanta ver filmes de cualquier época y de otras naciones. Por eso no me agradan las discusiones entre personas que no moderan su tono de voz, hablo de aquellos que intentan controlar nuestra vida pretendiendo atrofiar la paz en regiones libres como la nuestra pues, como solo buscan imponerse, lugares como este son confines desconocidos para los intrusos. Pero la vida no es así para nosotros. Después de la guerra hemos sabido bautizar aldeas nuevas y universales. Esa es la victoria, la garantía de rodearnos de compañía sensible, así podemos mantener el flujo de recursos intelectuales y artísticos en orden. En lo personal, no aspiro a organizar campañas o guerras contra personas allegadas ni creo en perseguir a quienes podrían llegar a mi vida. Prefiero amar, y por amar simplemente quiero decir que me gusta posicionarme en la marea que no violente a mis semejantes. Quisiera ver a mis amistades conseguir su felicidad porque somos una hermandad de amor que se niega a morir.

    Continuará. . . 

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      Autor de la entrada

      Esta entrada fue escrita por quien ha escrito 39 entradas en Frecuencias Alternas.

      Daniel Pommers (Ceiba, 1985). Estudió bachillerato en Sociología en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras y en el Programa de Maestría en Creación Literaria de la Universidad del Sagrado Corazón en Santurce. Es autor del libro El esqueleto presenta (Ríos Piedras. Editorial Bacanal, 2009) y Que así sea: Poemas 2005-2011 (Trujillo Alto. Gato Malo Editores, 2013); asimismo, ha colaborado en revistas y periódicos nacionales como la Revista Bacanal (varios volúmenes), La Polis, Hotel Abismo (volumen #6), Periódico El Rehén, TeknoKultura, Letras Salvajes, Revista Digital Voces Subversivas a la vez que continúa su labor cultural en chocarreras.blogspot.com publicando relatos, poemas, crónicas y ensayos. Actualmente forma parte de Generación del Atardecer Presenta y es presidente de la editorial puertorriqueña e independiente Gato Malo Editores.