Naves

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    En esta entrada para La Generación del Atardecer Presenta, Daniel Pommers narra lo sucedido durante una misión de transporte a través de la ruta oficial entre Berutz y Cahnaps.

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    Ruta oficial y mercado negro

    Para viajar a otros satélites es preciso solicitar dos permisos creados por los comités de Registro Oficial de Berutz, formalidad que al ser completada a tiempo representaba una ayuda para quien reconociera la necesidad de mantener la continuidad de su empresa; si la ruta de transacciones de los negociantes es protegida por la oficialidad, el flujo de recursos de la comunidad satelital no se afecta, el mismo servicio de exporte de mercancías le asegura a Berutz un ingreso considerable. Según lo certifican los comités, en este protocolo de comercio la oficialidad invierte su presupuesto ya que las exportaciones y los viajes benefician a ambas partes; las autoridades formalizan un registro de ruta comercial eficiente, más cuando el peticionario es responsable y no permite que los plazos caduquen y sean catalogados como negociantes obsoletos. Gracias a mi experiencia piloteando naves con las milicias berutzianas que se formaron para ocupar los satélites cercanos, puedo testificar que estos trámites para mover de un lugar a otro los productos es un beneficio real; desde que se instituyó el nuevo reglamento de protección sobre el transporte en las vías, tenemos un comercio eficiente. El Registro Oficial comisiona a personas como yo para viajar en sus naves, el objetivo es asegurar que la exportación de los cargamentos de Berutz llegue rápidamente a su destino, no hay intromisión de terceras personas en el manejo de los productos nativos. Esa garantía ha catapultado las ganancias para la mayoría de los exportadores. Con la implementación de estas ordenanzas no podemos afirmar que el mercado negro entre Berutz y Cahnaps se haya erradicado, sin embargo, se hicieron ajustes para que el producto registrado fuese la inversión más accesible para los negociantes; esto ha puesto en cuestionamiento el libre movimiento de las redes subterráneas, anteriormente el mercado negro era la opción más atractiva debido a que los costos de transporte eran módicos aunque, la calidad original así como el tiempo de espera por la mercancía, dependían del expertise de cada facilitador; a diferencia de la ruta oficial, este sistema falló porque el empresario debía aventurarse a confiar en los supuestos méritos que las micro movedoras les prometían mediante acuerdos individuales. Los incidentes en la entrega de productos fueron tantos que los exportadores y sus clientes decidieron fundar un concilio con el fin de utilizar una sola ruta, una vía que les beneficiara sin experimentar las fallas operacionales del mercado negro; aunque algunas micro movedoras todavía laboran utilizando los mismos formatos de transporte, muchas empresas perdieron el monopolio y la exclusividad de los recursos que antes importaban con regularidad.

    Las naves de transporte de las misiones están preparadas para maniobrar durante emergencias climatológicas y, aunque el problema de toparse con enemigos ya había mermado, contamos con la asistencia de un personal táctico, por lo regular viajamos junto a seis soldados, entrenados por la milicia berutziana; ellos tienen la facultad para hacerse cargo de la navegación y si alguna situación amenaza nuestra misión, la regla nos exige  cederles los puestos de control a los milicianos.

    iceberg 1

    Iceberg sintético, zona este de Cahnaps

     

    Según lo ordenó el oficial de exportaciones, nuestro próximo transporte será navegar hasta la zona este de Cahnaps donde depositaremos un iceberg sintético, el comprador nos hará entrega del pago en tiempo real; prefiero que el dinero sea transferido a la cuenta pero conozco al cliente, siempre ha hecho lo mismo: nos recibe con el pago y le agrada que permanezcamos varias horas en su propiedad, nadie protesta porque es un cliente fijo y la verdad es que recibimos un excelente trato; siempre ofrece las mejores condiciones para disfrutar la estadía en la zona. Su nombre es Sassimir, una máquina de primera generación que está a cargo del ministerio de educación sobre la convivencia con los humanos. Sassimir es de los pocos no humanos que todavía prefieren importar recursos producidos en terreno berutziano; dicha filosofía está fundamentada en la necesidad de preservar los lazos diplomáticos que existieron antes de las guerras satelitales, según él, las mercancías humanas son ejemplos de una manifestación antigua y honesta, esto debido a nuestra labor de transferir sistemas de ordenamiento que apoyen la noción de una realidad humana que se niega a extraviarse. Sassimir dice que viajamos a través del universo porque somos huéspedes originales de una sospecha eterna. Muchas personas no profesan las doctrinas de Sassimir, opinan que para un sintético es imposible englobar la complejidad y las contradicciones de la voluntad humana en un axioma; de igual manera, aseguran que el dilema sobre lo humano que inquieta a los sintéticos se debe a que no pueden hallar lugar para su autonomía dentro de las instituciones que han funcionado durante siglos de humanidad, humanidad que precede materias sintéticas y por tal razón es indiscutible el hecho de que somos variables externas a la máquina; esta doctrina humana es apoyada por personas influyentes y postulan que Sassimir, siendo un ente sintético, solo puede intuir vagamente por qué razones adoptamos identidades y roles a veces extremos pues, el carácter humano que nos define como especie responde al hecho de que pertenecemos al reino animal, no al diseño ni a circuitos de una invención sintética; esa es la actitud que adoptaron la mayoría de los sectores luego de La Última Guerra. En lo personal, pienso que la acción de cuidar la estabilidad regional es un deber de todos, creo en mantener el bienestar común, creo en sobrevivir, este modos operandi es parecido a lo estipulado en las reflexiones de Sassimir sobre la humanidad y el por qué seguimos inmersos en el trabajo como si, el trabajo en sí, fuese una especie de incentivo real, una justificación para explicar la totalidad de las motivaciones que operan sobre cada persona, por así decirlo, Sassimir no se equivoca cuando habla de que en nosotros hay una voluntad que nos ha obligado a tomar decisiones arriesgadas, por ejemplo, viajar el universo y encontrar domicilio nuevo aunque sea mediante ocupaciones violentas.

    Nave ballena

    Moby Sub

    Moby Sub

     

    Para transportar el iceberg nos asignaron una nave gigantesca, un modelo antiguo pero confiable que habíamos apodado Moby Sub pues, a pesar de su gran tamaño, los compartimientos y pasillos en su interior eran estrechos, peculiaridades que imitaban la forma de los U-Boats. Sin embargo, el diseño de esta nave fue hecho estrictamente para transportar grandes cargamentos, por eso en relación a la misión, la nave es perfecta, la coalición puede asegurarle al cliente que, el hielo, dirigido hacia el este de Cahnaps, no sufrirá daños o problemas de navegación en la ruta espacial. Puedo decir que soy uno de los pilotos más exigentes, investigo cada una de las naves de transporte que nos asignan, sin importar cuántas veces haya piloteado la nave preparo un croquis de toda la máquina pues con el pasar de los años he adquirido un carácter afanoso, de veterano, por eso soy estricto; sobre nuestro Moby Sub, tengo conocimiento de que el espacio en su cabina interior no será incómodo para la tripulación, lo sé porque el personal fue escogido por mí; por cuestión de seguridad tengo la costumbre de viajar con las mismas personas; diez viajeros me acompañarán en el viaje hacia Cahnaps: seis civiles veteranos en navegación y cuatro milicianos de la vieja guardia que, usualmente, son asignados por el Comité Oficial, pero, según lo dicta mi contrato, los milicianos se integran a la tripulación luego de haberse entrevistado conmigo. El hecho de conocer a todos desde hace más de una década me permite confiar en las decisiones que la escuadra de milicianos tomará si hay algún problema; así le garantizo al exportador que el cargamento estará protegido en todo momento. Mi predicción es que viajaremos tranquilamente por la ruta oficial. Si ejecutamos el protocolo de viaje que he preparado, estaremos un máximo de dos meses fuera de Berutz.

    Los propulsores se encienden. Comenzamos la misión. Nuestro capitán, un civil con experiencia en ofensivas al igual que yo, ha pasado treinta años laborando en el espacio, confío en él y claramente el sentimiento es recíproco pues siempre me ha encomendado pilotear las naves. La ingeniera es una compañera del Satélite Europa, se llama Pel, hemos viajado juntos por más de veinte misiones en la mayoría de los satélites de este sector, ciertamente, puedo decir que es el sector más dificultoso pues, la contaminación, flotante y acumulada en la ruta oficial, ha llegado a golpear nuestras naves en múltiples ocasiones averiándolas críticamente. Pero Pel nunca ha fallado en resolver los problemas de la maquinaría; siempre he pensado que su carácter es parecido al mío, me explico, tan pronto sucede algún evento inesperado, Pel ha sabido movilizarse en cuestión de minutos hasta la superficie afectada y, sin titubear, comienza a laborar mientras comunica a la tripulación la magnitud de la situación a la vez que informa las posibles soluciones; digo que es parecida a mí porque, a la hora de pilotear hago lo mismo, si de repente me toca cambiar de rumbo, rápidamente le informó al capitán cuáles opciones de evasión debemos tomar, detallo el porqué de la emergencia y siempre soy fiel a la orden final que imparte el jefe.

    El radar será vigilado por Ermis, es un hombre callado con la dedicación necesaria para mantenerse despierto y con los ojos enfocados en la pantalla de ruta, es un hombre seco pero amable, a pesar de que es el menor de la tripulación, no miento cuando digo que es uno de los mejores veladores espaciales de esta generación. Asimismo, es un honor poder navegar bajo la tutela de nuestro capitán; sobre él, basta decir que su nombre y lugar de procedencia no pueden ser revelados en ningún momento; de esta manera el Registro Oficial protege la identidad de sus empleados más diestros, así evitan que fuerzas externas a su régimen intenten contratar o eliminar el servicio de dichos recursos.

    La ruta oficial había sido diseñada para que las tripulaciones se mantuvieran despiertas. Debido a la rapidez de los viajes, no era necesario utilizar métodos como la travesía comatosa. El beneficio de estar alertas creaba una atmósfera de curiosidad entre civiles y milicianos; al navegar sentíamos el abrazo de la compañía humana conociendo historias de guerra o anécdotas de otros satélites.

     La intimidad en la oficialidad

    El primer mes de navegación siempre es igual, esta vez, la experiencia no fue diferente. La tripulación se aclimató a las tareas y dispuestos a iniciar el segundo ciclo, o sea, el segundo mes de viaje, pude identificar la peculiaridad con la que cada uno iba juntándose con los demás. Vi a uno de los milicianos más jóvenes enamorarse del capitán, eventualmente se hizo obvio que durante las horas de descanso ambos disfrutaban de los placeres de su compañía; el joven visitaba al capitán todos los días, hacían el amor en la cocina, en la enfermería o dónde quiera que sintieran ganas de comerse. También vi la formación de un grupo que por lo usual se reunía alrededor de Ermis para hacerle compañía. Mientras Ermis vigilaba los movimientos en el radar, varios tripulantes, tal vez atraídos por la serenidad que reinaba en el salón del vigía, pasaban horas juntos narrando historias de las oportunidades de empleo que les esperaban al retornar; hablaban y bebían licor hasta quedar dormidos de la borrachera.

    Pel fue acercándose a mí con la intención de capturar mi atención, lo hizo de manera dulce, en este viaje su mirada me pareció más compleja; yo miraba su boca siempre, según ella misma me dijo luego, exactamente movida por mis gestos fue cómo pudo olvidar el protocolo que prohibía la intimidad entre empleados. Así se juntó conmigo. Desde que se metió en mi cama aquella vez, no hemos parado de hacer el amor, lo hacemos siempre que es posible, esto sucede dos veces al día por lo menos. En el segundo ciclo de navegación me enamoré de Pel, de su desnudez cubriendo mis muslos, del olor de su saliva en mí, de su boca y la mía abriéndose cada vez que lo hacíamos. No sé si es amor pero, en esta misión, viajar por el espacio dentro del húmedo cuerpo de Pel es lo más que ambiciono. El hecho de juntarme con ella me provoca recordar las veces que he estado involucrado con otras amantes. Al evaluar mi comportamiento en relaciones anteriores, ahora experimento una sensación de paz que me hace entender con mayor sabiduría la importancia de la honestidad. Así me relacioné con Pel, siempre hablándole con la verdad. En esta vida, más cuando el trabajo que escogí es el de pilotear naves, la verdad puede ser muy dolorosa para la persona que comparte nuestra intimidad. Esta vida es para criaturas solitarias, para los amanecidos, para quienes no podemos parar de consumir y tragarnos los vicios más oscuros con tal de navegar el vacío espacial como se debe. Por esa razón es que la melancolía suele hospedarse en nosotros pero, esa tristeza es normal, uno acepta que vivir así es la tarea que nos toca. Esa verdad se hace un infierno para mis amantes. Pero, esa verdad es la única que no voy a cambiar por nadie. Es una de las peores encomiendas que puedo exigirle a cualquiera incluso a una mujer como Pel, lo sé porque, de todas formas, las sombras terminan ganando las batallas contra la confianza, es lamentable, pero esto sucederá aunque Pel sepa conocerse libre y no presa de los reinos desconocidos de mi verdad.

    Según lo habíamos planeado, Cahnaps y el azul de su brillantez se hicieron visibles durante la etapa final del segundo ciclo. Desde el contacto inicial hasta completar el descenso hacia la base de Sassimir, la tripulación regresó a la rigidez y a los protocolos de navegación que exigían sus labores. El personal se mantuvo enfocado en las maniobras de anclaje y en proteger las buenas condiciones de la inmensa mercancía.

    Berutz

    Zona este de Cahnaps

     

    Desde la primera ojeada a la ciudad base de Sassimir noté que nada había cambiado. Las facilidades que conformaban la universidad estaban limpias como siempre, asimismo lucía el sistema de circuitos de informática, parecía haber sido construido recientemente cuando, en realidad, eran las mismas edificaciones que vi cuando visité este lugar la primera vez. Para mí, el hecho de que el este de Cahnaps existiese, que pudiéramos visitar el lugar donde Sassimir había fundado su hábitat décadas atrás, lugar que permanecía intacto a pesar de su lejanía geofísica, sin duda alguna, era el mejor ejemplo de perfección al momento de articular desde cero los muros de una ciudad, más cuando el objetivo es la supervivencia de una ciudad totalmente sintética.

    Antes de anclar, depositamos el iceberg en la zona que había sido estipulada en el contrato. Todo fluyó en orden y sin novedad; finalmente, llegamos a la base principal para el intercambio monetario con nuestro cliente. Sin importar que ya lo conocíamos, Sassimir se presentó formalmente ante los miembros de la nave, dicha bienvenida es costumbre de los modelos sintéticos pertenecientes a su generación; así lo dispone el reglamento universal de relaciones entre humanos y sintéticos; de esta manera activan una codificación que fue regulada por los jefes de distrito con el propósito de que el sintético entendiera su compromiso de funcionar empáticamente durante la interacción con invitados humanos. Como de costumbre, Sassimir procedió a efectuar el pago después de la bienvenida. El único tripulante autorizado por la oficialidad para manejar el intercambio era el capitán; él revisó la totalidad acordada y, como esperábamos, Sassimir había cumplido al pie de la letra con su parte del trato. Según lo disponía el protocolo, el capitán debía regresar a la nave siendo escoltado hasta su camarote junto a dos milicianos con el encargo de atestiguar el momento cuando el depósito del pago se guardase en la caja fuerte.

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    Pel, en dos horas abordamos la nave, dije abrazándola. Ella sonrío y dijo: Entonces voy a descansar, quiero dormir un poco antes de comenzar el despegue. Tal vez sus palabras me sugestionaron el sueño porque de inmediato sentí mucho cansancio, sabía que luego de despegar pasaríamos un mínimo de cuatro horas maniobrando nuestra salida desde Cahnaps hacia el horizonte espacial. Me recosté en la camilla de la enfermería.

    El espanto de la sirena de emergencia me despertó. Al abrir los ojos reconocí la voz del capitán informándonos sobre la situación: Necesito que todo el personal ocupe sus puestos. . . La ingeniera Pel acaba de encender su localizador, la señal de auxilio indica que se encuentra en la zona donde se depositó el iceberg. Cuando Pel transmitió por la frecuencia de su traje lo hizo brevemente, solamente se registraron algunos gritos.

    De inmediato me puse el traje y salí de la nave. Mi experiencia en el sector me ayudó a llegar a la señal que emitía el localizador de Pel. En menos de dos minutos me abrí paso por el azulejo y desértico terreno de Cahnaps. A pesar de la brillantez del hielo chochando contra el campo visorio que provocaba el reflejo de la luz en el cristal de mi traje, hallé a Pel.

    Al mirarla supe que las posibilidades de salvar su vida eran pocas. El lado izquierdo del rostro de Pel se había pegado al iceberg. Si aplicábamos calor alrededor de su rostro, el hielo sintético caería por su torso congelando al instante su garganta y su pecho, sus órganos internos dejarían de funcionar; así de cruda fue mi predicción incluso cuando se la comuniqué a Pel mientras la veía perder el conocimiento. Me fijé que Sassimir también había llegado al lugar; Sassimir observaba a Pel mientras el iceberg le pulverizaba la piel lentamente. Escucha atentamente amigo, me dijo Sassimir mirando a Pel, Las opciones para salvar a tu compañera se extinguen rápidamente. Corta el pedazo de hielo, le ordené a Sassimir, Córtalo y la llevamos a la nave. No, me respondió distanciándose de mí, Lo siento amigo, tengo que seguir las ordenes, el iceberg no debe sufrir ninguna alteración. Aunque sus palabras me sorprendieron, insistí: Ese no es mi problema, hay que evaluar la manera de extraerla de este pedazo de hielo, expliqué con precisión, Sé que vamos a dañar su rostro de manera permanente, eso lo sé, pero si no lo hacemos morirá, si la dejamos un minuto más aquí la perderemos, no tenemos opción. Voy a cortar el pedazo que tiene pegado a su cuerpo así que busca tus herramientas y cortemos el hielo. No, dijo Sassimir, La decisión de alterar la forma del iceberg no es mi encargo, así lo detalla el contrato, ustedes se encargan de la entrega, una vez la tarifa estipulada por la coalición ha sido efectuada las instrucciones a seguir por ambas partes son claras, la única gestión que puedo ejercer sobre la forma y el estado del producto es conservarlo. . . Entiéndalo amigo, la negligencia de su compañera fue acercarse a la mercancía, su error no me obliga a seguir ningún protocolo.

    Pel

     

    En ese momento el capitán me ordenó extraer a Pel del hielo, la comunicación solo debía escucharse dentro de mi casco mediante el registro secreto de la frecuencia del capitán pues estaba impartiéndome la orden de salvar a Pel con la clara intención de que debíamos obviar la postura de Sassimir: Extraiga a la compañera ahora mismo, no se preocupe por los daños que sufra la mercancía. Tan pronto culminó la transmisión del capitán, me di cuenta de que Sassimir había escuchado las órdenes. Lo vi empuñar una de sus herramientas, un sable de metal, por un momento pensé que había recapacitado: Amigo, dijo Sassimir, Esas órdenes no tienen validez aquí. Entonces alzó el sable y lo empujó en la cabeza de Pel. Vi mucha sangre brotar de su cabellera y congelándose en la superficie todavía intacta del hielo. Sassimir me dio la espalda y se marchó, como se fue hacia el oeste, deduje que el sintético decidió resguardarse en su hogar. Sin poder descifrarla, escuchaba la voz opaca del capitán, mientras, el cadáver de Pel se evaporaba frente a mí; la vi cayendo por el hielo y por mis botas, desintegrándose.

    Al regresar a la nave los milicianos me esperaban en la escotilla inferior. El líder de la escuadra me informó los pormenores a seguir debido a las circunstancias: El capitán nos dio su consentimiento para incursionar en la propiedad de Sassimir para encarcelarlo por el asesinato de Pel, me explicó; yo permanecía en silencio escuchándole, Hemos escaneado la región en búsqueda de posibles elementos que protejan a Sassimir pero no debemos hallar resistencia. Vamos a embargar la tarjeta y la traeremos de vuelta a la nave. Usted permanezca en el salón de conferencias. Se lo aseguro compañero piloto, cuando regresemos con el prisionero no se preocupe por nada, usted tendrá permiso para estropearlo durante el tiempo que desee. Entendemos que las acciones de la tarjeta sintética fueron premeditadas y crueles. Nadie en esta escuadra hará informes sobre lo que le suceda al sintético cuando esté bajo nuestra custodia; fue lo último que me dijo el enfurecido miliciano cerrando la escotilla mientras el último de sus hombres descendía a la zona de ocupación.

    Gracias por entender compañero, grité desde el interior de la nave. Cuando llegué al salón de conferencias me despojé del casco y pude ver las manchas que el cuerpo de Pel había salpicado sobre mi traje. Según el capitán lo estableció, los milicianos procedieron a ejecutar la misión.

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      Autor de la entrada

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      Daniel Pommers (Ceiba, 1985). Estudió bachillerato en Sociología en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras y en el Programa de Maestría en Creación Literaria de la Universidad del Sagrado Corazón en Santurce. Es autor del libro El esqueleto presenta (Ríos Piedras. Editorial Bacanal, 2009) y Que así sea: Poemas 2005-2011 (Trujillo Alto. Gato Malo Editores, 2013); asimismo, ha colaborado en revistas y periódicos nacionales como la Revista Bacanal (varios volúmenes), La Polis, Hotel Abismo (volumen #6), Periódico El Rehén, TeknoKultura, Letras Salvajes, Revista Digital Voces Subversivas a la vez que continúa su labor cultural en chocarreras.blogspot.com publicando relatos, poemas, crónicas y ensayos. Actualmente forma parte de Generación del Atardecer Presenta y es presidente de la editorial puertorriqueña e independiente Gato Malo Editores.