Pacto de monstruos

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    En esta entrada para La Generación del AtardecerDaniel Pommers narra la tormentosa vida de un pescador haitiano que pretende huir de su pasado.

     

    Al ganar su independencia, la cultura comienza
    un movimiento imperialista de enriquecimiento que
    es al mismo tiempo el ocaso de su independencia.
    −Guy Debord

    Jacob Langvad Nilsson

    Fotografía por Jacob Langvad Nilsson

     

    Los fantasmas de Puerto Príncipe ya no viajan en tap tap;
    no es el Palacio Nacional, es el Palacio del Diablo;
    ser gargantas y telescopios del Caribe.

     La bruja con escamas vive en el cóccix de un anciano que navega las aguas de Lac Azuei. Como es la última bruja pez de las Antillas, conoce magias para enamorar el genio de cualquiera que se atreve a interrumpir la tranquilidad que esta disfruta gobernando el mal en su lago. En ocasiones se aburre de estar pegada al hueso borracho del pescador. . . Su incomodidad me parece real, no es una de esas antipatías que por lo general se les adjudican de forma unánime a criaturas así, a los partidarios de lo malo; este prejuicio supone la existencia de códigos heredados de una estirpe con el oficio de espantar. En realidad, pienso que este latigazo a la integridad de los horrendos es un placer que solo las gentes de espíritu hediondo pueden darse. En cuestión a la relación entre la bruja y R. C. el pescador, lo que ocurre es algo sencillo.

    Jean Léopold Dominique

    Jean Léopold Dominique

    Cuando R. C. era un hombre de tierra, trabajó de informante para Palacio, exactamente en el tiempo de los Duvaliers. Hizo su tormentosa vida porque necesitaba dinero pero, sobre todo, quería protegerse de los enemigos que se ganó incriminando a muchos a raíz de traiciones y pactos fabricados por el gobierno. Por años muchos lo pensaron buen amigo y se hicieron seguidores del buen R. C. (antes conocido como el señor Tarpio). Él fungía como portavoz en los concejos de la oposición hasta que el gobierno daba la orden de remover a los disidentes. Su último trabajo fue vigilar a Jean Léopold Dominique. . . R. C. consiguió una plaza de mantenimiento en el turno de la mañana y durante meses estuvo monitoreando al agronomista desde la propia Radio Haïti Inter.

    Asesinaron a Jean Léopold. Como de la balacera R. C. fue el único hombre en resultar intacto, los de Palacio idearon una estrategia para revelar la identidad del supuesto asesino, y el escogido fue R. C.; para ellos, el informante debía responsabilizarse por el asesinato sin hacer mención de su larga carrera como agente del gobierno: Eres el criminal más adecuado para salvarnos de esta maldición, dijeron. Debido a la presión del interés público y al cabo de varios días de revueltas civiles, la mafia del gobierno comenzó a eliminar los posibles anexos que confirmaran su participación en el operativo. Así que antes de ser expuesto R. C. se movió rápido y huyó de Puerto Príncipe. Vino a vivir este lago de letrina.

    Para monstruos de razón como nosotros oxigenarse es tenebroso. Entendemos que la disciplina del susto no viene de adorno. Si la orden primitiva se ha quedado con ese homicidio de negar la esplendorosa capacidad de ser emperadores del miedo es porque la mayoría de los clanes tienen basura entre dientes, hay brutalidad cómica en su corazón; cabalgar junto a ellos sería una pena.

    Sin embargo, esto sucede ya que de los monstruos conocidos, nuestra generación es el catálogo más tuerto para buscar refugio. El daño que esbozamos prefiere tener un fin farmacéutico; vernos en la realidad menos desafortunada: en realidad, siendo herederos del trueno corporativo, cuál otra pesadilla podríamos inventar. Si antes los matices de agendas culturales se hicieron salvoconductos apropiados, también hubo defunciones éticas que vulneraron la efectividad con la cual se distribuían estas mercancías. Entiéndase mercancías en su módulo sociológico, desde su funcionamiento histórico y real en la sociedad; claramente, durante el tiempo del Reagannomics este glitch generacional afectó la integridad de un número infinito de gestiones sociales, en adelante, la productividad intelectual y sus obras sirvieron para dislocar la propia identidad de los consumidores. En las décadas del setenta y del ochenta estos pleitos ya fueron estudiados por los marxianos del Partido Comunista Francés, así como por varios frentes alrededor del mundo. Para más información debe leer la gran cantidad de ensayos que G. Debord y L. Althusser (entre otros) escribieron sobre el asunto. Pero nosotros somos monstruos de gozo, para qué usted quiere disgustarse con eso de meterle el diente a tanta lapa teórica. . .

    Fotografía por Claude Saint-Rome

    Fotografía por Claude Saint-Rome

     

    Es cierto que en la subasta de los mundos siempre existirán espíritus amargados, algunos pueden ser graves pero la mayoría se han cansado de hablar, son espíritus opacos, entiéndalo, nuestra espina dorsal está en el numen del lago, no en las rocas que este esconde. Aquí se han mudado demasiadas almas, fueron atraídas por la magia del lago; evocarlas no es necesario, ya están dentro. Sienten que son dueñas del litoral.

    Observa la orilla. Hay almas oyentes, al menor descuido te hacen un nudo en la cabeza. Ahora mira la borda, tenemos azúcar y sobre ella hay leña ardiendo, si los espíritus inferiores quieren fajar este barco sin permiso del lago se envenenan y pierden la poca luz que irradian. ¿Ves cómo rozan los dientes en el arrancaclavos? Tienen hambre de usted. Venga, acerquémonos a cubierta. Agarre con fuerza el palo de la vela.

    Muy bien, ahora tenga la amabilidad de repetir conmigo estas palabras. . . Antes tu facha fue mansa. Ahora te revelas. Ahora vienes. Ahora es la hora de tu visita. Ahora eres por el tiempo y en el tiempo de nuestra pesca. Acércate. Muéstranos las almas de este lago, las almas sin gloria, las almas puras, tus niños pez, los bártulos que se guardan en los colores de tus almas, estas almas de agua dulce, de fondo, de viento mañanero. Queremos ver en ti, ver las almas ciegas del lago, ser en ti como también son tuyas estas luces. Queremos estar contigo y ser todas las horas que viajan en ti.

    Frente a nosotros se hizo verdad la figura de un jabalí color rojo. Su luz era roja y eran rojas sus pezuñas, su larga cola, sus ojos de búho, sus plumas aleteaban cayendo por el hocico y cubrían la crin del lomo con mucho brillo, con brillo perfecto, como si naciese del incendio de los siglos.

    Usted mantenga los pies firmes y encima del trinquete. Prepárese. La estrella de la mañana viene corriendo por las aguas del Azuei. Busca tragarse la luz del salvaje que abandonó a los suyos y que navega huyendo. “Me parece que veo el reflejo manso de Dios”, R. C. piensa; el jabalí lo mastica, mientras, usted sonríe. Usted, sin recelo, afila sus colmillos y abre la boca.

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      Autor de la entrada

      Esta entrada fue escrita por quien ha escrito 39 entradas en Frecuencias Alternas.

      Daniel Pommers (Ceiba, 1985). Estudió bachillerato en Sociología en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras y en el Programa de Maestría en Creación Literaria de la Universidad del Sagrado Corazón en Santurce. Es autor del libro El esqueleto presenta (Ríos Piedras. Editorial Bacanal, 2009) y Que así sea: Poemas 2005-2011 (Trujillo Alto. Gato Malo Editores, 2013); asimismo, ha colaborado en revistas y periódicos nacionales como la Revista Bacanal (varios volúmenes), La Polis, Hotel Abismo (volumen #6), Periódico El Rehén, TeknoKultura, Letras Salvajes, Revista Digital Voces Subversivas a la vez que continúa su labor cultural en chocarreras.blogspot.com publicando relatos, poemas, crónicas y ensayos. Actualmente forma parte de Generación del Atardecer Presenta y es presidente de la editorial puertorriqueña e independiente Gato Malo Editores.