En esta entrada para La Generación del Atardecer Presenta, Daniel Pommers, narra el cuarto y último fragmento del apocalipsis según ansiado por el agente, Deca Costurón.
“Theres a killer on the road
His brain is squirmin like a toad”
Leyenda y escupitajo del fin. Sabotaje con triunfo. Los inseparables hermanos Boltz.
A cinco meses de la fundación del gobierno autónomo conocido como, Montaña Libertad, las autoridades de Martinica ya habían purgado las calles de los nongratos. La planificación urbana de Libertad, simplemente, era una locura; tenía uno que ser una especie de experto en mapas o en tácticas de guerrilla para evitar los continuos extravíos y no ser víctima de las incongruencias selváticas del cañón natural que daba la bienvenida a Montaña Libertad; escenario que era más probable que la mismísima noción de aceptar al Sol como la estrella que a través de los siglos ha controlado nuestro destino. En la región, abismos de piedra y de terreno pantanoso provocaban vértigos; allí, con tan sólo una carretera principal ─hecha con brea de segunda mano a través de las infinitas montañas─ los nongratos habrían de repartirse las parcelas.
“Take a long holiday
Let your children play
If ya give this man a ride
Sweet memory will die”
La repartición de parcelas hubiera sido equitativa si los hermanos Boltz fueran administradores decentes. Amelia y Franco Boltz (gemelos de nacimiento), suponían ser nativos de la lejana isla de Australia; ambos, siendo funcionarios del Ministerio, armaron la estrategia para engañar a los nongratos de Libertad. El siguiente anexo es una réplica del croquis utilizado durante la primera repartición:
Los nongratos eran cabreros, agricultores y ebanistas, en su mayoría, hombres y mujeres dedicados al duro laburo, de sol a sol; con ellos y alrededor de sus hogares, andaban roedores y animales raros. Obligados a construir vivienda en Libertad, cada familia distribuyó las tareas diarias entre los miembros del hogar hasta erguir, como les fue posible, columnas y techo sobre los barrancos y el fango. El sistema que los Boltz diseñaron, imposibilitaba en gran manera el libre flujo de transito; solamente, las dos mega estructuras que servían como fortaleza de los gemelos así como las comisarías y las oficinas Control (registro, seguridad, hospital, entre otros), contaban con la facilidad para moverse sin problemas por las montañas.
“Killer on the road, yeah”
. . .
Siguiendo las instrucciones del jefe, Deca Costurón se preparaba para ingresar en la nueva patria de los nongratos, quienes, entre ellos (obviamente) preferían llamarse peregrinos. Se llamaban peregrinos en honor al viaje llevado a cabo a pie desde los límites fronterizos de Martinica o de la ahora conocida como, Ciudad Uno, hasta sus respectivas parcelas, pues, el bus del Ministerio hacía una última parada en la entrada principal de Libertad, lo demás, quedaba en manos del extranjero.
“Take him by the hand
Make him understand”
Según el teniente le había prometido, ninguna circunstancia amenazó la seguridad de Deca, incluso ahora que éste estaba próximo a abandonar Martinica; de todas formas, disfrutaría de la buena suerte y de los favores que Amelia Boltz le debía al teniente Ulcera: “Por supuesto, ¿qué mejor momento para que la australiana finalmente muestre un poco de reciprocidad?”, pensó el teniente, echándole las bendiciones a Deca, (respecto a tal ocasión, Présteme mucha atención, pues, ni siquiera yo podría decir cuántas oraciones fueron inventadas aquella tarde, porque cuando el teniente fue a despedirse, siendo un hombre, digamos, de tan variada devoción, fácilmente habrán pasado dos horas antes de que su joven amigo resultara formalmente ungido), encomendándole a los espíritus protectores a que custodiaran al viajero. Así fue el agente Deca por el largo sendero hacia Libertad.
“The world on you depends
Our life will never end”
‘Bienvenido a nuestra humilde casa, señor Costurón. ¿Eugenio pasó por usted a la hora debida, correcto?
‘Eso es correcto dama (dijo Deca mientras observaba incisivamente la exagerada altura del muro de contención que bordeaba la residencia de Amelia).
‘Esa monstruosidad (Amelia, manifestó, muy seria, señalando con sus grandes ojos al muro), está ahí para evitar la salida de cualquiera que ponga un pie en esta casa (concluyó, ahora llevando su mirada hacia el rostro de Deca).
‘¿Cómo ha dicho? (las manos de Deca comenzaron a temblar.)
Luego de un silencio bastante incomodo, la anfitriona dejó que una sutil sonrisa y una limonada hicieran claras sus intenciones, entonces, dijo:
‘Relájese, hombre, cómo iríamos a enjaular a alguien (ahora riendo y cuestionando graciosamente la cara de espanto de Deca), ¿usted es un pájaro? No lo creo, venga, siéntese y tome jugo que el calor puede ser el peor asesino en esta zona.
‘Se lo agradezco (dijo aliviado, tragando rápidamente el líquido). No sabría explicarle lo mucho que significa esta oportunidad de trabajo en la Comisaria, y más en esta zona tan prestigiosa.
‘No hay porqué sudar tantos agradecimientos, querido, mi hermano y yo haríamos lo imposible si así lo solicitara el teniente. Mire, al contrario, estoy segura de que su presencia aquí en Libertad, nos hará muy agraciados.
“Increíble la influencia que tiene el hombre”, Deca reflexionó.
‘De todas formas, quiero decirle que desde hoy estoy dispuesto a comenzar mis labores.
‘Excelente (dijo Amelia, estrechando fuertemente su mano con Deca). Por lo pronto, me despido de usted. Ha sido un placer conocerle.
‘Adelante, madame (una voz femenina interrumpió la conversación).
‘Un segundo por favor (Amelia se disculpó alcanzando un radio transmisor portátil que llevaba en su espalda), copiando directo.
‘Madame, las gestiones relacionadas al nuevo vecino están terminadas (respondió la voz).
‘Perfecto.
Luego le dijo a Deca que esa era la notificación de que su residencia ya estaba preparada; también le indicó que se habían hecho los movimientos necesarios para que la residencia quedara situada junto a la Comisaria, en donde Deca estaba supuesto a iniciar labores durante la jornada mañanera.
“. . .Into this house were born. . .Into this world were thrown. . .
Like a dog without a bone. . .”
. . .
Todavía el agente Deca acomodaba sus pertenencias en la parcela cuando de repente las luces del procesador comenzaron a parpadear. Un mensaje del jefe había llegado. En esta ocasión, el mensaje era conciso:
D. Costurón.
Producir evidencia/Ambos cadáveres.
Retornar al distrito y finalizar.
Ha llegado el momento. . .te esperamos, ansiosamente, agente, un abrazo solidario.
“Un abrazo solidario”, Deca pensaba, “así se despedía Márena cada vez que su intuición le hacía pensar que no iba a verme durante largo tiempo”.
Para cuando los funcionarios de Montaña Libertad se disponían a tomar servicio temprano en la mañana, un fuerte diluvio caía sobre la región. El diluvio no fue la única bienvenida de los empleados; tan pronto pusieron un pie en la zona de registro encontraron que, atados a una cuerda de alambres, dos cuerpos completamente desnudos colgaban desde el letrero de la Comisaria; ambos, hombre y mujer, habían sido decapitados. Uno de los temblorosos funcionarios se atrevió a verificar en el interior de un par de bolsas plásticas que habían sido puestas debajo de cada víctima; fue el primero en confirmar que aquellas eran las cabezas, eran los distinguidos gemelos Boltz.
En cuestión de minutos, la noticia del brutal asesinato había llegado a los oídos de todos en la oficina central del Ministerio, pero cuando uno de los ayudantes de la directora se personó a la residencia de la jefa para notificarle lo ocurrido, tan sólo pudo hallar una servilleta ensangrentada, pegada al espejo en el baño de la habitación matrimonial. . .en la ducha, encontró los cuerpos sin vida del esposo y los dos hijos de la directora. Hasta el ojo menos entrenado podría armar en un parpadeo el rompecabezas, la familia ministerial había sido víctima de una salvaje golpiza. Escrito en la servilleta se leía el siguiente mensaje:
LA CABEZA DE UNO DE SUS CERDOS PARA LA PAZ DE NUESTROS MUERTOS
“. . .An actor out alone. . .”
. . .
Ya de regreso, en La Sierra no hubo comités de bienvenida; sin embargo, tres hombres uniformados escoltaron al agente Costurón y a la hasta entonces directora y líder de Martinica a la Comandancia. Allí se hizo la entrega oficial de la prisionera, siendo esa la última vez que alguien volvería a verle con vida.
‘El señor Maran espera por usted en la oficina (dijo uno de los hombres explicándole a Deca lo mucho que significaba para todos que un compañero tan ágil como él perteneciera a su mismo precinto).
Como era usual en estos casos, al agente le otorgarían ocho meses de tiempo compensatorio, estos serían pagados semanalmente con regularidad; también, por el tiempo servido en el exilio, disfrutaría de una bonificación instantánea y bastante considerable.
Deca abordó el ascensor del jefe, subiendo hasta el undécimo piso donde el propio Maran esperaba con una exagerada sonrisa de oreja a oreja:
‘No podrías entender la felicidad que siento, viéndote entrar de nuevo a la oficina. Bienvenido a tu hogar, Costurón.
‘Ya era hora ¿no? (dijo mientras abrazaba a Maran) Indíqueme, señor, ¿Márena no ha regresado?
‘Negativo, y seré honesto contigo, probablemente pasarán varias temporadas antes de que Márena pueda concluir con las tareas que el Comité le ha asignado. . . ahora la compañera está encargada del Comité Organizador, trabajando exclusivamente para los jefes, así que, podrás imaginar cuál fue la primera regla que le impusieron. . .
‘Nada de sangre (Deca dedujo rápidamente, luego, riéndose secamente continuó) solamente, buena cara, muchas conferencias y a recaudar fondos.
‘Compa, usted lo ha dicho mejor que nadie.
“Tal vez ya no quedan otras formulas de escape”, pensó.
“Riders on the storm”
—The Doors—





