Hace días que, mientras doy las usuales rondas por los círculos familiares de la red, inevitabemente me encuentro leyendo alusiones a (o viendo “macros” de) la infame Rebecca Black, “cantante” Disney-esca de 13 años que, por el momento, es punto de burla para el internet.
Esta mañana una compañera de trabajo se me acercó y me dijo que había visto el peor vídeo musical de su vida. Sabía que se trataba de “Friday“. Por fin me molesté en verlo y me siento decepcionada. (Nada como el incidente de Jessi Slaughter.)
La letra de la canción es dolorosamente sonsa; el vídeo, horrible. Pero honestamente, ¿qué mas esperar?
Cita de Wikipedia que habla por sí sola:
Black’s mother, Georgina Kelly, paid Ark Music $2,000 for a package that included a choice of two pre-written songs (…). Black chose “Friday,” as “the other song was about adult love – I haven’t experienced that yet. ‘Friday’ is about hanging out with friends, having fun. I felt like it was my personality in that song.” Ark Music handled the song’s recording, which used the pitch-correcting software Auto-Tune. Kelly had some doubts over the quality of the lyrics, Black assured her that “I sang it as they wrote it, Mom.”
Hace a uno cuestionar qué hace que una cosa u otra sea digna de ser ridiculizada.
La imagen es un elemento que obviamente juega un papel crucial en cuanto a la popularidad un un artista musical… por ejemplo, Ke$ha (de 24 años de edad) es la antítesis de Rebecca: rubia, poco conservadora, bordeando en lo ofensivo con sus muestras de alcoholismo y hedonismo. Es “hip“. Pero hagamos un pequeño experimento, si te prestas. Cierra los ojos (o abre otra ventana) y escucha una de las canciones detrás de la otra. No mires a las cantantes bajo ninguna circunstancia. Al escucharlas - ¿se puede decir que son muy diferentes una de la otra? El internet es un monstruo caprichoso.
Ke$ha – Your Love is my Drug




