La Generación del Atardecer Presenta: Adquisición Hostil, documentando un amanecer macabro; de narcos y negocios.
-Tres pasitos-

Viejo puente Aleucha en la avenida Kento.

“Vía muerta, calle con asfalto siempre destrozado.
Tren de carga, el humo y el hollín están por todos lados…
Amanece, la avenida desierta pronto se agitará.”
- Manal, Avellaneda Blues
[Y como todo evento añejo, ese instante de iluminación, esa fricción necesaria para encender ese solitario fósforo, presionándolo contra la ingeniosa caja de cartón, se suma a la atmósfera de melodías, conversaciones y fenómenos olvidados en la oscuridad de mesas y seres en este acogedor cafetín. Pero ahí siguen esos ojos, ella anunciándose sobre ti, narrando mil y un terrores. Insistiendo de que hay valor en el mundo. Que existen relaciones y vectores de sabiduría. Pero sabes mas que eso, comprendes que los ojos no son la recamara del alma, sino el gran anochecer eterno, un mero vistazo al abismo dentro de cada uno de nosotros. Ordenas otro café. El humo va entrando a tu sistema respiratorio, bendiciéndote con cierto desprendimiento, alejando la ansiedad por unos minutos. En lo que descifras, como buena sabuesa, lo que se oculta detrás de esa dermis y epidermis tan apetitosa. Recibes un mensaje de la jefatura. Se acabo la velada.]
Me estaciono al lado de cuatro patrullas. Cada una configurando un perímetro debajo del viejo puente Aleucha, en la avenida Kento. El sol aun no sale a brindar necesaria luz a la ciudad. Camino al núcleo de policías, luces y cintas que dividen el perímetro. El tráfico está siendo redirigido a otras avenidas por la magnitud de la transgresión. Ahora a detectar quienes son los culpables, como siempre. Mi café esta tibio, detesto esa sistemática perdida de energía, prefiero quemarme en cada sorbo, recordar mi paradero y arder, aún más en este friísimo y prometedor amanecer. A lo lejos diviso el final del túnel, el movimiento de los oficiales ya en la escena y entre ellos, ahí tendidos, distingo varias formas flotando a distintas longitudes del suelo. Al acercarme doy cuenta que son figuras humanoides, cuerpos atados a sogas desde la salida sur del túnel. Me agacho para cruzar el perímetro “Madame O ¿quiere un café?” alguien vocifera a mi lado derecho, elevo mi porción de cafeína y sigo caminando. No hay tiempo que perder en aprehender la idiosincrasia de cada sapiente que vine a visitar. Siete cuerpos mutilados colgaban del puente, seis varones y una hembra. Algunos no tienen cabeza y cuelgan de sus tobillos, unos tienen brazos y muslos colgando de hueso o trozos de carne y piel. Marcas de tremenda violencia, por donde quier, machetazos en el abdomen, cuello, genitales. Hematomas en gran parte de sus cuerpos, que ya no son de ellos, sino de este perímetro de justicia criminal y documentación forense.
Molina y O’ Henry se acercan mi, estoy escaneando tramas, observando los autenticos regalos piñata. “¿Es una escalacion en la guerra entre los carteles, no Madame O.?” pregunta O’ Henry. Esto es uno de esos raros casos donde lo más obvio tiende a ser lo acertado. “Eso parece” le contesto. Estas adquisiciones hostiles ocurren por heterogéneas razones, los invasores quieren eliminar la competencia y diversificar sus operaciones. Por lo tanto para mantener el modus operandi intacto el cartel de Tammei tendrá que poner en función estrategias y tácticas de prevención, que se dejaran sentir pronto. Desconcertar los términos de los administradores y capos, para que a nadie se les ocurra hacer cambios en jerarquías al mismo tiempo. Cerrar el círculo de personas cardinales en la dinámica administrativa. Así el invasor potencial tendrá dificultad en impactar la toma de decisiones. Uno se defiende cuando su fuerza es inadecuada; ataca cuando es exuberante. Cuando invasores atacan leviatanes, su fuerza se desgasta. Aquellos que son hábiles en defenderse se ocultan a sí mismos como bajo capas de tierra, brea y plomo; aquellos que lo son en ataque abaten como un relámpago, como un vació, como una ansiedad desde la profundidad. Los Tammei intentaran hacer de esta adquisición hostil que se les viene encima, una más costosa y menos atractiva para el colectivo usurpador.
Molina y O’ Henry llevan dos años en la compañía, son detectives novicios, tienden a ser eficaces en este tipo de caso beligerante y espectacular. Aunque algo exasperados en obtener convicciones alígeras, sin reflexionar como dar un toque a largo plazo y penetrar más el subterráneo en la jerarquía de narcos. “¿Quien encontró los cuerpos?” inquiero rastreando el asfalto. “Un troquero en pleno trayecto de madrugada, se dirigía a Sao Pong” contesta O Henry. “¿Y las cabezas?” indago, orientando mi cognición en un pescuezo sacudido e hinchado, revelando tejido traspasado, sin rastro de un rostro o ese órgano de lucidez. “Estamos en eso, pero no tenemos vestigio de las cabezas perdidas en toda el área. A lo mejor se las llevaron para probar que mataron al blanco cardinal de su faena.” responde O’ Henry. “Es posible… pero, echa un vistazo” dice Molina señalando a dos vans de noticias interweb estacionándose fuera del perímetro “la prensa se mueve rápido, ya lo mencionaron en varios programas locales, como abstractas historietas, así que sabrán pronto si están muerto el blanco, quizá las tomaron de trofeo.” Un dramático recordatorio. ¿Qué, Como, Porque, Quien, Cuanto? Así comprendemos la violencia. Mueren cuatro personas pisoteados por multitud, fallecen nueve en tiroteo frente a la discoteca de Chemuk. Al menos cuarenta personas murieron y decenas heridas en atentados con bomba en el Metro de Kultury. Datos de sin sabor. Un viento sopla desde el interior del túnel. De esos vientos cálidos y concentrados, torpes de tantos espacios a los que se acoplo y fue acoplado. Que en su quemazón sobre la piel te susurran llanto y depresión de sus travesías, de lo que atestiguaron dentro del kilométrico obstáculo de metal y concreto, prisión no solo de sapientes, sino de ciclos globales. Los cuerpos se menean débilmente, como péndulos de un tiempo que ya no pasa, un vaivén hipnótico de animación post mortem.
“¿Y la sangre?” pregunto
“¿la sangre?” responde Molina
“Cuelgan siete y ni una gota de sangre ha manchado la brea en la avenida. Fueron vaciados en otro lugar, un lugar de procesamiento.” Que consideración de logística sistémica, tradicionalmente hay charcos desparramados por la tierra y el cemento en estos crímenes.
“Con toda acción ocurre siempre una reacción igual y contraria; las acciones mutuas de dos cuerpos siempre son iguales y dirigidas en sentidos opuestos”
- Isaac Newton, Philosophiæ naturalis principia mathematica
“¿y Mahony?” pregunto
“Aun no llega madame inspector.”
“Que alguien la llame, que se apresure” vocifero con exasperación. Mahony es la patóloga forense, no podemos descolgar nada hasta que llegue. Gusta llegar un rato después del inspector en turno, retar la jerarquía, imagino que para acentuar su importancia y narcicismo en cada caso de sapientes desanimados, principalmente en la investigación de las muertes repentinas, inesperadas, sospechosas o francamente criminales.
“Donde está el troquero?”
“Allá cerca de las patrullas” O’ Henry señala “el nombre del troquero es Pokest, es un automaton.”
“Iré a hablar con él, tu llama a Mahony cada cinco minutos.”
Me acerco a las patrullas, el testigo madrugador habla con oficiales mientras fuma un cigarrillo mirando al suelo. Su piel es de proteínas artificiales y es pálida como la de los muertos colgando ahí al lado. Tiene un ojo averiado que se apaga y desenfoca de vez en cuando, viste un mahon azul agotado, una camina negra y un beanny gris.
“Buenos días, soy la inspectora O., Crímenes extremos”
el automaton termino su cigarrillo y me observa.
“¿Cuál es tu nombre?” pregunte
“Pokest Qhal” respondió prontamente
“¿Así que usted, Sr. Qhal los encontró?”
“Si esta es mi ruta usual” dijo nerviosamente
“Cuéntame cómo ocurrió.”
“Pues…” decía con su voz digital “a eso de las tres de la mañana venia por el túnel cuando note unas formas balanceándose del final del pasadizo, no podía esquivarlos así que me detuve, no quería que tocaran mi camión. Aquí hay daño por un muerto oscuro, enviado desde calderos, si los tocaba me seguiría el mal que configura esa masacre, simplemente estar aquí me da angustia.”
“Creo comprender su cautela caballero, ¿quiere un cigarrillo?” pregunte extendiendo la cajetilla, el Sr. Qhal tomo uno y lo encendí.
“¿Vio a alguien más transitando el área, deambulantes u otros transportes?”
“No, ni una alma.” Contesta el Sr. Qhal.
“El agente” dije mientras llamaba a Molina con la mano, “Te hará unas preguntas protocolares y te dará algo de desayunar si gustas.”
Mahony llego al fin, comienza prontamente a fotografear el perímetro, a crear memorias virtuales que nos ayuden a detectar, crear simulacros de sospecha. Luego se inicia el procesamiento y documentación de lo corpóreo. Uno a uno, tocaban los suelos tiesos y descansaban en la brea mañanera como hábiles maniquíes.
“¿Hora?” pregunto.
“de 12 a 18 horas” dijo Mahony, “como bien supones, no fueron ultimados ni procesados aquí” Mahony y su equipo de técnicos continuaba el lento descenso del quinto cadáver. “¡Que inhumano!” exclama la forense “todo este trabajo me mantendrá las próximas 10 horas ocupada, tendré que cancelar mis rituales de noches sucias e intoxicación. En plena víspera de Freyja. Los sicarios ya no tienen ética con nosotros los guardianes de la ley.” La ignore. Elegí atestiguar los trozos de proteína compleja frente a mí. De cerca, la violencia era aun más certera, la totalidad de lo corpóreo transgredido. Me apasionan estas huellas de brutalidad, estas pistas de monstruosidad. Eso lo hicieron sapientes mortales, cada brazo roto, cada cuello rebanado, cada desgarramiento y colapso de la carne. Y soy la respuesta, pues es mi tarea cardinal, localizar a los sicarios para ser juzgados por la ley, o más viable aun, por balas que desanimen su corporeidad. Sopla otra cálida ventolera, el jadeo del matorral de cemento. Registro su intimidación y su llanto en esta roja madrugada, de realidades y protocolos. Pido otro café a un joven oficial, “Hirviendo y sin azuzar.” Mi café llega, me quemo la lengua, respiro hondo y conjuro mi apetito de acechadora, de cruel engendro de la ley y el orden.
“Mahony quiero ese reporte para ayer.”
Ella hace una mueca y regresa a su labor. Me alejo de la escena del crimen, entro a mi vehículo y pongo en marcha el motor en busca de algún buen postor entre acciones y reacciones.
“Quieren que yo me desarme, saquearme, matarme, chotearme,
apagarme, guindarme y joderme y no se va a poder…
Cuidado con las espinas y el pescado y el trambo,
Te tumban el chebeo y se te acaba el mambo.”
- Claro de Luna, Voltio

Avenida Voxshaire, Ciudad de Cuernotoro.
“Desconocidos asesinaron y colgaron de un puente vehicular a 2 hombres en la capital del estado central de Tapika, en un hecho presuntamente vinculado con el narcotráfico como en el caso similar de la semana pasada. El hallazgo ocurrió en la ciudad de Cuernotoro, al sur de la capital; en el lugar fue también localizado un presunto mensaje de un grupo del narcotráfico en el que acusaba a un jefe militar de apoyar a un supuesto capo rival. La policía encontró en el lugar cerca de 40 casquillos percutidos de fusiles Æ-10, lo que hace suponer a las autoridades que alguien les disparó a los cuerpos una vez que estaban colgados, aunque no estaba claro si lo hicieron cuando aún estaban con vida o no. Los hombres, aun no identificados, tenían atados los pies y las manos, mientras que sus caras estaban cubiertas con bolsas de plástico.”
- HíperNoticias al Atardecer con Mario Zhi