La Generacion del Atardecer Presenta: ¡Sigue a esa variable! Aquellos ojos entrenados para detectar y diagnosticar las coordenadas de verdad/falsedad al mejor postor están al acecho de la perdida formula de magna iluminación.
-¡Que se haga la luz!-
Una tiene que estar perspicaz. Jugar con los significados del cuerpo en X o Y ambiente invariablemente, en este o cualquier transatlántico de penurias, ambrosia, conjeturas y perdida… perdida siempre en la esquina de la cocina, por donde uno frega trastes por demasiado tiempo en soledad, pensando, repasando. Porque no hay nada que hacer para recobrar aquella dulzura y esos recuerdos, porque ya se te olvidó que eras. Ahora vivo como buena sabuesa independiente para el mejor postor. No advierto cuentas semanas llevo siguiendo las pistas del Dr. Mateo Ferbeuch, científico venerado del Delila Corp, que elaboraba una nueva tecnología de energía para crear dinámicas en los apartados del continente. Corriente que le daría potencia a las polises e industrias del sistema federalizado. Revitalizaría las operaciones de expansión de mercados através de la oscuridad del cosmos. Pero algo fallo en el laboratorio, perdimos su rastro y desapareció en algún paraje hace dos meses, quizá fue raptado, o asesinado, pero al día de hoy ni un contacto ni una maldita pista.
“Feeding frenzy on prescription words
Swallowing the silence that returns
Following in footsteps petrified by time
Under madness are familiar faces
And you are just a semblance of before
Following the dust and calling it more.”
- The Ditty Bops
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En las visitas iniciales a su laboratorio, a su residencia no encontré nada significativo, sus pertenencias estaban desoladas, llenas de polvo y telarañas. Al parecer nadie las había movido desde hace mucho. Pero todo cambio hace 30 horas cuando decidí dar una vuelta de nuevo su laboratorio. No funcionaba la corriente, tuve que entrar con mi linterna al magno edificio clausurado desde que obviamente perdió los fondos y la investigación se fue al caño. Subí al segundo piso e iba atravesado pasillo tras pasillo repleto de maquinas, alambrados y estanques excelsos vacíos, buscando algo, cualquier cosa que calentara de nuevo mi olfato. De repente escuche un objeto romperse en el suelo al otro lado del aposento, no estoy sola me dije prontamente, me habrán seguido pero ¿quien? El sonido como de vidrio rompiéndose estremeció aquel absoluto silencio en la oscuridad. Saque mi moth 45 y comencé a husmear el nivel sombrío, fijándome en la puerta principal desde mi posición.
Finalmente cuando llegue al lugar del sonido anónimo, los restos de una probeta se hallaban en el piso desmoronados gracias a alguna fuerza que se le opuso, más la gravedad que atrae a los justos y a los injustos. En ese santiamén, todas las maquinas se encendieron, brinque alarmada hacia atrás, empujando un servidor central, cayo al piso planamente alzando una nube de polvo en los aires. Al fijarme en el suelo debajo de donde se encontraba la gran computadora había una compuerta a un nivel inferior, que había pasado desapercibido en la investigación originaria. Prontamente abrí la puerta y me adentre a este desconocido nivel, no había ventanas, ni muebles, estaba totalmente vacío ecepto por un escritorio al final del cuarto. Me acercaba al escritorio y note que había un libro justo en el centro, como esperando ser encontrado, como haciendo antesala de un espectáculo. Lo coloque en el interior de mi chaqueta y me largue del lugar con cautela. En mi despacho en la avenida Edmatoise, note que era un diario, y el mismo pedía ser inspeccionado a todo fervor, como derritiéndose de data que iluminaba el camino o al menos eso yo sentía. He aquí lo que encontré:
Crónicas del Dr. Ferbeuch – Día 68
“Como erupciones de varicela se revienta mi cognición a gritos. Un burbujeo de desolación y dulce naufragio. Ya no había a donde ir, no había lugares que tuviesen esa cualidad de hacerme sentir cómodo y seguro. En lo contrario, los techos y las paredes debían ser vigiladas, observadas constantemente. ¿Que tipo de organismo perverso confeccionaría estos espacios de eterno invernar? No tengo idea, ni reservas ya.
“Hiking canyons where people have fallen
These are places where some learn to fly
Breaking escaping molds that are growing
Stepping over cutting off the ties.”
- The Ditty Bops
Estaba lleno de tanta culpa que no sabia como proceder. El asco propio se había convertido en ley suprema, como ente congelado prestando atención a toda dinámica desde afuera en todos los tiempos. Bloqueado por masa, saberes y sabores. Por células y racionalidad, fríos calabozos de razón pura a la que me entrego, pero la potencia se enfurece a tal grado que ofreció un despertar, derritiendo así toda estructuración. Como un desierto eterno o un cosmos ya sin energías, cayéndose encantos encima de si mismo. El experimento termino tragándome, lo que se escondía de mi broto, todo lo que no podía ser era. Y mi estructura de supuesto poderío y valentía se revelo como un antifaz. Solo perseveraba la espeluznante realización de todo lo que ocultaban las palabras de mis contribuciones, de mis modelos de desarrollo en las ciudades. Todo lo que yo no quería hacer parte de mí. Esa porción de mi ente, de mi narrativa era escalofriante al igual que las zonas ocultas de la ciudadela; esos callejones y domicilios nebulosos donde nunca llega la luz. ¿Pero que pasa si llegase la luz?

Y dijo Dios: "Sea la luz" y fue la luz. Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas. {Genesis}
[Zona de prueba, No entre sin autorización] decía un letrero mohoso en esta colina. La llanta de mi motocicleta se reventó con los escombros que cubren todo el piso entre cemento y metal. Desde aquí se veían luces en el sector de cuarentena a la distancia, el hoyo negro creció tanto que ya trago los barrios y las aldeas cercanas. Los soldados y los monstruos automáticos seguían desgarrándose. Solo violencia y desolación en este nuevo desierto territorial. La milicia me avisto y enviaban avispazos para causar algún tipo de daño al cuerpo que late y hace. Me escondo detrás de la motocicleta, saco mi rifle desde las alturas y los coloco uno a uno en la visión de este aparato, como siluetas caen, desanimados, cosificados. Me apresuro en cambiar la llanta, si vienen más patrullas no cuento con suficientes municiones para desalentarlos. Me monto en la moto y arranco dejando atrás en el polvo un solitario letrero roto que leía carretera #108, unos minutos después ya a varias millas del enfrentamiento, con el corazón pompeando, recordándome que aun vivo, una luz cegadora se hizo desde el cielo, insoportable era esa luminiscencia omnisciente. Me puse gafas para testiguar lo ocurrido, se revelo aquel morador de moradores y el cráter detono, llevándose todo a su alrededor a la luz. Me alejo con el alma helada de estos espacios relegados en la cordillera de Samosá, juego táctico y estratégico de fuerzas que están más allá y más acá de nuestro entendimiento, pero que era imperativo que la aprehendiese en mis huesos.”


