Corpora Commiscere

En esta entrada para la Generación Del Atardecer Presenta,  Miguel Santos nos cuenta los intercambios sociales, culturales y de fluidos que se hacen posibles entre sapientes cuando los espacios son propicios, aun sean estos en el mismo vació del cosmos.

- Scientia Sexualis-

Ilustración por Adrian.

Ilustración por Adrian

Mimo los estirados maléolos, las batatas fibrosas, las rodillas capaces de dislocarse a voluntad. Entre sus muslos se revelan varios tentáculos que se hinchan mientras se excita esta criatura, una de las brujas de los yemaya, especie que ascendió a otro nivel de existencia, según está codificado en la enciclopedia taxonómica de organismos sapientes. Toma mi mano y las coloca en sus vulnerabilidades, señal de confianza entre su gente, el calor que emerge de su cuerpo me transporta a unas horas antes. Cuando llegué a esta pocilga polimorfa escapando de unas circunstancias letales, comercio de artículos impresionables para las autoridades. Esta estación astral contiene millares de grafías, callejones y tecnologías disímiles,  incrustadas unas sobre las otras, creando zonas, plazas y espacios en el espacio del cosmos. Desde hace más de setecientos años, navíos, buques, estaciones, terminales, bases y hasta cometas se han emplegostado en capas, amontonándose encima de toneladas de materia constituyente. Como todo organismo que crece y se reproduce, esta super-estructura va aumentando su masa en plena orbita. Sus domicilios están conectados por pasillos, túneles y elevadores, todos con sus especificaciones y culturas. Allí me perdí entre tantas millas oscuramente eufóricas de túneles y satélites relegados, buscando un sitio donde apagar mi sed; centros sociales en el vacío helado. En esta ciudadela de chatarra espacial y terrenal, quien diría que me toparía con una manifestación del alfa y el omega, la quimera de mi llanto?

“Why can’t you please understand what kind of Man I’ve got to be? You’re saying, I’m such a fool hiding my thoughts away from you; I know it’s driving you wild!”

- The Seatbelts, You make me cool

En la taberna de Yowi, me contaron que se consigue un aceite de cualidades extra sensoriales, segura sobrecarga sistémica para un mero homo sapien como yo.  Se trata de una mezcla de té azabache que me sirvió el hábil fontanero, con aderezos y salsas que fueron cultivadas y fermentadas en los huertos del aparato colosal. Sus principales componentes son el anís, fantochea de reh, canela, huevo de jiltinas, clavos, aceite de piña, pimientos, saliva de okjai, jengibre y azúcar morena. Por ahí se cuenta, que en algunas tribus del sector 78, en la parcela incrustada, los chamanes utilizaban el chai azabache para remontar la moral de la población en épocas difíciles. Al ingerirlo mis ojos se dispararon alrededor de mi cráneo, y pude ver mi cerebro; monstruosidades internas, gusarapos y sirenas gritándome. Y advino en mí una conexión de signos y emociones con ella. Sin avistarla, la aprehendí, sin haberla percibido con mis órganos, la saborie en mi paladar. La bruja se encontraba en una encendida conversación de teoría de meta-cognición con seres visibles e invisibles de toda la vecindad nebulosa. Algo acerca de la posibilidad de desintegrar la identidad, el chiste de los moradores de Yoes. No comprendí muy bien lo que decían, ya que todo mi cuerpo estaba paralizado y regocijándose en el dolor y el placer. En la empatía y la apatía que nos lanza a chocar unos con los otros o a clausurarnos en la materia negra, aquellas conexiones nerviosas de algún guapo leviatán indudablemente.

Ulterior a descubrirnos me invitó a su aposento. Era una entidad multidimencional, aventándose de percepción en percepción, trayendo consigo una hamaca con mantequilla de pomarrosas, directo al gusto. Todo debe ser catado me dije prontamente, entripado en babas moldeables, hormonas amplificantes, humores fermentados y con mi lengua yonky y expedicionaria. Codicio succionar, mamar, lamer dar cuenta de esas tetas, de la textura de su suspiro deslizándose, empotrándose en mi hocico sofisticado. En mis cachetes siento los confetis, saboreo la superficie aceitosa, que iba narrándome historias entre la diferencia de plumas rojas y amarillas, bellos negros y pelirrojos que suben por su vientre que persigo hasta la ultima consecuencia de su labia menora. La sazón, huella de sus hermosas y deleitosas mucosidades. Las ingiero con ímpetu, fluyen por mi esófago, chorrera habilitada para estirarse hasta unos dos pies de serlo necesario, para poder tragar continuamente los torrenciales que emanan. Me afecta sorbo a sorbo, con esos tejidos resbaladizos y aptos, hinchados con lo que gusta y permitimos. Me encubres en tus ostentaciones, en tus ritmos, que chocan con mi esqueleto y se multiplican, confundiéndose entre letras. Jarabes de sábila y plácelos nos hacían jugar con la fricción, utilizando la empiria; física, anatomía, geografía, confeccionando paraísos y monumentos  de fuerzas entre los cuerpos.

Continuara…

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