En esta entrada Daniel Pommers le envia una felicitación muy peculiar a las fiestas navideñas. ¡Salud y buen viaje!
“Dreamed I was a tidal wave.
I ravaged your coast,
There were no survivors.”
-Jawbreaker-
Cuando desperté me esparramaba encima de toda la costa sanjuanera y, en segundos pude sentir entre mis dedos a las cuarenta familias más emperifolladas de Condado, ahogándose en mí -al menos intentando salir a flote. Pero el hecho de ser su muerte, de ser su día final: no provocó ni el mínimo sentimiento de vergüenza. Saltando y dándose contra la espuma. Llevándose mis aguas y lo que son mis aguas vivas a la boca y entrándole por el cogote y atascándoseles en el vientre. Entonces el llanto. Entonces el remordimiento: Solo suyo.
Luego de unos meses del evento inicial –del ahogamiento- me había asentado en una casita en la costa sur de la Isla. Y como los compas de La Parguera son así como yo, así como ermitaños (tan solo en apariencias), podía entonces ajustar mi desquicie al planeamiento de alguna que otra travesura bien efectuada…no a la sin razón antes evidenciada. Para entenderme entre los amigos del pueblo solía enredarme en las discusiones sobre la temporada pesquera, solo de esta manera pasaba como un simple viejo cascarrabias con manías de viejo cascarrabias que solo habla sus delicadas pero inútiles versiones del buen vivir. Y no solo narraba mi buen vivir a los amigos, también me presentaba en las reuniones de la comunidad con el Alcalde para discutir las buenas o malas nuevas que se avecinaban para Lajas.
Pero un día una de las asambleístas de la alcaldía me hizo un cruento desaire.

Me dijo con la voz más excitada del mundo lo siguiente: “vamos a hacer el ovnipuerto porque ahora que ganó el negrito ese podemos darnos el lujo de capturar a todos los neohippies de la isla y traérnoslos para Lajas y hacer campings y fiestas alocadas y quién sabe si hasta legalizamos la marihuana en nuestro pueblo… ¿qué le parece?” –al terminar esas palabras, suspiré gravemente por eso de no darle una bofetada abismal a la criatura que balbuceaba erráticamente sus pensamientos en mí y, di la media vuelta para respirar y respirar, solo eso.
Seguido a la nota tan peculiar de la damisela de la ordenación municipal, decidí organizarles a nuestros políticos una cena navideña. En la misma tendríamos la usual bebelata puertorriqueña de pitorro, comedia, parrandas y por supuesto: una suculenta cena del país. Arrocito con gandules, lechón y pavochon pa’ la dieta, ensalada de papa, y los pasteles de la Sra. Ginebra. Ay esos pastelitos de masa cerdo con sabores ocultos y celestiales. Era como meterse un fufú rico a la boca. Era como meterse a la boca un tremendo y suculento despojo de todos los males. Pero personalmente le agregué una deliciosa y peculiar especia adicional. A cada uno de los pasteles se le administró una hermosa dosis de gargajo, dosis que fue meticulosamente escogida y recogida en una cubeta desde la boca de todos los veteranos del pueblo. Dejé que se marinara bien entre las hojas de plátano, la carne y la masa y, ¡chan chan chan! Ahí fue a parar la bilis de Vietnam y de Corea: en la panza de la municipalidad. Al final de la noche, para concretar los actos protocolares, estuve a cargo de la despedida. Y como solo yo sabía que sería mi propia despedida de aquel lugar, tuve la gracia de la sinceridad para darles a todos los asistentes una muy cordial palmadita en la espalda, claro, para luego proporcionarles una ¡senda bofetá de cachete a cachete! Y así lee el comunicado de fin de fiesta:
Espero que haya sido del total agrado para ustedes esta estupenda cena misericordiosa. Espero con el alma que entre las risas y las panderetas hayamos podido mejorar nuestra calidad de humanos para lograr mejores bríos para nuestro pueblo. Y les dejo en sus pancitas una sorpresita, claro que sí. Les dejo una huella de majestuosidad y del jarabe de nuestros compueblanos. ¡QUE VIVA! Esta noche, cuando se hayan cepillado los dientes…cuando estén dispuestos a dar los últimos bostezos antes de la cama, piensen en lo siguiente: Un día como hoy nuestros hijos e hijas celebran la navidad en un desierto que es probeta de enfermedades y locuras y problemas de la espalda y de veneno en su sangre y en sus pieles y en su cabeza que hueca como fue para luego ser llenada de metralletas y de gusarapos de cadenas de mando y de ligeros remordimientos en principio pero que luego se hacen eternos disgustos con la vida y con el mundo y con la vida de todos. Que eso de planes para el entretenimiento no es malo pero no es suficiente para darle la mano a la hecatombe de generación que luego de su exilio volverán a su patria del Ovnipuerto. ¡Váyanse todos y todas a la mierda!
“Maybe I’m obsessive to think like this.
Probably not impressing you with my cheap tricks.
Honey, it’s depressing what depression does to some.
I’ll play the part for hours
But I know you’ll never come.”
-Jawbreaker-



