Caroline Gil nos lleva dar un vistazo a la riqueza de la música “stock” que acompaña a otros medios.

Aventúrate un día a echarle un oído a la música de fondo de cualquier reality show, serie de comedia (específicamente pensando en la cautivante música de 30 Rock o el uso de stock music en It’s always sunny in Philadelphia), Dateline, el anuncio mal doblado de Frebreeze; el riff que anuncia la llegada del villano, las campanas justicieras, la percusión suspensiva. Production Music has come a long way, baby or has it?
Las suntuosas y compactas composiciones de Syd Dale, Laurie Johnson (compositor de la Banda Sonora de Dr. Strangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb), John Barry (de la fama de Midnight Cowboy), Raymond Scott entre otros tenían, en su tiempo la función a principios y durante sus carreras de evocar locales exóticos, impulsar la compra y venta de artículos, vender el cocktail shaker para el mai-tai y sazonar el dinner party. Estos enigmáticos y desconocidos compositores trabajaban en esencia desde los 1950 hasta los 1970 para lo que es conocido como Music Libraries como lo son la KPM y Amphonic que para la fecha persisten en el negocio de proveer las patentes de uso de estos temas en cine, televisión y radio bajo la suposición de que estos temas estaban bajo el mandato de que fueran pegajosos, atemporales, modesta y precisamente confeccionados- the bare essentials of pop music.
Efectivamente causando implosiones en nuestro subconsciente, estas piezas instrumentales nutrían y se nutrían de movimientos musicales de vanguardia de la época sin necesidad de ser tan ásperos y agresivos que sus homólogos más arriesgados. Compilaciones algo recientes como Music for TV Dinners (1997), Music for a bachelor’s den (1995), re- issues de el mítico Music to be murdered by y antologías de la gama de programas televisivos como Ren & Stimpy hechas por fans revelan que en estos tiempos difíciles, amigos, ese elemento de escapismo en la música, la fascinación con el otro a lo lejos, las implicaciones de la tiki manía proveen un carismático alivio, dado por la familiaridad de los temas instrumentales, en los medios de comunicación.
En álbumes como Music for TV Dinners (1997) podemos percibir matices de crime jazz en temas llamados, what else?: Chase that Car de Laurie Johnson, en Beauty Parade de Syd Dale uno es literalmente transportado a un camerino en soft- focus- provided by Leg Avenue hosiery abombado de Aqua Net, Disc a Go Go se confunde en una ocasión con It’s not unusual de Tom Jones y hasta lo supera, Shopping Centre imagina el espectáculo de la elástica banda transportadora encaminándose a la caja registradora en el supermercado .
Estos pequeños milagritos de música pop, el humor tongue in cheek, la orquestración grandilocuente recuerda a una era dorada donde grandes composiciones eran dispensables y los Neptunes no existían, lo único que podemos hacer es escuchar atentamente y soñar que estamos meciéndonos en el pecho de Anita Ekberg zumbando dee dee dah dee dee dah mientras la música de Syd Dale te toca el órgano.






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