Tiempos de prohibición: El entierro de Cortijo

Tras el obvio desinterés por el desarrollo cultural de esta administración, Caroline Gil comenta la prohibición de varios libros de gran valor cultural por el DE, entre estos El entierro de Cortijo.

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httpv://www.youtube.com/watch?v=tf4f4fFijrM&feature=related

En mi colegio de princesitas güaynabitas, nos dieron un snippet de El entierro de Cortijo de Edgardo Rodríguez Juliá, subordinada a una desaprobación clasista, con cuyo operativo, estoy segura que Luis Fortuño está muy cómodo y consciente.  Los éxitos y logros musicales de Rafael Cortijo y sus ramificaciones en la cultura popular puertorriqueña, emergente de sectores histórica y perpetuamente empobrecidos se estrellan y retumban en el evento masivo de Cortijo’s Wake (tomado de la traducción al Inglés,  con la aprobación de Rodríguez Juliá, que añade significado de awakening y a su vez se entremezcla con El Velorio (‘The Wake’) de Francisco Oller).

Claro, en mi salón de clases éramos puras nenas, que no debíamos preocuparnos por el mensaje de Cortijo saliendo del caserío Lloréns; solo debíamos aspirar a ser primeras damas y aparecer en la versión de In Style del Nuevo Día- ser fabulosas en todo.  Irregardless, al son de sus ritmos, originados en el puro instinto y sin partituras, bailó toda una generación de puertorriqueños y El entierro de Cortijo hace alusión a una de las herencias musicales más ricas que tenemos como puertorriqueños; el quitarlo del currículo de las escuelas como pretende hacer el Departamento de Educación como si se tratase de un procesador de palabras donde cualquier texto con teta, culo, mierda y bicho es erradicado sin tener en cuenta contexto, contenido y relevancia, como tratando de esconder la bemba, la mancha de plátano sólo nos sirve de cómo lección de que vivimos en un sick, sad, world donde personas en altos rangos ejecutivos vienen a por la cultura y música tradicional afroantillana.

Haciendo eco de un prejuicio y desdén por parte de Rodríguez Julia a la cultura del caserío-léase afroantillana,  en general Guillermo Irrizary apunta (pero no dispara) en La dinámica racial y el discurso antropológico en El entierro de Cortijo:

Se ve un intento por significar a la masa como índices del desorden, de la falta de modales propios, del descalabro moral y para recalcar la crisis de esta comunidad se utilizan, como ejemplo individuos que son narrados y enjuiciados a partir de unos prejuicios [.. ] (que) demarcan la crónica no como un texto que problematice la cultura puertorriqueña sino como un texto que petrifica unos prejuicios reinantes en la isla.

Prejuicios y valores tangibles tan evidentes desde la decisión del Departamento de Educación, a ostentar de pedigrees europeos y gringos con estickers en la mini-van a reducir a un músico extraordinario por su africanidad a censurar a un autor por atentar a describir su entierro sin evidente tapujo a Talento de Barrio y su glamour de bajo mundo derivado de una sub-cultura hip-hop afincada  en el lujo, brand names y comemierdería.

The account consistently focuses on the highly charged encounter between the “ordinary” people who have turned out to pay homage to their cultural hero and the self-conscious, white, middle-class, intellectual for whom this “people people” (of whom black, working class women are seen to be re seen to be emblematic) remain “Other”.

Que hemos llegado a un punto donde la cultura se ha reventado en mil pedazos,  pero igual que a más de 20 años desde el Entierro de Cortijo este permanece como un texto clave en el constante debate alrededor de la cultura popular, raza, clase e identidad nacional en Puerto Rico y su diáspora.

Una justicia poética, of sorts.


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Esta entrada fue escrita por quien ha escrito 21 entradas en Frecuencias Alternas.

  • Amarilys Oyola Pérez

    La hostia de escrito… estas cosas se tienen que comentar…

  • Amarilys Oyola Pérez

    La hostia de escrito… estas cosas se tienen que comentar…