El Señor Pommers nos presenta su segunda entrada inspirada en la presentación de Superaquello en La Respuesta.

Ilustración por Heberto
Tal vez sean los 15mg de Addies XR que azotan de cada cierto momento (y esos momentos meritorios de azotes anfetamínicos se distribuyen de manera perfecta) pero tengo los pies y la cabeza, las manos y los vellos de las piernas encrespados/rimbombantes/pidiendo baile y listos para la acción. Y la acción se escribe así: No sé cuántos palos de güisqui con un chin de agua nos metimos al cuerpo en Nellylandia antes de entrar a la presentación. No por inconciencia. No por desaprobar los precios de La Respuesta. No por odio. ¡Nellylandia por condición de pobres! Por arrancaos’ sin un billete más ostentoso que unos cuantos washingtons, entre la loquera de los bolsillos –en alguno de los dos bolsillos laterales o en el chaleco o en algún lugar de la borrachera y, claro, alguno que otro cambio de dimes y pesetas que se guardan esplendorosamente envueltos entre otras miserias de $1 dentro de la cartera. Pues es que hace par, desde el verano 2008 que no veíamos ni escuchábamos en vivo y a todo color a Superaquello. Lo digo sin pretensiones terceras. Lo digo con el pecho hecho mierda por el sudor y por el alcohol, “Como uno baila y canta cuando toca SuperAquello”.
Como los lapsos químicos cerebrales impuestos a pura conciencia por este servidor: Tres fueron los azotes. Tres fueron los sets de SuperAquello.
Y juro. Lo digo. Lo alboroto.
Exquisitos por demás, como instalarse a la multitud y chocar bailando y, sudar sudados todos y, sonreír en complicidad mientras te sonríen y, cantar y dejarse cantar en los oídos y al final esa canción. Esa media naranja. Esa canción que te parte como naranja en manos de cualquier sucio aparato destructor y fraguador de jugos. Con el pecho sudao’ y hecho mierda. De vuelta al Dewars con agua de pluma con plomo y desperdicios cloaquenses que a media velocidad puedo bailar salsa de vellonera con las mejores criaturas de la noche. Esa noche. La noche en que mi pecho tocó por horas las paredes de tantos cuerpos.
¿Tú fuiste? Yo se que sí. ¡Exquisito!
