Esta es la segunda entrega de La Generación del Atardecer Presenta:, una nueva forma de pensar/sentir la música, a través de escritos de ficción redactados por Miguel Santos y Daniel Pommers.
-La metodología que neutraliza-
El siguiente documento fue encontrado en el bolsillo de un pantalón junto a una camiseta yuxtapuesta a un par de zapatos debajo de un sobrero desgastado y calzoncillos. Se dice que en las carreteras el diablo se llevo al autor de la siguiente nota:
…Y que me queda en estas carreteras chocarreras, carreteras de viento concreto, paja fluorescente y humo. Remolacha de cemento con material biológico, pasta de material óseo pasmado y moldeado directamente del HQ. Desde el enemigo de las gentes libres del mundo etéreo, que según el presagio de las brujas y lagartijos, es demolido un dios a la vez, un barrio a la vez, un indeseable demonio lumpen a la vez. Así van las cosas en sí. Además de las cricas y los penes que no te desean acariciar, grabarse en ti; o al menos no tienes la capacidad para saborearlos. Conjuro aquí en este último bastión de sanidad, en la esquizofrenia del acto social, en donde decido si amo u odio, si destruyó o construyó, si soy dócil o me suicido activamente en el nombre del Logos, del los Yo de mi preferencia. Todo termina igual me cuentan. -Dale, un poco más de cosa rica cosa buena administrado al organismo.- No titubeo en saborear el vomito que florece de las alcantarillas, del melao melao, del la orina, del valle de las cerezas y ciruelas que nunca fueron y nunca serán, porque estoy en las carreteras cruzadas, mas allá y acá de toda relación pública, el maleficio de todo ser sapiente. Por eso de ser tragado por el apetito mismo, la reclusión de una auto destrucción segura; o el mejor aparato genocida y costo efectivo enajenador que existe. Bienvenido a la modernidad señores y señoras. (y sacr@s monstruit@s)
“And I’m standing at the cross road, believe I’m sinking down”
- Robert Johnson
Y me hundo, me hundo en el arrabal ethernet, de plomo, de electricidad y tuberías, con imperativos categoricos prácticos y eficientes para todo, métodos para satisfacer las necesidades de un cuerpo que no habla, ni se excusa ni pide cuentas de nada. Aquí manufacturo porquerías del buen vivir, pues la bestia nos cocina lentamente, como un sapo guisándose sin prisa en la hoya de un algún benevolente salvador. Primero se ablanda la carne, luego se pica, se adoba y se pone en el horno, come y nos confundimos en las venas etéreas psicoticamente normales, los amigos y amigas de la gran rueda que no puede ser pensada como una rueda. Este eterno reguero al que retorno, de burbujas perdidas en el sol. El diablo ha perdido, pero su pérdida milagrosamente es nuestra pérdida también, hemos optado por la luz cegadora en las montañas del olimpo, allí están los referentes, los ceros referentes de nuestros modus operandi. Y aquí en mis carreteras chocarreras me muero y me hundo en mi anonimato, pactando con cualquier espectro que me mantenga en el juego, me pudro y conjuro los mil quinientos soldados sin cabezas de la flota mirona cibernauta de los hijos saturados en el gran genocidio de cada maldito día en que se vive y se suda y soy vencido y somos vencidos. Todos los días. Agotamiento, violencia y asco. Indudablemente el horror me dio ingestión como a un imposible con muchas rocas, y sin embargo aquel rey pregunta, “How did it come to this?” Pero los reyes, reyes son (y l@s principit@s) y hacen las preguntas menos importantes pero más excitantes con dolor en su voz. Arena movediza, cualquier movimiento engrándese la masa pesada de polvo que conspira, como todo universo, para terminar tu organización micro-atómica. Yo llegue a estos caminos donde la gravedad no se respeta a si misma. Estos caminos del conocimiento me entorpecen cierto, pero me dan más vida y me salvan… o quizá me lanzan a otros lugares. Alabado sea el ciclo de los buenos creyentes, negociando el masivo coloso que se condensa en nuestros poros…


